AS (Andalucía)

Pogacar hace equipo

El líder dedica el triunfo al criticado UAE Team, tras batir a Vingegaard y Carapaz, que abren hueco en el podio

- JUAN GUTIÉRREZ

El UAE Team se cansó ayer de cargar con el sambenito de que la mayor debilidad del líder era su equipo. Una etiqueta, por cierto, ganada a pulso en varias etapas. Para quitarse el estigma eligió la presumible etapa reina, un escenario estelar, pantalla gigante. Pogacar puso a sus legionario­s a marcar un fuerte ritmo en los dos primeros puertos, Peyresourd­e y Val Louron, historia de los Pirineos, y en la primera mitad del último, el Portet. Un encadenado progresivo, a un pedaleo infernal, para evitar alegrías de los rivales, que ni metieron peones en los escarceos, ni se movieron de la estela de los Emiratos. El 14 de julio, Día Nacional de Francia, mandaba un esloveno: Tadej Pogacar. Y él dictó las reglas. Esta vez no hubo exhibición, pero sí victoria. “Va por mi equipo”, aclaró el maillot amarillo. Por si había dudas.

Al dorsal uno no le hacía falta una acción de este calibre, con todos sus oponentes a más de cinco minutos, pero si algo se ha demostrado en el presente certamen es que es preferible no provocarle. La mejor defensa es un buen ataque.

Un lema que ya utilizaron otros ases como Eddy Merckx, con aquella gesta de Mourenx de 1969, aquellos 140 kilómetros de escapada por estas mismas carreteras pirenaicas porque sí, no porque lo necesitara, sino porque se llamaba Merckx y podía permitírse­lo. Salvando las diferencia­s, que todavía las hay, y muchas, abismales, Pogacar atacó en la subida final del Portet porque sí, simplement­e porque podía.

A esa ascensión decisiva llegó con Rafal Majka, un escalador que fue podio de la Vuelta a España en 2015, prestando los últimos servicios hasta que faltaban 8,5 kilómetros. Su esfuerzo final fue para cazar a Pello Bilbao, el décimo clasificad­o, que probó suerte por si acaso obtenía el plácet de los gallos, como en su día lo obtuvo Roberto Laiseka en 2001, en esa ocasión en Luz Ardiden, la cima de hoy. Pero Pogacar no tenía el día generoso, así que afiló la máquina y arrancó. A esas alturas, Enric Mas ya llevaba más de tres kilómetros descolgado, escoltado por Superman López, que suavizó su sufrimient­o. Luego se rehízo un poco, hasta el punto de que ha avanzado una plaza, séptimo, aunque el podio se ha esfumado definitiva­mente. El español fue la primera víctima del plan UAE. No iba a ser la única. Pogacar demarró con el único plan de exhibirse, de protagoniz­ar otra gesta como la de los Alpes, de inscribir su nombre en el gran plató de los Pirineos. Se descolgaro­n Rigoberto Urán, Keldermann, Lutsenko, O’Connor, Gaudu, Higuita, Theuns, el propio Bilbao… Pero resistiero­n Richard Carapaz y Jonas Vingegaard, justo los dos ciclistas que más lo habían intentado durante el Tour, los únicos que osaron retar al esloveno, aunque la lucha haya sido tan desproporc­ionada. Con ese ataque, el maillot amarillo lo que hizo realmente fue selecciona­r el podio de París, la fotografía de los Campos Elíseos. Pogacar ganó la etapa, porque sí, porque puede permitírse­lo, pero esta vez no hubo hazaña. Tadej es el mejor, pero las reservas se equilibran. Llegó con el ecuatorian­o y el danés, los dos más fuertes entre los humanos del pelotón.

Españoles Bilbao atacó en la última ascensión y Mas saltó a la séptima plaza

El Tourmalet. El guion podría haber cambiado, quizá, si Carapaz no hubiera lanzado un último ataque que arrastró a Pogacar, más destinado a doblegar a Vingegaard en su lucha particular por el podio, sólo un segundo separaba en ese momento a ambos, que a hacer daño al intocable maillot amarillo. El esloveno se pegó al sudamerica­no y luego le remachó en la meta, con el danés ya implicado otra vez en el trío. Carapaz se quedó sin victoria en Saint Lary Soulan y sin segunda posición general, pero ya está instalado firmemente en el podio. Hoy, con el Tourmalet y Luz Ardiden, tendrá que consolidar­lo. Hasta ahora sabíamos quién era el mejor del Tour. Indiscutib­le Tadej. Pero ayer confirmamo­s a los dos siguientes. Primero está Pogacar. Después, Vingegaard y Carapaz. Y por detrás, el resto.

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Tadej Pogacar se tira al suelo tras cruzar la meta de Saint Lary Soulan para tomarse un respiro después de vaciarse en la última subida al Portet.

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