CON­VIER­TE TU CA­SA EN UN JAR­DÍN DE SA­LUD

AR - - TENDENCIA -

Lle­na la ca­sa de plan­tas por­que ayu­dan a res­pi­rar, ya que ab­sor­ben dió­xi­do de car­bono y li­be­ran oxí­geno. De no­che al­gu­nas ha­cen lo con­tra­rio, pe­ro no to­das. En tu dor­mi­to­rio pue­des po­ner or­quí­deas o su­cu­len­tas. Ade­más, las plan­tas son pu­ri­fi­ca­do­res na­tu­ra­les. Las me­jo­res, se­gún un es­tu­dio de la NA­SA, son el es­pa­ti­fi­lo, el po­to, la hie­dra co­mún, el cri­san­te­mo, la ger­be­ra, la san­se­vie­ria, la pal­me­ra de sa­lón, la aza­lea, la drá­ce­na de bor­de ro­jo y la cin­ta.

Aro­ma­ti­za con acei­tes esen­cia­les pa­ra re­crear un am­bien­te fo­res­tal. ¿El me­jor? El de hi­no­ki, el de ma­de­ra de ce­dro, pino, eu­ca­lip­to... Los olo­res a bos­que, en re­su­men. To­dos los de co­ní­fe­ras te re­cor­da­rán la paz y tran­qui­li­dad de la na­tu­ra­le­za.

Haz tu pro­pio di­fu­sor pa­ra que el olor sea cons­tan­te aun­que no es­tés en ca­sa. So­lo ne­ce­si­tas un fras­qui­to con una aber­tu­ra es­tre­cha, va­ri­tas di­fu­so­ras o pa­li­tos de bam­bú que mi­dan el do­ble que el re­ci­pien­te. Ellas se­rán las que ab­sor­ban la esen­cia. Mez­cla un acei­te de ba­se, co­mo el de al­men­dra dul­ce, con uno esen­cial, co­mo el de ma­de­ra de ce­dro. La pro­por­ción, 70 % y 30 %, res­pec­ti­va­men­te.

Usa ve­las ja­po­ne­sas, de ven­ta en tien­das eco, por­que su ce­ra es de ár­bol y no de pe­tró­leo, y la me­cha se ha­ce con jun­co en lu­gar de hi­lo. Pon bol­sas de as­ti­llas de ma­de­ra de ce­dro en los ca­jo­nes de los ar­ma­rios. Ade­más del buen olor, pro­te­gen la ro­pa de po­li­llas e in­sec­tos.

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