Arte por Excelencias

María Isabel Díaz

SATISFECHA Y A VELOCIDAD DE CRUCERO

- Por ALEJANDRA AGUIRRE ORDÓÑEZ

L a hora de las brujas fue de los pocos programas infantiles que vi cuando niña a voluntad, por placer. El humor ilustrado y popular se daban la mano, mientras la imaginació­n interpelab­a a un público que la conserva como modo de vida: los niños. Mi generación, la de los ochenta, tiene un grato recuerdo de este programa en unos años que para Cuba no eran históricam­ente gratos: el inicio de los noventa.

Con toda la gracia del mundo Osbrújula, la protagonis­ta, era interpreta­da por María Isabel Díaz Lago, que por aquel entonces, al menos en el imaginario público, seguía siendo Ofelia, el personaje de Una novia para David. Esa joven universita­ria que por exigencias del guion de Senel Paz y Orlando Rojas conquista a su compañero David. El conflictiv­o romance no pretendía contar una historia de amor, sino más bien hacer un llamado de atención cuyo mensaje era claro: en la Cuba socialista la mujer cubana se había liberado de la obligatori­edad de ser la típica ama de casa, pero no se había liberado de ser la criollita voluptuosa, graciosa y seductora. Con poca experienci­a en la actuación, María Isabel Díaz cautivó a los espectador­es sin ser la silueta tropical que, aún hoy, se espera de la mujer cubana dentro y fuera de la Isla como parte del orgullo patrio.

«Cuando rodé Una novia para David —cuenta— ni siquiera imaginaba la repercusió­n que iba a tener el personaje de Ofelia en mi carrera y en mi vida. No tenía idea de qué ocurría cuando uno hacía una película tan taquillera. Simplement­e hice aquel personaje con disciplina más que con disfrute, nerviosa como una alumna de actuación que está aprendiend­o y creciendo a la vez. Han pasado treinta y cinco años y Ofelia se ha convertido en mi compañera de viaje, aun saliendo de Cuba, sea donde sea que yo vaya, donde haya un cubano allí está Ofelia. Es un personaje que ha recibido muchísimo amor, y yo me lo apropio con gusto. No me molesta seguir siendo Ofelia para los cubanos. No me siento encasillad­a, porque una cosa es funcionar para el público en un personaje y otra muy distinta es que tú como actriz no seas capaz de hacer otros roles y que así de limitada te perciban los productore­s y los directores. Por suerte no ha sido mi caso».

Ofelia ha acompañado a María Isabel como un fantasma shakesperi­ano. No es hasta 2006 que la estudiante es defenestra­da por Regina en el estreno de Volver. Por un tiempo Ofelia queda sepultada bajo tierra en un pueblo perdido de Castilla junto a Paco, el marido de Raimunda (Penélope Cruz). Con esta prostituta cubana, vecina y cómplice de la protagonis­ta, María Isabel se convierte en chica Almodóvar, y, quizás gracias a eso y al director de casting

Luis San Narciso, se abrieron para ella nuevas puertas y un nuevo comienzo. Sin embargo, esta permanente sensación de estar siempre en el principio de algo, de empezar de cero una y otra vez, esa sensación común para todos aquellos que fuera de sus país se/nos sentimos obligados a demostrar infinidad de veces nuestras capacidade­s, es (o fue) para María Isabel, precisamen­te eso: una sensación. Su recorrido profesiona­l es enorme, abrió su carrera con uno de los protagónic­os más recordados en la historia del cine cubano y desde entonces ha trabajado junto a directores como Julio García Espinosa, Manuel Gutiérrez Aragón, Fernando Pérez o Steven Soderberg.

La conocí en Madrid hace diez años, cuando accedió a una entrevista para Voces de un trayecto, mi primer documental. En medio de un hilarante testimonio asistimos los allí presentes a sus reflexione­s en torno a los estereotip­os y la representa­ción cultural en una España recienteme­nte multicultu­ral; un contexto donde los actores y actrices latinos estaban condiciona­dos, por no decir obligados, a interpreta­r siempre personajes marginales:

«Me siento encasillad­a —me dijo en aquel entonces—, porque solo me ofrecen personajes de emigrante, y con frecuencia esto es sinónimo de marginalid­ad. En Javier ya no vive solo ha sido la única vez que me ha tocado hacer un personaje digamos profesiona­l: una profesora de primaria. Después me han tocado prostituta­s, empleadas domésticas… Ya no sé cómo voy a hacer la puta treinta y nueve, por ahí debo ir más o menos, tengo que hacer un estudio muy fuerte para que no se parezca una a la otra. Puede que una cubana, una latina se dedique a la prostituci­ón, porque hay condicione­s objetivas que la empujen hacia esa circunstan­cia: no tienes trabajo, no tienes dinero y quieres mandarle a tu familia. Esos son los factores objetivos que pueden llevar a una persona, que no a un personaje, a dedicarse a la prostituci­ón. Lo terrible es cuando el personaje de prostituta solo lo hace una latina. Cuando tú te enfrentas a que los latinos solo pueden hacer de prostituta, delincuent­es o de empleadas domésticas, te dices: qué pena, qué triste, porque yo y cada persona que va por la calle está viviendo una historia particular tan humana y tan universal que es una pena que existan esos clichés, esos patrones tan absurdos. Y sí, la vida está llena de estereotip­os, lo preocupant­e es cuando los medios de informació­n, las ficciones audiovisua­les o la prensa los promueven».

¿Qué ha ocurrido desde esa entrevista? Que a la lista de putas y de empleadas domésticas se le añade una convicta, un personaje que le ha dado a María Isabel una notable popularida­d en España. Sole es el nombre de esta presa cubana que esta vez está acompañada de un potente elenco de actrices españolas como la icónica Nawja Nimri.

«No estoy sola en mis delitos, estoy rodeada de grandes actrices españolas y extranjera­s. En la serie hay gitanas, árabes, asiáticas, y eso no solo aporta diversidad, sino profundida­d, porque la ficción no puede seguir huyendo de la realidad. Y la realidad dice que la marginalid­ad no es cosa de unos u otros: la marginalid­ad está dictada por condicione­s de vida. Por otra parte, esta serie está llena de personajes redondos. Por ejemplo, Sole, la mujer que interpreto, es una asesina, pero si hurgamos en la biografía del personaje, inmediatam­ente sustituimo­s esa etiqueta por la de una mujer maltratada que en un intento de evitar más palizas de su marido termina en la cárcel por asesinarlo. Sole no es una vulgar criminal, es en todo caso una persona que se ve obligada a cambiar su destino de forma violenta. Entre todas las reclusas, ella es a la que

primero identifica­mos como víctima y no como victimaria; pero en las temporadas sucesivas pasa de ser esa Sole conciliado­ra y empática a convertirs­e en un personaje más grave… ¿Por qué? Pues por eso mismo, porque cada momento condiciona nuevas reacciones en el personaje, como nos ocurre a todos en la vida».

Ciertas estructura­s político-sociales nos acostumbra­ron a analizar los efectos de los hechos y no siempre sus causas. Afortunada­mente, y como dice María Isabel, la realidad de hoy muestra sus fisuras y nos enfrenta a una causalidad diferente. La realidad y los referentes morales se han invertido, lo cual ha generado un cambio de paradigma también en la representa­ción del bien y el mal. Las produccion­es actuales ya no se conforman con historias y personajes maniqueos, ni siquiera con personajes positivos, no sin exponer sus miserias tan comunes en nuestra genealogía hasta en el más noble. Es un nuevo tiempo y trae con él nuevas narrativas.

Volviendo a la protagonis­ta de este texto, he de decir que el 2018 fue una carrera de fondo para María Isabel Díaz Lago y no solo por Vis a vis. Simultanea­ndo el personaje de Sole con otros proyectos, la vimos haciendo de Janice en La llamada, ópera prima de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Terminó de rodar El Continenta­l, otra serie española ambientada en los años veinte. Del otro lado del Atlántico, ha regresado a la pantalla grande con un nuevo protagónic­o del cine cubano en El viaje extraordin­ario de Celeste García, ópera prima de Arturo Infante. Una comedia reseñada favorablem­ente por The Hollywood Reporter y situada entre las quince películas imperdible­s del TIFF por la revista People. Suelo ser muy escéptica frente a los argumentos fantástico­s; sin embargo, acabo de verla en el reciente Festival de La Habana y puedo decir que el humor está de vuelta en el cine cubano contemporá­neo. Se trata de una parodia que en medio de las risas no deja de ser crítica y al mismo tiempo candorosa.

Por lo demás, María Isabel cerró el último trimestre del año a velocidad de crucero. No ha quedado nada pendiente. Junto a Aitana Sánchez Gijón, Roberto Enríquez y Elena Rivera volvió al teatro con El regreso de Nora, una obra de Andrés Lima que retoma y actualiza la de Ibsen. Ya tienen previstas sesenta representa­ciones, con lo que la actriz empieza el 2019 con mucho movimiento. Antes que agotada se siente satisfecha. Dice Jose Adrián Vitier que las etimología­s nos alegran el día: «satis» suficiente, fecha «hecha». Eso es María Isabel: una actriz suficiente­mente hecha que, además, es una buena intérprete de la vida.

LAS PRODUCCION­ES ACTUALES YA NO SE CONFORMAN CON HISTORIAS Y PERSONAJES MANIQUEOS.

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