Mer­ce­des AMG G63

Automovil - - SUMARIO - Tex­to: Juan Ig­na­cio Eguia­ra. Fo­tos: Is­rael Gardyn.

El me­jor to­do te­rreno del mun­do con pres­ta­cio­nes de de­por­ti­vo.

PRO­BA­BLE­MEN­TE ES EL MO­DE­LO MÁS ICÓ­NI­CO DE MER­CE­DES Y AHO­RA AL­CAN­ZA CO­TAS DE CUL­TO Y VE­NE­RA­CIÓN AL INTRODUCIRLE EL MO­TOR DE UN SUPERDEPORTIVO CO­MO ES EL V8 BI­TUR­BO CON 585 CV Y UNA SUS­PEN­SIÓN DE­LAN­TE­RA IN­DE­PEN­DIEN­TE QUE TRANS­FOR­MA SU COM­POR­TA­MIEN­TO DE FOR­MA EX­PO­NEN­CIAL.

SÍ, ES UN TO­DO TE­RRENO DE VER­DAD. NO ES UN SUV CO­MO LOS QUE INUN­DAN NUESTRAS CALLES

are­ce men­ti­ra que un co­che coP­mo

el G ha­ya tras­cen­di­do tan­to al tiem­po co­mo a los gus­tos de ge­ne­ra­cio­nes e, in­clu­so, de ran­gos so­cia­les. Por­que es­te G 63 AMG gus­ta a to­do el mun­do. No co­noz­co a na­die que no se ha­ya que­da­do im­pre­sio­na­do con es­te es­pec­ta­cu­lar to­do te­rreno. Por­que sí, es un to­do te­rreno de ver­dad. No es un SUV co­mo los que nos inun­dan nuestras calles úl­ti­ma­men­te. Es un au­tén­ti­co to­do te­rreno que se per­mi­te el lu­jo de ri­va­li­zar con los mo­de­los más em­ble­má­ti­cos y ca­ros del pla­ne­ta. Por­que hay que re­co­no­cer que un G no es es­pe­cial­men­te ba­ra­to. En es­ta ver­sión AMG G63 al­can­za los 173.750 €, pe­ro con el pa­que­te Edition 1 co­mo el de nues­tra prue­ba, que in­clu­ye en­tre mu­chas otras co­sas las es­pec­ta­cu­la­res llan­tas de 22”, el pre­cio ya su­pera los 200.000 €. Así que no es­ta­mos ha­blan­do de nin­gu­na bro­ma. Es una op­ción so­lo pa­ra las eco­no­mías más sa­nea­das que pue­den plan­tear­se tam­bién la com­pra de un superdeportivo.

Por­que es­te G 63 AMG pue­de con­si­de­rar­se tam­bién una es­pe­cie de de­por­ti­vo. Su as­pec­to cuadradote que tan­to gus­ta (es igual de an­cho que al­to) pa­re­ce in­com­pa­ti­ble con unas pres­ta­cio­nes de un de­por­ti­vo. Pe­ro no es así, ya que ace­le­ra en 4,5 se­gun­dos en el 0 a 100 km/h. Y lo me­jor de to­do, que lo ha­ce trans­mi­tien­do mu­chas más sen­sa­cio­nes, ya que vas sen­ta­do muy al­to y sien­tes la iner­cia de to­do su pe­so. Por­que es­te G pe­sa más de 2,5 to­ne­la­das ya que man­tie­nen su cha­sis de lar­gue­ros, co­mo buen to­do te­rreno que es. Y es que en Mer­ce­des no se han de­ja­do lle­var por las mo­das y han con­ser­va­do su icono G co­mo re­fe­ren­cia en­tre los to­do te­rre­nos y no se han pa­sa­do a las ca­rro­ce­rías au­to­por­tan­tes pa­ra ha­cer­los más li­ge­ros co­mo po­dría ser un SUV cual­quie­ra. Pa­ra eso ya tie­ne otros mo­de­los en la ga­ma. Mer­ce­des sim­ple­men­te ac­tua­li­za li­ge­ra­men­te el G pe­ro sin per­der ni un ápi­ce de su idio­sin­cra­sia. En es­ta oca­sión el pa­so más gran­de lo ha da­do con el di­se­ño de una nue­va sus­pen­sión en el tren de­lan­te­ro, que lo ha con­ver­ti­do en una in­de­pen­dien­te con pa­ra­le­lo­gra­mo de­for­ma­ble. El tra­se­ro si­gue sien­do un eje rí­gi­do. La ver­dad que es un cam­bio que no afec­ta a la es­té­ti­ca pe­ro, sin em­bar­go, sí me­jo­ra su com­por­ta­mien­to so­bre to­do en el as­fal­to. Los re­co­rri­dos de sus­pen­sión si­guen sien­do es­pec­ta­cu­la­res, con una com­pre­sión y ex­ten­sión de 82/142 mm y una al­tu­ra li­bre al sue­lo de 241 mm. Aun­que he de de­cir que no lo com­pro­bé por­que lle­van­do las llan­tas de 22” y el per­fil ba­jo, no me atre­vía a da­ñar es­ta jo­ya.

Lo que sí hi­ce fue so­me­ter­lo a un du­ro test de de­por­ti­vi­dad en cir­cui­to. El co­che pe­sa mu­cho, pe­ro co­rre tan­to que no lo no­tas has­ta que fre­nas.

En ese mo­men­to te das cuen­ta de la di­men­sión pres­ta­cio­nal del co­che. Afor­tu­na­da­men­te fre­na muy bien, pe­ro no con­vie­ne abu­sar por­que aca­bas fa­ti­gan­do los fre­nos. La ace­le­ra­ción es bru­tal con un re­par­to de par del 60% de­trás (an­tes era al 50%). Y es que el mo­tor de es­te G 63 es nue­vo, ya que mon­tan el V8 bi­tur­bo de 4 li­tros que co­no­ce­mos de mo­de­los co­mo el superdeportivo AMG GT. Tie­ne 585 CV (la mis­ma po­ten­cia del AMG GT R) y su en­tre­ga es ex­plo­si­va. Sin du­da es el to­do te­rreno más rá­pi­do que he con­du­ci­do nun­ca… aun­que me re­fie­ro a ace­le­ra­ción. Por­que su ca­rro­ce­ría cua­dra­da y su ma­la ae­ro­di­ná­mi­ca, no per­mi­ten mu­cha ve­lo­ci­dad pun­ta: so­lo 220 km/h.

Otro as­pec­to a con­si­de­rar con el nue­vo mo­tor, más mo­derno que el V8 de 5,5 li­tros an­te­rior, es que lle­va des­co­ne­xión de ci­lin­dros y eso le per­mi­te con­su­mir me­nos. En mo­dos de ba­ja car­ga, en­tre 1.000 y 3.250 rpm, los ac­tua­do­res de las le­vas de los ci­lin­dros 2, 3, 5 y 8 se des­pla­zan pa­ra evi­tar abrir­las. Es­to per­mi­te que el con­su­mo me­dio sea

de 13,1 l/100 km, aun­que la reali­dad es que en una vi­da nor­mal, el con­su­mo me­dio que yo he lo­gra­do era de unos 17 l/100 km. Pue­de pa­re­cer mu­cho, pe­ro es que las ci­fras de es­te mo­de­lo son siem­pre des­co­mu­na­les. Pe­ro so­bre to­do me que­do con la sen­sa­ción de po­de­río que ex­pe­ri­men­tas cuan­do aprie­tas el gas a fon­do. Es una sen­sa­ción in­des­crip­ti­ble. El so­ni­do abru­ma y los es­ca­pes la­te­ra­les son co­mo trom­pe­tas de­lei­tán­do­nos con una sin­fo­nía.

Pa­ra ter­mi­nar con su vi­da a bor­do hay que apun­tar que el ma­yor ta­ma­ño de la ca­rro­ce­ría se no­ta mu­cho den­tro, ya que aho­ra es mu­cho más am­plia que su an­te­ce­sor. La ins­tru­men­ta­ción es analó­gi­ca de se­rie, pe­ro se pue­de mon­tar los pa­na­les di­gi­ta­les que co­no­ce­mos del res­to de mo­de­los de lu­jo de la mar­ca. Los cie­rres de puer­tas son co­mo los de an­tes, de bo­tón, que obli­gan a ce­rrar con fuer­za y el so­ni­do es muy per­cep­ti­ble. El di­se­ño ca­si no cam­bia, pe­ro los ma­te­ria­les aho­ra son al­go más li­ge­ros con di­fe­ren­tes ti­pos de ace­ro y alu­mi­nio en guar­da­ba­rros, ca­pó y puer­tas. La ri­gi­dez a au­men­ta­do un 55% y tam­bién el con­fort de mar­cha, con me­nos vi­bra­cio­nes en el in­te­rior.

LAS LLAN­TAS SON DE 22 PUL­GA­DAS DE DIÁ­ME­TRO, PA­RA NO DESENTONAR CON LAS DI­MEN­SIO­NES DEL CO­CHE. EL PER­FIL BA­JO PER­MI­TE UN BUEN COM­POR­TA­MIEN­TO EN CA­RRE­TE­RA.

EL MO­TOR ES TAM­BIÉN UNA NO­VE­DAD Y ES EL MIS­MO QUE PO­DE­MOS EN­CON­TRAR EN VA­RIOS SUPERDEPORTIVOS DE LA MAR­CA.

LOS TU­BOS DE ES­CA­PE LA­TE­RA­LES —POR LOS DOS LA­DOS— SON UNA DE SUS SE­ÑAS DE IDEN­TI­DAD Y EMI­TEN UN SO­NI­DO ES­CA­LO­FRIAN­TE.

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