»Pa­so a pa­so…

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A na­die se le es­ca­pa el he­cho de que los pu­ños más fá­ci­les de ins­ta­lar son los de cie­rre de abra­za­de­ra o Lock-on, en los que tan só­lo hay que apre­tar un tor­ni­llo pa­ra fi­jar­los. En cam­bio, bus­can­do una re­ba­ja de pe­so, los pu­ños de es­pu­ma, si­li­co­na o de­ri­va­dos tam­bién tie­nen una gran acep-ta­ción. Es­tos pu­ños son más com­pli­ca­dos de po­ner o qui­tar, pe­ro hay al­gu­nos tru­cos que de­bes co­no­cer pa­ra fa­ci­li­tar el pro­ce-so.

[1] No to­dos los pu­ños son igua­les, hay pe­que­ñas va­ria­cio­nes que a ve­ces pue­den su­po­ner gran­des cam­bios. Si es­tás sa­tis­fe­cho con la me­di­da de los tu­yos, mí­de­los pa­ra bus­car otros del mis­mo lar­go. [2] Des­mon­ta el pu­ño, en es­te ca­so sim­ple­men­te aflo­jan­do el tor­ni­llo de la abra­za­de­ra Lock-on. [3] ¿Tie­nes mo­les­tias en las ma­nos? Pue­de ser mo­men­to de ac­tua­li­zar a un nue­vo diá­me­tro de pu­ño. Tan­to si son muy grue­sos co­mo si son muy finos, pue­den dar­te pro­ble­mas en fun­ción del ta­ma­ño de tus ma­nos. El diá­me­tro es­tán­dar se si­túa en torno a 32 mm. Unos más finos te pro­por­cio­na­rán más aga­rre, pe­ro me­nos comodidad, y más grue­sos a la in­ver­sa. [4] Ya has ele­gi­do el pu­ño. Aho­ra mí­de­lo. ¿Por qué? Por­que cuan­do al in­tro­du­cir­lo en el ma­ni­llar, lo ha­ce con tan­ta fric­ción que pue­de que­dar com­pri­mi­do o es­ti­ra­do. [5] Ro­cía el ma­ni­llar y el in­te­rior del pu­ño con al­cohol. Tam­bién sir­ve lim­pia­cris­ta­les. Es­tos quí­mi­cos son es­pe­cial­men­te idea­les por­que des­li­zan bien y se eva­po­ran rá­pi­do, sin de­jar re­si­duos. [6] Rá­pi­da­men­te, me­te el pu­ño. Rea­li­za gi­ros a un la­do y otro mien­tras em­pu­jas an­tes de que se se­que el al­cohol. [7] Una vez co­lo­ca­do en su si­tio, com­prue­ba que su lon­gi­tud re­sul­tan­te es la mis­ma que cuan­do es­ta­ba en re­po­so. Si no coin­ci­de, re­co­ló­ca­lo pa­ra que no se mue­va pos­te­rior­men­te. [8] Em­pun­ta el ta­pón pa­ra guiar­lo rec­to, y ayú­da­le a entrar con unos gol­pe­ci­tos de mar­ti­llos de fi­bra o go­ma. [9] Un buen tru­co, aun­que un po­co agre­si­vo, pa­ra sa­car un pu­ño de es­te ti­po es in­yec­tar en su in­te­rior al­cohol. El pe­que­ño agu­je­ro ape­nas de­ja­rá se­cue­las y se­rá muy sen­ci­lla su ex­trac­ción, pues acos­tum­bran a que­dar­se muy pe­ga­dos al ma­ni­llar. [10] El tru­co de los pro­fe­sio­na­les en los ta­lle­res pa­ra sa­car los pu­ños es in­su­flar ai­re a pre­sión. Con un com­pre­sor sal­drán “vo­lan­do”. [11] La ma­ni­pu­la­ción de los pu­ños sue­le en­su­ciar­los. El lim­pia­cris­ta­les vuel­ve a ser nues­tro me­jor alia­do, de­vol­vién­do­les el lus­tre que te­nían al sa­lir de la tien­da. [12] Si has op­ta­do por unos pu­ños con abra­za­de­ra, pres­ta aten­ción a su co­rrec­ta co­lo­ca­ción. Por nor­ma el lo­go del fa­bri­can­te se sue­le co­lo­car en la par­te su­pe­rior del ma­ni­llar, con el tor­ni­llo ha­cia la par­te tra­se­ra de la bi­ci. Es­tos en con­cre­to tie­nen una fle­cha que in­di­ca el sen­ti­do. La co­lo­ca­ción es im­por­tan­te en ca­so de te­ner áreas de di­fe­ren­te den­si­dad o aga­rre.

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