Be­lla Ha­did

Icono de una nue­va ge­ne­ra­ción de mu­je­res triun­fa­do­ras, la su­per­mo­de­lo na­ci­da en Los Án­ge­les ha­ce 21 años nos cuen­ta có­mo con­si­gue una ima­gen im­pe­ca­ble y to­do lo que ha apren­di­do co­mo em­ba­ja­do­ra Dior.

AR - - SUMARIO - Por SO­NIA GUIJARRO

Las cla­ves de su ima­gen im­pe­ca­ble.

Es hi­ja de una pre­sen­ta­do­ra de te­le­vi­sión y un mul­ti­mi­llo­na­rio pa­les­tino, aho­ra divorciados, y la me­dia­na de tres her­ma­nos. Isa­be­lla Khair Ha­did a pun­to es­tu­vo de ser olím­pi­ca en equi­ta­ción cuan­do una en­fer­me­dad dio al tras­te con su ob­je­ti­vo. Sin em­bar­go, aquel con­tra­tiem­po que la apar­tó del mun­do de la hí­pi­ca di­ri­gió sus pa­sos ha­cia la pasarela. Des­de que se col­gó las alas de Vic­to­ria’s Se­cret, su ca­rre­ra co­mo mo­de­lo ha si­do im­pa­ra­ble.

Be­lla, eres ins­pi­ra­ción pa­ra mi­les, mi­llo­nes de mu­je­res en to­do el mun­do. ¿En quién te ins­pi­ras tú?

Mi icono de be­lle­za, sin du­da, es Car­la Bru­ni… ¡me pa­re­ce tan es­pe­cial! Co­mo mu­jer, por to­do lo que sig­ni­fi­ca, ad­mi­ro mu­chí­si­mo a Mi­che­lle Oba­ma.

La em­ba­ja­do­ra del ma­qui­lla­je Dior se­gu­ro que tie­ne al­gu­na anéc­do­ta de sus co­mien­zos. ¿Qué re­cuer­das de tus pri­me­ros co­que­teos con el ma­qui­lla­je?

Pro­ba­ble­men­te, ro­bar­le a mi ma­dre sus cos­mé­ti­cos sin que se die­ra cuen­ta y pro­bar­los a es­con­di­das. Me en­can­ta­ba. Lo que más me gus­ta­ba eran sus acei­tes fa­cia­les y los pro­duc­tos de tra­ta­mien­to. En cuan­to a ma­qui­lla­je, me lla­ma­ba mu­chí­si­mo la aten­ción su eye­li­ner ne­gro. Pe­ro lo te­nía que ha­cer a es­con­di­das por­que no me de­ja­ba ir al co­le­gio ma­qui­lla­da. La pri­me­ra vez que lo hi­ce fue a los 14 años.

Apli­car el de­li­nea­dor de ojos no es fá­cil…

Des­de lue­go que no. Pa­ra mi gus­to, el peor error que pue­de co­me­ter una mu­jer al ma­qui­llar­se es di­bu­jar mal el ra­bi­llo del eye­li­ner: da un as­pec­to es­pan­to­so.

¿El me­jor le­ga­do de be­lle­za de tu ma­dre?

A mi her­ma­na Gi­gi y a mí nos ha en­se­ña­do siem­pre a cui­dar con es­me­ro nues­tra piel, y a en­ten­der que en be­lle­za me­nos es más y que la sen­ci­llez siem­pre triun­fa. Yo me la­vo la ca­ra y me pon­go cre­ma hi­dra­tan­te, nun­ca ol­vi­do un co­rrec­tor ilu­mi­na­dor, la más­ca­ra de pes­ta­ñas y un bri­llo de la­bios con al­go de co­lor.

¿Tie­nes al­gún con­se­jo que dar­nos?

Es im­por­tan­te que una mu­jer, en es­pe­cial las chi­cas jó­ve­nes, en­tien­dan que la se­gu­ri­dad en una mis­ma irra­dia des­de den­tro y se re­fle­ja en tu piel, en tu ex­pre­sión. Es­te año he apren­di­do que la son­ri­sa es el me­jor pro­duc­to de ma­qui­lla­je.

La be­lle­za pa­ra ti es…

Se­gu­ri­dad en una mis­ma, in­te­li­gen­cia y bon­dad.

Un tru­co que aca­bes de des­cu­brir.

Que hay que ex­fo­liar los la­bios an­tes de dar co­lor. El de Dior, Ad­dict Lip

Su­gar, es fan­tás­ti­co. Des­pués, a mí me gus­tan los to­nos nu­de o ro­sa pa­lo. Bueno, y Pe­ter Phi­lips, que es una le­yen­da del ma­ke up, me ha en­se­ña­do la im­por­tan­cia de ‘cons­truir’ el ma­qui­lla­je y di­fu­mi­nar­lo. ¡Di­fu­mi­nad chi­cas, di­fu­mi­nad!

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