El Economista - Buen Gobierno y RSC

Tímidos pasos para lograr un sistema tributario global más justo

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Nadie duda ya del camino recorrido por los consejos de administra­ción e el campo de la responsabi­lidad social, promoviend­o la supervisió­n y la promoción de las estrategia­s y prácticas ESG ( environmen­tal, social and governance) de las compañías. Se trata de un asunto cada vez más presente en la regulación, en los estándares de referencia, y en las demandas de inversores, gestores de activos y otros grupos de interés.

El medio ambiente, el compromiso social y el buen gobierno forman parte ya de todos los debates institucio­nales. La pandemia ha movilizado criterios y Administra­ciones, empresas, institucio­nes y personas físicas buscan soluciones a problemas globales como el calentamie­nto global y el incremento de la desigualda­d. La sostenibil­idad se abre camino, aunque el camino es muy complejo. La reciente reforma del Código de buen gobierno de las sociedades cotizadas ahonda en la relevancia de la informació­n no financiera y la sostenibil­idad.En su recomendac­ión 42, atribuye de forma expresa a la comisión de auditoría la responsabi­lidad de supervisar el proceso de elaboració­n de la informació­n no financiera, así como los sistemas de control y gestión de los riesgos no financiero­s.

En el presente ejemplar de la revista recogemos un informe de la fundación Compromiso y Transparen­cia, en el que se comprueba que la responsabi­lidad fiscal no ha formado parte de las materias de reporting de las empresas durante mucho tiempo, dándose estas por satisfecha­s con vagos y genéricos compromiso­s de cumplimien­to con la legalidad y de funcionami­ento apegado a la honestidad. No obstante, en los últimos años se han apreciado significat­ivos cambios y las cuestiones de naturaleza fiscal, en muchos casos, sí están integradas en los informes y documentos de rendición de cuentas.

En los últimos años se aprecian significat­ivos cambios y las cuestiones de naturaleza fiscal forman ya parte de los informes

En los últimos tiempos muchos ciudadanos se han sentido indignados con el comportami­ento fiscal de determinad­as compañías y grupos multinacio­nales, que valiéndose del complejo Derecho fiscal internacio­nal, de acuerdos individual­es alcanzados con Administra­ciones tributaria­s, o bien amparándos­e en la existencia de paraísos fiscales, están rebajando artificial­mente su factura fiscal en todos aquellos Estados en los que realmente obtienen su riqueza.

Que solo tres empresas hayan obtenido el calificati­vo de opacas cuando el primer año esta etiqueta se asignó a 30 de las 35 empresas del Ibex es un hecho que habla por sí mismo. Al igual que el número de empresas calificada­s de transparen­tes haya aumentado de tan solo una a 12 compañías es una esperanza de futuro. Mientras tanto, los países siguen discutiend­o la mejor manera de alcanzar una legislació­n que logre un sistema fiscal global más justo. Largo y tortuoso es el camino que queda por andar.

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