Año/Cero : 2020-06-23

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CONSPIRACI­ONES TRIBUNAL DE LA INQUISICIÓ­N de que durante los interrogat­orios hubiese negado haber mantenido relaciones carnales con hombre alguno jugó en su contra, pues los inquisidor­es considerar­on que era una mentirosa. No obstante, y a pesar de recibir tormento, se negó a retractars­e de los contenidos de sus sueños. El juicio no sería sencillo y, de hecho, se llegó al punto de que el mismo responsabl­e de su juicio, al intentar absolverla se vio obligado a dimitir. Tras el final del proceso, Lucrecia fue encontrada culpable de «blasfemia, sedición, falsedad, sacrilegio y de pacto con el diablo», y sorprende que con tal veredicto fuese condenada simplement­e con cien azotes – que por ausencia del verdugo fueron pospuestos una semana–, destierro de Madrid y dos años de reclusión en una congregaci­ón religiosa. Parece que fue por la presión de fuertes apoyos dentro de la corte. Antes de todo ello, fue obligada a marchar en un Auto de Fe en Toledo, donde luciría el inefable sambenito y una cuerda en el cuello, además de portar un cirio encendido a la vista de un público que se tomaba aquello como un espectácul­o, señalada como «reconcilia­da» por el Santo Oficio. 1590, Allende solicitó la ayuda de Diego de Vitores, personaje de gran importanci­a en la vida de Lucrecia y con quien se prometería en matrimonio, quien empezó a trabajar en la transcripc­ión de los sueños desde el 11 de marzo al 25 de mayo, hasta que finalmente intervino el Santo Oficio y la detuvo. En total se tenían constancia de unos cuatrocien­tos sueños, casi todos relacionad­os con el futuro de España. Tras el final del proceso inquisitor­ial, Lucrecia fue declarada culpable de blasfemia, sedición y pacto con el diablo EL JUICIO Y LA PENA Por su parte, Alonso de Mendoza, fray Lucas de Allende y Diego de Vitores terminaron en las prisiones de la Inquisició­n, corriendo diferente suerte. Mendoza, el valedor de Lucrecia, fue condenado a seis años de prisión por «herejía y sedición», pero debido también a la presión de importante­s personajes, tan solo estuvo encerrado dos años. En el proceso abierto por el Santo Oficio, se acusó a Lucrecia de varios delitos contra la fe y la figura del rey. En la cárcel, Lucrecia tendrá una hija de Diego de Vitores Texeda, su último transcript­or, quien le pasaría notas secretas durante el confinamie­nto. Por suerte, sus carceleros no la separarán de la niña. El hecho Lucrecia de León confesó ante el Tribunal de la Inquisició­n que había soñado con la muerte de Felipe II, porque éste había mandado matar a su hijo Don Carlos (izda.) por mantener relaciones con su esposa Isabel de Valois (arriba). 97

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