Pi­dien­do per­dón

Ga­nó un Ma­drid aco­bar­da­do con un gol de Ce­ba­llos en el 88’ Is­co no ju­gó un mi­nu­to: Cris­to y Brahim es­tán de­lan­te Se le­sio­nó Ben­ze­ma Otro lío de VAR

AS (Valladolid) - - BETIS-REAL MADRID - LUIS NIE­TO

Es la ho­ra de las ex­pli­ca­cio­nes, pe­ro no las es­pe­ren. Is­co es un fut­bo­lis­ta apar­ta­do sin con­fe­sión pú­bli­ca ni ex­pe­dien­te in­con­clu­so. Sin él, el Ma­drid acabó co­mo un equi­po del úl­ti­mo ter­cio de la ta­bla en el Vi­lla­ma­rín, pe­ro ga­nó por uno de esos gi­ros del des­tino que lle­van el fútbol al ci­ne. A dos mi­nu­tos del fi­nal, Ce­ba­llos, re­ci­bi­do con una bron­ca de épo­ca, de­ci­dió el par­ti­do en un lanzamiento de fal­ta. Pidió per­dón por ello y de­bió ha­cer­lo tam­bién por el jue­go de su equi­po.

Por no sa­car a Is­co del ca­la­bo­zo fue ca­paz So­la­ri de sa­car a Vi­ni­cius de la ca­ma con el ter­mó­me­tro en la bo­ca, re­cu­pe­ró una de­fen­sa con tres cen­tra­les, es­tra­te­gia que nos se uti­li­za­ba en el Ma­drid des­de el se­gun­do año de Zi­da­ne, e hi­zo ti­tu­la­res a Val­ver­de y Na­cho, dos de los po­cos que ha­bían ju­ga­do con él me­nos que el ma­la­gue­ño. Le quie­re de fa­ro­li­llo ro­jo y en ello po­ne to­do su em­pe­ño. Tam­bién em­pe­za­ron en el ban­qui­llo Mar­ce­lo (tam­po­co sa­lió) y Ce­ba­llos, pe­se a las sie­te ba­jas, su­plen­cias tam­bién ad­mo­ni­to­rias. De pur­ga en pur­ga pre­ten­de me­ter al equi­po en el pur­ga­to­rio.

El par­ti­do co­men­zó con un em­pa­cho tác­ti­co y unas cuan­tas ano­ma­lías: el Be­tis con de­fen­sa de cua­tro, Fran­cis y Joaquín en la iz­quier­da, Ca­na­les en la de­re­cha, Vi­ni­cius de me­dia­pun­ta... Un al­bo­ro­to geo­mé­tri­co que de­jó po­co an­te las por­te­rías. El Be­tis se cree con el mis­mo de­re­cho so­bre la pe­lo­ta que los gran­des y pro­po­ne un jue­go de éti­ca y es­té­ti­ca. Pe­ro ese mag­ní­fi­co prin­ci­pio exi­ge mag­ní­fi­cos de­lan­te­ros y no apa­re­cen. Así que des­pués de ex­hi­bir esos fi­nos mo­da­les en el ma­ne­jo sin lle­gar a Key­lor se en­con­tró con la adversidad de un gol ma­dru­ga­dor del Ma­drid. Un gol con po­co que contar: ti­ró Carvajal, re­cha­zó Bar­tra y me­tió un gran iz­quier­da­zo Mo­dric des­de fue­ra del área. El cam­bio de di­bu­jo le da un em­pu­jón al croa­ta. Con una mu­che­dum­bre a su es­pal­da sien­te me­nos vér­ti­go a lle­gar al área con­tra­ria.

Esa so­bre­pro­tec­ción de los tres cen­tra­les, en reali­dad, no le su­pu­so al Ma­drid de sa­li­da mal­vi­vir sin la pe­lo­ta, sino pro­te­ger­se me­jor, cor­tar­le las alas al Be­tis y so­la­zar­se con las con­tras. Pa­ra ese plan en­ca­ja­ron bien co­mo pa­re­ja Ben­ze­ma y Vi­ni­cius. El fran­cés hi­zo to­dos los pla­nes con su jue­go de al­ta pre­ci­sión y Vi­ni­cius le pres­tó la ve­lo­ci­dad, esa vir­tud que hay que comprar por­que no se en­tre­na. An­tes del des­can­so Pau le qui­tó un gol a Vi­ni­cius y Val­ver­de se de­jó ir otro por in­de­ci­sión en el mano a mano. Pe­ca­dos de ju­ven­tud del uno y del otro. Só­lo la rec­ta fi­nal de­jó bue­nas no­ti­cias pa­ra el Be­tis: dos re­ma­tes de Ca­na­les y la le­sión en un de­do de Ben­ze­ma, que por fal­ta de al­ter­na­ti­vas ha te­ni­do que ju­gar­lo to­do.

Ni por esas en­tró Is­co. So­la­ri pre­fi­rió al fi­lial Cris­to, en una ape­la­ción a la can­te­ra (sie­te ex del Cas­ti­lla en el cam­po) en­tre ter­ca y ro­mán­ti­ca. El par­ti­do que­dó en un pul­so de pa­cien­cias: la del Be­tis por es­pe­rar que apa­re­cie­ra el es­pa­cio; la del Ma­drid, por es­pe­rar el fi­nal sin es­pe­rar la pe­lo­ta. Por fin aso­ma­ron en­ton­ces las oca­sio­nes (ti­ro de Ca­na­les, vo­lea ca­si per­fec­ta de Guar­da­do) de un Be­tis con un 80% de po­se­sión y se es­fu­ma­ron, sin Ben­ze­ma, los con­tra­gol­pes del Ma­drid, re­du­ci­dos a lo que die­ra el que­bran­ta­do físico de Vi­ni­cius. Y así lle­gó el gol de Ca­na­les, anu­la­do por el ár­bi­tro por fue­ra de jue­go, va­li­da­do por el VAR. Nin­gu­na imagen acla­ró el mis­te­rio. El es­tu­dio de As es­ta­ble­ció en 10 cen­tí­me­tros su ile­ga­li­dad. Más le­ña al fue­go. En­ton­ces en­tra­ron Ce­ba­llos y Brahim pa­ra reor­de­nar al Ma­drid en un 4-42, pe­ro el equi­po es­ta­ba ya en las cuer­das. Y ahí si­guió has­ta el fi­nal, en que Ce­ba­llos cumplió la ley del ex. Mor­bo­sa e inexo­ra­ble.

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