Un fon­dis­ta ex­cep­cio­nal

Ciclismo a Fondo - - USUARIO - Tex­to Juan­ma Mar­tín

No ha­ce ni dos años que Jo­sé Bru­fal, co­mer­cial ili­ci­tano de 48 años, se en­gan­chó a la bi­ci­cle­ta. "Mi pa­dre es un gran afi­cio­na­do, pe­ro nun­ca ha­bía sa­li­do con él. La ca­rre­te­ra me da­ba un po­co de re­pe­lús y lo que me gus­ta­ba era la ca­rre­ra a pie en mon­ta­ña. Ahí me di cuen­ta de que te­nía fon­do por­que en al­gu­na se­sión lle­gué a su­pe­rar los 50 ki­ló­me­tros y con bas­tan­tes me­tros de des­ni­vel. El ca­so es que per­dí el pul­gar del pie de­re­cho en un ac­ci­den­te y eso me ge­ne­ró una le­sión de ro­di­lla cuan­do co­rría. Un día pro­bé con la bi­ci­cle­ta y con­for­me ro­da­ba la do­len­cia iba des­apa­re­cien­do, así que me pa­sé de­fi­ni­ti­va­men­te a la bi­ci". En ape­nas quin­ce días des­de su pri­me­ra sa­li­da ya es­ta­ba apun­ta­do al Club Ci­clis­ta Las Chi­me­neas y dis­fru­tan­do de ex­cur­sio­nes co­mo la de las Cue­vas de Ca­ne­lo­bre. Más ade­lan­te cam­bió de club y aho­ra sa­le con gen­te de más ni­vel, pe­ro lo que real­men­te le apa­sio­na es mar­car­se re­tos per­so­na­les de fon­do. "Eso em­pe­zó tras po­ner­me en con­tac­to con Car­los Mar­tí­nez, mi en­tre­na­dor, y des­pués de ha­cer el cam­pus de Che­ma Ar­gue­das, que fue el tram­po­lín. Me di­se­ñó un plan de en­tre­na­mien­to pa­ra co­ger más fon­do y pre­pa­rar la Quebrantah­uesos. Un día hi­ce por mi cuen­ta 400 km, des­de Re­que­na has­ta El­che. La QH fue una ex­pe­rien­cia pre­cio­sa. Lle­gué a Sá­bi­ñá­ni­go en bi­ci des­de El­che, en tres eta­pas; el vier­nes des­can­sé y el sá­ba­do hi­ce la mar­cha muy tran­qui­lo -aun así ba­jó de las sie­te ho­ras- por­que el ob­je­ti­vo real era re­gre­sar el día si­guien­te a El­che sin pa­rar". Sa­lió a las 8 de la ma­ña­na de Sar­vi­sé, don­de es­ta­ba alo­ja­do a 35 km de Sa­bi­ñá­ni­go, y lle­gó a El­che el lu­nes a las dos de la tar­de, 655 ki­ló­me­tros en 30 ho­ras. Su­pe­ra­do el ob­je­ti­vo, el si­guien­te desafío que se pro­pu­so fue ro­dar 1.000 ki­ló­me­tros se­gui­dos. "Sin apo­yo ni na­da. El pri­mer in­ten­to, en un día de mu­cho ca­lor y en un cir­cui­to con bas­tan­te des­ni­vel, me tu­ve que re­ti­rar. Lo con­se­guí a la se­gun­da, ha­ce aho­ra un mes, en otro tra­za­do más llano, ro­dan­do a 30 km/h du­ran­te ca­si cua­ren­ta ho­ras". Es­ta es la ver­da­de­ra pa­sión de Jo­sé Bru­fal, re­tar­se a sí mis­mo en lar­gas ca­bal­ga­das a lo­mos de su bi­ci. "No só­lo no me abu­rro, sino que sien­to una sen­sa­ción de li­ber­tad y de si­len­cio só­lo com­pa­ra­ble con la del mar cuan­do es­tás na­ve­gan­do a ve­la. Hay tan­tas co­sas que in­flu­yen... y lo bo­ni­to en sí es po­ner­lo en prác­ti­ca. Los lí­mi­tes son men­ta­les; si crees que pue­des ha­cer una co­sa lo vas a con­se­guir". Qui­zá al­gún día se apun­te a las bre­vets y com­ple­te la Pa­rís-Brest-Pa­rís, "se­gu­ro que po­dría ter­mi­nar­la y con un buen tiem­po, pe­ro la com­pe­ti­ti­vi­dad no me lla­ma de­ma­sia­do. Es más bo­ni­to el ries­go del ca­mino y dis­fru­tar de ese ca­mino", con­clu­ye nues­tro pro­ta­go­nis­ta, apa­sio­na­do tam­bién de la nu­tri­ción y que con­fie­sa há­bi­tos po­co co­mu­nes co­mo pres­cin­dir ca­si por com­ple­to de con­su­mir pro­teí­nas ani­ma­les, y be­ber y usar pa­ra co­ci­nar agua de mar iso­tó­ni­ca re­ba­ja­da al 9%.

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