AS (Valladolid)

¡Que viva España!

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Memoria histórica. Nuestros hijos lo han visto y se lo contarán en el futuro a nuestros nietos. El mejor partido de la Eurocopa llevó el sello del fútbol español con mayúsculas. Ni en la Play se habrían vivido tantas emociones. Un partido plagado de situacione­s anómalas, jugadas eléctricas, goles de todos los colores, acciones al límite, cantadas increíbles y paradas para la posteridad. Todo. Lo tuvo todo. Si el fútbol tuviese siempre este desarrollo, la gente pagaría cantidades indecentes de dinero para verlo siempre en los estadios. El Parken de Copenhague se quedó pequeño para acoger esta fiesta bañada en las lágrimas ajedrezada­s de los miles de croatas que invadieron la capital de Dinamarca y por esos 2.000 entusiasta­s españoles que formaban la Marea Roja, orgullosa de haber sido testigo de un triunfo que vuelve a ubicarnos en el vagón de la clase business del fútbol europeo y mundial. Jugamos muy bien y eso tiene premio. Hubo errores defensivos infantiles y regalos difíciles de asumir en estos niveles competitiv­os, pero cuando se sabe cuál es tu idea de juego y eres fiel a tu estilo, nada ni nadie podrá contigo. Es la llave del éxito de esta Selección que ha desterrado las dudas y los miedos de las primeras citas con dos manitas incontesta­bles. Los eslovacos y los croatas saben bien de lo que hablo...

El accidente. Por inaudito que fuese, así hay que aceptarlo. Cuando todo iba sobre ruedas y la tropa de Modric no salía de su guarida, una cesión de Pedri desde 53 metros hacia Unai Simón provocó el drama. El vitoriano se confió y la pelota pasó por delante de su bota derecha como si fuese transparen­te. Un gol absurdo que dio alas a los balcánicos y nos dejó en la lona. Pero después nos reseteamos y nos levantamos. Y lo hicimos con orgullo, fútbol de alto voltaje y mucha personalid­ad.

Empezando por el propio Unai, que hizo dos paradas casillesca­s que fueron decisivas para dibujar un final feliz. Un portero que hace dos paradas de ese calibre tiene todos mis respetos. Lo de los pies ya lo arreglará más adelante. Y Pedri, que nunca debió ceder entre palos, también reaccionó con otro partidazo sublime, derrochand­o coraje, corazón y sentido común. El gol de Pablo Sarabia, un canterano deluxe que jamás debió salir de La Fábrica de Valdebebas, nos rescató la fe con el gol que devolvía el equilibrio antes del descanso. Lo mejor estaba por llegar.

Azpi, vaya crack. La reacción se dibujó con la madurez pasional de Busquets (hasta que no pudo más), Koke y Azpilicuet­a. El navarro metió un gol de nueve puro en una jugada que fabricó con su indomable carácter zigurtarra, mezclado con el valor de la gente de Olite, donde nació su madre. Y luego llegó la joya del artista de Foyos (Valencia). Ferran Torres parece sacado del Bolshoi. Qué elegancia de futbolista. Pero Croacia es como los malos de las películas de indios y vaqueros. Nunca los des por muertos. Increíble su reacción final hasta forzar esa prórroga que nos dejó helados y con la cabeza gacha.

Morata-ta-ta-ta. La segunda parada memorable de Unai, al osasunista Budimir, fue el aperitivo del gol del MVP del match: Álvaro Morata. Su control y zurdazo que reventó la portería croata fue una liberación que simbolizó muchas cosas. Morata ha pasado días muy duros para disfrute de sus haters, que en las redes sociales se han solazado con su infortunio ante el gol. Hasta que llegó ese 4-3 que le redimió ante todos los que no valoran el desgaste brutal que hace este chaval en cada partido. Morata es titular por todo lo que aporta al equipo, que va más allá de su producción goleadora. Y ahora, a conquistar San Petersburg­o. ¡Viva España!

 ??  ?? Morata festeja su golazo en la prórroga, que suponía el 4-3.
Morata festeja su golazo en la prórroga, que suponía el 4-3.
 ??  ?? Luis Enrique se abraza a una piña eufórica formada por los jugadores de la Selección tras uno de los cinco goles marcados a Croacia en Copenhague.
Luis Enrique se abraza a una piña eufórica formada por los jugadores de la Selección tras uno de los cinco goles marcados a Croacia en Copenhague.
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