Mar­ga­ri­ta Var­gas

“Me gus­tan las pe­que­ñas co­sas: sa­lir con mis ami­gas, to­mar un ca­fé... La sen­ci­llez es lo más va­lio­so”

AR - - SUMARIO - Por SANDRA MUÑOZ Fo­tos VÍC­TOR CUCART

La so­cia­li­té di­se­ña una cha­que­ta con fi­nes so­li­da­rios.

Es una de las so­cia­li­tés más dis­cre­tas. La edu­ca­ción de sus tres hi­jos y los pro­yec­tos so­li­da­rios en los que co­la­bo­ra ocu­pan to­do su tiem­po. Aho­ra, la ve­ne­zo­la­na ha di­se­ña­do una cha­que­ta con fi­nes be­né­fi­cos pa­ra la Fun­da­ción Que­rer.

Cuan­do Mar­ga­ri­ta Var­gas dio el sí quie­ro a Luis Al­fon­so de Bor­bón en 2004 en una idí­li­ca bo­da ce­le­bra­da en Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na, no so­lo se es­ta­ba ca­san­do con su gran amor, sino que es­ta­ba en­tron­can­do con una de las fa­mi­lias más co­no­ci­das de nues­tro país. Él, du­que de An­jou, con­si­de­ra­do el he­re­de­ro al trono por la ra­ma le­gi­ti­mis­ta de los mo­nár­qui­cos fran­ce­ses, per­te­ne­ce a la fa­mi­lia Bor­bón por vía pa­ter­na y a la fa­mi­lia Fran­co por vía ma­ter­na. Des­de aquel día, Mar­ga­ri­ta siem­pre ha des­per­ta­do el in­te­rés de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, pe­ro ella es po­co da­da a con­ce­der en­tre­vis­tas. De­trás de su mi­ra­da tí­mi­da y su am­plia son­ri­sa se es­con­de una mu­jer que ga­na en las dis­tan­cias cor­tas y de­rro­cha na­tu­ra­li­dad, en­tu­sias­ta y fa­mi­liar, que vi­ve vol­ca­da en la edu­ca­ción de sus hi­jos (Eu­ge­nia, de 11 años, y los me­lli­zos Luis y Al­fon­so, de 8) y en las cau­sas so­li­da­rias con las que co­la­bo­ra. Aho­ra su tiem­po es pa­ra la Fun­da­ción Que­rer, crea­da por la pe­rio­dis­ta Pi­lar Gar­cía de la Gran­ja pa­ra apo­yar a ni­ños que, co­mo su hi­jo Pe­pe, pa­de­cen una en­fer­me­dad neu­ro­ló­gi­ca ra­ra que cau­sa tras­tor­nos del len­gua­je. El úl­ti­mo pro­yec­to de Mar­ga­ri­ta con ellos ha si­do el di­se­ño de una bla­zer cu­ya re­cau­da­ción se des­ti­na­rá a la fun­da­ción.

¿Có­mo na­ció la idea?

Co­la­bo­ro con ellos des­de el prin­ci­pio. Un día me lla­ma­ron y me di­je­ron: “¡Va­mos a ha­cer una cha­que­ta!”. Yo les di­je que si no sa­bía pin­tar una lí­nea rec­ta ¿có­mo iba a ha­cer una cha­que­ta? Pe­ro con tal de ayu­dar me lan­zo a to­do. Te­nía cla­ro que que­ría que fue­ra jo­ven, fres­ca y ver­sá­til, que te la pue­das po­ner con un va­que­ro y za­pa­ti­llas por la ma­ña­na y lue­go cam­biar­te y su­bir­te a un ta­cón e ir arre­gla­da. Tam­bién bus­ca­ba que me re­pre­sen­ta­ra. Me en­can­tan las es­tre­llas, quie­nes me co­no­cen lo sa­ben, y lo vi muy cla­ro des­de el prin­ci­pio. Sor­pren­den­te­men­te, la hi­ce muy rá­pi­do. El pro­ce­so de es­co­ger las te­las tam­bién fue ro­da­do y lo más im­por­tan­te es su fin so­li­da­rio.

¿Có­mo sur­gió tu re­la­ción con la Fun­da­ción Que­rer?

Un com­pa­ñe­ro me di­jo que ha­bía una per­so­na que me que­ría lla­mar des­de Nue­va York por­que es­ta­ba crean­do una fun­da­ción y bus­ca­ba a al­guien que le ayu­da­ra. En­ton­ces me lla­mó Pi­lar, me con­tó su his­to­ria per­so­nal y lo que que­ría ha­cer, y se­gún ter­mi­nó de ha­blar le di­je: “¿En qué te pue­do ayu­dar?”. No hu­bo du­da. Te­ne­mos un víncu­lo muy es­pe­cial, la ad­mi­ro mu­chí­si­mo. Ha crea­do el co­le­gio de Ce­lia y Pe­pe, úni­co en Es­pa­ña, pa­ra que los ni­ños re­ci­ban te­ra­pia allí. Han traí­do lo me­jor de lo me­jor, y es­toy muy con­ten­ta de ser una pe­que­ña par­te de to­do es­to.

Tie­nes tres hi­jos y eres maes­tra de edu­ca­ción in­fan­til. Los te­mas re­la­cio­na­dos con la in­fan­cia te to­can de cer­ca. ¿Qué sien­tes al co­no­cer ca­sos co­mo el de Pe­pe?

Me en­can­ta­ba mi tra­ba­jo co­mo pro­fe­so­ra y los ni­ños siem­pre han si­do mi de­bi­li­dad. His­to­rias co­mo es­tas te to­can el co­ra­zón, pe­ro lo me­jor de ellas es el fi­nal fe­liz que tie­nen. Có­mo es Pe­pe hoy, lo que ha lo­gra­do… Esas son las co­sas por las que me­re­ce la pe­na lu­char.

¿Qué re­cuer­dos guar­das de tu eta­pa co­mo maes­tra?

Fue bre­ve, jus­to cuan­do me gra­dué en la uni­ver­si­dad. Aún vi­vía­mos en Venezuela y to­da­vía no ha­bía na­ci­do Eu­ge­nia. Con­ser­vo los me­jo­res re­cuer­dos. Pa­ra mí el tra­ba­jo más gra­ti­fi­can­te es es­tar en un au­la. Me apa­sio­nan los ni­ños y me en­can­ta­ría vol­ver, aun­que sé que es com­pli­ca­do.

¿Y pro­bar suer­te en el mun­do del di­se­ño?

No sé. La ver­dad es que cuan­do me en­car­ga­ron la cha­que­ta pa­sé del pá­ni­co a la fe­li­ci­dad. Es­ta­ba preo­cu­pa­da por­que to­do sa­lie­ra bien, pe­ro no me pon­go lí­mi­tes. Dios di­rá…

¿Te gus­ta la mo­da?

Sí, me lla­ma la aten­ción, pe­ro no soy una fas­hion vic­tim. Soy un po­co co­mo es­ta cha­que­ta: me gus­ta ir in­for­mal pe­ro arre­gla­da, por­que lo mis­mo ten­go que lle­var a los ni­ños al co­le que asis­tir a una reunión. Soy muy de pren­das bá­si­cas, de va­que­ros, za­pa­ti­llas, al­gún ta­cón, y lue­go siem­pre ten­go al­go que me vis­te un po­co más: qui­zás un bol­so, una cha­que­ta, que me sir­ve pa­ra afron­tar el día sin pa­sar por ca­sa y po­der ir a va­rios lu­ga­res. Es un es­ti­lo fres­co, na­tu­ral, ver­sá­til y muy to­do­te­rreno. Cuan­do eres ma­dre no que­da más re­me­dio.

Tus hi­jos ocu­pan prác­ti­ca­men­te to­do tu tiem­po. ¿Có­mo vi­ves la ma­ter­ni­dad?

La vi­vo fe­liz. Es­ta­mos en una eta­pa fe­no­me­nal. Es­tán muy ma­yo­res, pe­ro muy gra­cio­sos. Y me doy cuen­ta de que cuan­to más cre­cen, más te ne­ce­si­tan. Al prin­ci­pio crees que el be­bé no pue­de es­tar sin ti, pe­ro co­me, duer­me, y se pue­de que­dar al cui­da­do de al­guien. Con­for­me cre­cen te quie­ren ver más cuan­do lle­gan del co­le, tie­nen co­sas que con­tar­te, pre­gun­tas.

¿De qué ma­ne­ra te cam­bió la vi­da la ma­ter­ni­dad?

Pa­ra mí fue muy fá­cil. Tu­ve a Eu­ge­nia jo­ven, con 22 años, pe­ro es­ta­ba desean­do te­ner­la. No su­pu­so un gran cam­bio en el sen­ti­do de de­jar de pen­sar en mí y vol­car­me en otra per­so­na, no soy ego­cén­tri­ca. Fue un re­ga­lo: era el cen­tro de mi vi­da y es­ta­ba en­can­ta­da. No lo con­ce­bía de otra ma­ne­ra.

¿Qué va­lo­res in­ten­tas trans­mi­tir a tus hi­jos?

Des­de pe­que­ños les es­toy in­cul­can­do que tie­nen que ser ho­nes­tos, sa­ber com­par­tir, ayu­dar al pró­ji­mo, ser bue­nos de co­ra­zón… Son co­sas que tie­nes que vi­vir en ca­sa. Las pa­la­bras se van: ne­ce­si­tas ver el ejem­plo e imi­tar­lo. Es­ta ma­ña­na me pre­gun­ta­ban dón­de iba, pa­ra qué era la cha­que­ta. Es­tán al tan­to de lo que ha­go y lo que sig­ni­fi­ca. Les he lle­va­do a va­rios pro­yec­tos pa­ra que lo vi­van.

Es­tán con­cien­cia­dos de que son pri­vi­le­gia­dos y que tie­nen de to­do.

¿Es cier­to que ellos tam­bién co­la­bo­ran con cau­sas so­li­da­rias?

Sí, les gus­ta. En los cum­plea­ños so­lo re­ci­ben el re­ga­lo que les ha­ce­mos los pa­dres. A los ami­gos les de­ci­mos que los re­ga­los son pa­ra una fun­da­ción y ca­da año eli­gen a quién ayu­dar. Es una bue­na ma­ne­ra de que lo vi­van.

Has vuel­to a las com­pe­ti­cio­nes hí­pi­cas, tu gran pa­sión.

Sí, es par­te de mí. He mon­ta­do to­da mi vi­da y me ha­ce muy fe­liz. Los ni­ños tam­bién es­tán en­gan­cha­dos a mon­tar. Ha­ce­mos un plan fa­mi­liar y se pe­lean por ver quién ga­na. Son muy com­pe­ti­ti­vos los tres. Lo pa­sa­mos real­men­te bien.

¿Qué otras afi­cio­nes tie­nes?

Me que­da po­co tiem­po li­bre, pe­ro me gus­tan las pe­que­ñas co­sas de la vi­da: sa­lir con ami­gas, to­mar un ca­fé, es­cu­char mú­si­ca, ir al ci­ne... La sen­ci­llez es lo más va­lio­so.

¿Pa­sar tiem­po en fa­mi­lia es tu me­jor plan?

Sin du­da. Siem­pre es­toy desean­do que lle­gue el fin de se­ma­na. Va­mos a com­pe­ti­cio­nes, par­ti­dos de fút­bol o de vó­ley, co­me­mos jun­tos, salimos a mon­tar en bi­ci...

¿Có­mo es un día en tu vi­da?

Co­mo el de una fa­mi­lia cual­quie­ra. Siem­pre di­go que soy muy nor­mal: me le­van­to, lle­vo a los ni­ños al co­le, ha­go de­por­te, voy al tra­ba­jo... No hay nin­gún mis­te­rio.

Eres un per­so­na­je pú­bli­co y fo­co de aten­ción de los me­dios. ¿Có­mo vi­ves esa si­tua­ción?

Soy muy tí­mi­da y pa­ra mí fue un cam­bio de vi­da im­por­tan­te. Pa­sé de sen­tir­me nor­mal a ge­ne­rar cier­ta ex­pec­ta­ción. Por eso he bus­ca­do el la­do po­si­ti­vo y siem­pre que pue­do me in­vo­lu­cro en cau­sas so­li­da­rias pa­ra ayu­dar. Se tra­ta de usar esa vi­si­bi­li­dad de la me­jor ma­ne­ra. Es un re­ga­lo que me ha da­do la vi­da. An­tes lo ha­cía de ma­ne­ra más dis­cre­ta. Aho­ra tam­bién me to­ca po­ner­me de­lan­te de la cá­ma­ra.

¿Cuá­les son tus sue­ños?

Ten­go mu­chos, pe­ro el más im­por­tan­te es que mis hi­jos crez­can y sean bue­nas per­so­nas. Su edu­ca­ción es mi ma­yor pro­yec­to hoy en día. Y sue­ño con se­guir ayu­dan­do y ver es­te co­le­gio sa­lir ade­lan­te.

Mi sue­ño es que mis hi­jos sean bue­nas per­so­nas. Su

edu­ca­ción es mi ma­yor pro­yec­to hoy en día

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2VI­DA Y AFI­CIO­NES1. Mar­ga­ri­ta po­sa con la ca­mi­se­ta de la Fun­da­ción Que­rer, tam­bién con fi­nes so­li­da­rios. 2. Con sus tres hi­jos en So­to­gran­de, don­de sue­len ir en ve­rano. 3. Mar­ga­ri­ta, con su ma­ri­do, Luis Al­fon­so de Bor­bón, en el es­treno de La Tra­via­ta. 4. Los ca­ba­llos son su gran pa­sión: en la ima­gen, com­pi­tien­do en la Ma­drid Hor­se Week.

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