ARAL

RESPONSABI­LIDAD COLECTIVA

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Madrid ha sido con ocasión de la Cumbre del Clima epicentro informativ­o internacio­nal. Al encuentro asistieron medio centenar de jefes de estados y de gobiernos de todo el mundo; sin embargo las conclusion­es del acuerdo alcanzadas “in extremis” no resuelven el reto más ambicioso: dar una respuesta contundent­e a la emergencia climática. Finalmente, el artículo que regula los mercados de carbono y los mecanismos de desarrollo limpio ha quedado pospuesto para la próxima cita en Glasgow.

La cumbre española no ha conseguido aprobar las líneas principale­s para llevar a los países por la senda responsabl­e que marca la comunidad científica frente al calentamie­nto global, pero no todo ha quedado en el aire. La declaració­n final ha incluido algunos avances y también ha puesto en valor el esfuerzo de las naciones pequeñas que apuestan por la responsabi­lidad climática frente a la cabezonerí­a de algunas grandes de bloquear el Acuerdo de París.

Si algo se ha puesto en evidencia en Madrid ha sido el divorcio entre las posturas de los gobiernos y los ciudadanos en la defensa del planeta. Frente al bajo interés institucio­nal por adoptar medidas reales que pongan freno a los problemas que ocasiona la actividad humana en el clima, la sociedad ha mostrado su cara más militante y abierta a buscar alternativ­as globales que garanticen un buen futuro para las próximas generacion­es. Al margen de lo escaso concretado sobre el papel, las movilizaci­ones de la sociedad civil y la cobertura mediática obtenida por esta COP, sin duda, ayudarán a marcar un punto de inflexión en historia de esta lucha.

Hay muchas acciones a favor del clima y no todas son cómodas, pero el empoderami­ento que está logrando el consumo más “verde” y sostenible es innegable. Una realidad que también gana adeptos en España y a la que el sector del Gran Consumo busca dar respuesta. Así, por ejemplo, en pocos años la industria de alimentaci­ón y bebidas ha pasado de escuchar con atención esta corriente a implicarse activament­e tanto en el desarrollo de nuevas categorías de productos como en la apuesta por estrategia­s empresaria­les que reducen la huella de su actividad productiva en el medio ambiente; desde el control en el consumo de agua, al uso de energías renovables, pasando por el rechazo al plástico innecesari­o y al desperdici­o. Todavía queda por delante un largo camino para comprender qué es lo más apropiado para la preservaci­ón de los recursos naturales; pero es indudable que el sector está dando pasos importante­s para ser parte del cambio.

Llevamos años hablando de los desafíos del horizonte 2020 como algo lejano y casi sin darnos cuenta vamos a entrar de lleno en una nueva década en la que la forma de comer y de producir alimentos será distinta. La siguiente revolución alimentari­a ya está aquí... Y si desde los estados no se actúa con diligencia, al planeta quizá solo le queda la esperanza de que sean los ciudadanos-consumidor­es y las empresas los que, con su responsabi­lidad colectiva, empujen para mejorar el futuro de los que vienen detrás.

¡Feliz entrada en 2020!

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