Año/Cero : 2020-06-23

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LA VISIONARIA QUE ANUNCIÓ EL FIN DEL IMPERIO ESPAÑOL LUCRECIA DE LEÓN LA PROFETA QUE SE ENFRENTÓ A FELIPE II de Estado» y estar a punto de hacer peligrar la todopodero­sa monarquía hispánica bajo el cetro de Felipe II. La protagonis­ta de todo este entramado religioso de ecos políticos fue una mujer llamada Lucrecia de León. Será gracias a las actas recogidas por el Santo Oficio que conocemos parte de su vida y todo lo relacionad­o con las extrañas «visiones» que diría experiment­ar. Lucrecia nació en una familia sin grandes recursos, pero tampoco pobre, en 1567. Sus padres fueron Alonso Franco de León, cristiano viejo de la Villa de Madrid, y doña Ana Ordóñez. Don Alonso era una suerte de «pasante», un letrado que no había pasado por la universida­d pero que aprendió el oficio con un maestro de leyes. El padre de Lucrecia, por su condición, solía tratar con personajes relevantes del Madrid del Siglo de Oro: abogados reales, jueces y personas adscritas a los reales tribunales de justicia, aunque sus principale­s clientes eran banqueros genoveses que ejercían de prestamist­as de la Corona y a cuyo alrededor también pululaban Grandes de España con mucho título y escaso capital: condes, duques, marqueses, de los que eran acreedores. EN EL MADRID DEL SIGLO XVI, UNA JOVEN AFIRMABA EXPERIMENT­AR SUEÑOS PROFÉTICOS. CON EL TIEMPO LLEGÓ A OÍDOS DE PERSONAJES RELEVANTES Y EMPEZÓ A ANUNCIAR GRANDES DESASTRES PARA LA ESPAÑA IMPERIAL. PRONTO SUS VISIONES, Y LA CONGREGACI­ÓN QUE SE FORMÓ A SU ALREDEDOR, SE CONVIRTIER­ON EN UNA AMENAZA PARA LA ESTABILIDA­D DEL GOBIERNO Y FUE DETENIDA POR LA INQUISICIÓ­N. TEXTO: MARCOS DIOSDADO H. F ue uno de los siglos que sentarían las bases de la España moderna. El siglo XVI contó con dos reinados de excepción, el de Carlos V y su hijo Felipe II, que consiguier­on aunar en torno a ellos un poder inconmensu­rable. Sin embargo, fue también un tiempo de grandes contrastes, de demonios, brujos, y miedo a Dios… y al diablo. La superstici­ón y la magia estaban muy arraigadas en la mente de los españoles. En la Península, a las superstici­ones de los pueblos primitivos, romanas y godas, se unieron las de los judíos y los moriscos, además de las milenarias del pueblo gitano. Toda una caterva de prácticas heterodoxa­s lograron fundirse con el dogma católico, generando una religión que podríamos considerar paralela entre el pueblo, que seguía manteniénd­ola viva a pesar de la abierta condena de las autoridade­s eclesiásti­cas. Aquel tiempo de contrastes y sincretism­o religioso era el caldo de cultivo idóneo para que surgieran toda clase de profetas y visionario­s que anunciaban todo tipo de desgracias y cambios planetario­s. La gran mayoría eran charlatane­s que sacaban provecho de la picaresca para ganarse unos escudos. Sin embargo, existieron varios casos injustamen­te olvidados, como el que nos ocupará en las siguientes líneas, que llegaría incluso a convertirs­e en «asunto EL MALIGNO LOS INQUISIDOR­ES ACUSARON A LUCRECIA DE PERMITIR QUE EL DEMONIO ENTRARA EN SUS SUEÑOS PARA DICTARLE EL FUTURO.

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