La QH más épi­ca

Ciclismo a Fondo - - USUARIO - Tex­to

Mi nom­bre es Fran­cis­co Pe­rea y ten­go 55 años. Qui­sie­ra com­par­tir con vo­so­tros mi ex­pe­rien­cia en la Que­bran­tahue­sos 2016. Sin pe­car de arro­gan­te, soy un vi­vo ejem­plo de que 'si se quie­re, se pue­de'. Lle­vo más de 30 años mon­tan­do en bi­ci, ac­ti­vi­dad que me man­tie­ne en pie. ¿Por qué? Ten­go mu­chas de­fi­cien­cias fí­si­cas que me im­pe­di­rían prac­ti­car ca­si la to­ta­li­dad de los de­por­tes: 5 pin­za­mien­tos en las cer­vi­ca­les y her­nia en la L5, neu­ral­gia cu­bi­tal en am­bos bra­zos, epi­con­di­li­tis en los co­dos, hom­bros ten­di­no­sos y ar­tro­sis de­ge­ne­ra­ti­va en los to­bi­llos co­mo con­se­cuen­cia de mis pies pla­nos se­ve­ros. El do­lor es al­go con lo que de­be­mos con­vi­vir -ten­go el um­bral del do­lor bas­tan­te al­to-. Me apun­té a la QH con el ob­je­ti­vo de me­jo­rar mi tiempo de 2014: 7h54'. En­tre­né fuer­te y con ca­be­za, au­men­tan­do la in­ten­si­dad de for­ma pro­gre­si­va. En fe­bre­ro iba ya co­mo una mo­to y to­do apun­ta­ba a que re­ba­ja­ría mi tiempo has­ta las 7 ho­ras. Entonces, un mal sal­to ju­gan­do con mis nie­tos en el cam­po me pro­du­jo una fi­su­ra en el pe­ro­né. Es­tu­ve de ba­ja has­ta el 11 de ma­yo; te­nía po­co más de un mes pa­ra re­em­pren­der mi pre­pa­ra­ción. To­do el mun­do de­cía que me ol­vi­da­ra, que fue­se a re­co­ger mi mai­llot y a ver el am­bien­te, pe­ro de­ci­dí co­rrer la Que­bran­tahue­sos co­mo fue­ra. Ter­mi­nar­la por mí, pe­ro so­bre to­do por una ami­ga en cu­ya ca­sa me hospe­do cuan­do voy allí que es­tá lu­chan­do con­tra el mal­di­to cán­cer. Al lle­gar a Hues­ca me en­te­ro del mal tiempo que nos es­pe­ra el sá­ba­do. Se da el chu­pi­na­zo y pron­to co­men­za­mos a ro­dar por las ca­lles de Sabiñánigo. ¡Có­mo ani­ma la gen­te! Subimos el Som­port ba­jo una fina llu­via y pa­ro a po­ner­me el chu­bas­que­ro. Veo mu­chos ci­clis­tas con dor­sal que se dan la vuel­ta. Al co­ro­nar­lo la llu­via es más fuer­te y la tem­pe­ra­tu­ra se des­plo­ma a los 2 ºC con sen­sa­ción tér­mi­ca de -3. Ca­da vez más par­ti­ci­pan­tes ti­ran la toa­lla, pe­ro por mi ca­be­za no pa­sa esa po­si­bi­li­dad. El des­cen­so es un au­tén­ti­co in­fierno, los cua­ren­ta ki­ló­me­tros más lar­gos de mi vi­da. Se en­tu­me­cen las ma­nos, lue­go las ro­di­llas y el cue­llo se que­da rí­gi­do; ape­nas si pue­do ac­cio­nar los fre­nos. Al lle­gar aba­jo veo las am­bu­lan­cias aten­dien­do a ci­clis­tas con hi­po­ter­mias y un au­to­bús-es­co­ba lleno de gen­te. Pe­ro sa­bía que lo peor en lo me­teo­ro­ló­gi­co ha­bía pa­sa­do, pues pron­to co­men­za­ría­mos el Ma­rie Blan­que y en­tra­ría en ca­lor. Y así ocu­rrió, la as­cen­sión fue muy bue­na y el des­cen­so tam­bién, pues no llo­vía. Los pri­me­ros ki­ló­me­tros del Por­ta­let se ha­cen más duros pues mi mus­cu­la­tu­ra no ha­bía asi­mi­la­do los cam­bios de tem­pe­ra­tu­ra tan brus­cos. Pa­sa­da la pre­sa de Ar­tous­te me no­to mu­cho me­jor, has­ta lle­gar al avi­tua­lla­mien­to don­de to­mé un cal­do ca­len­ti­to y fru­ta. Quie­ro apro­ve­char pa­ra agra­de­cer a los vo­lun­ta­rios, que siem­pre es­tán ayu­dan­do y ani­man­do. Sin ellos no se­ría po­si­ble. Con­ti­nué mi as­cen­sión y se­gún me acer­ca­ba a la ci­ma apa­re­ció la llu­via en for­ma de agua­nie­ve. Por suer­te, só­lo los dos pri­me­ros ki­ló­me­tros del des­cen­so es­tu­vie­ron ade­re­za­dos por la llu­via y el frío. ¡Bien! Los pri­me­ros ra­yos de sol sa­len jus­to an­tes del des­vío ha­cia Hoz de Jaca, que su­pero a buen rit­mo. Res­ta­ba el fal­so llano has­ta la me­ta. Bus­co in­te­grar­me en un gru­po de trein­ta ci­clis­tas pa­ra que me sea más lle­va­de­ro, pe­ro ca­mino de Sabiñánigo el vien­to so­pla fuer­te. Me pu­se a 47 km/h un par de ki­ló­me­tros in­ten­tan­do al­can­zar al gru­po y lle­gué a te­ner­los a es­ca­sos me­tros, pe­ro no pu­de más y le­van­té el pie. En la lle­ga­da re­me­mo­ré to­dos los in­con­ve­nien­tes que ha­bía te­ni­do an­tes y du­ran­te la mar­cha. ¡No pu­de con­te­ner las lá­gri­mas al tomar la úl­ti­ma cur­va y es­cu­char a mi mu­jer y a unos ami­gos gri­tan­do: "¡Bra­vo Cu­rro!". Lo ha­bía con­se­gui­do. El tiempo, 8h41', es lo que me­nos me im­por­ta­ba ya. Só­lo mi fa­mi­lia sabe el es­fuer­zo que he he­cho pa­ra ter­mi­nar­la y lo que ha sig­ni­fi­ca­do pa­ra mí. Pa­ra aca­bar, doy las gracias a to­da la or­ga­ni­za­ción de la QH, así co­mo a la Gen­dar­me­ría, la Guar­dia Ci­vil y la Cruz Ro­ja.

Fran­cis­co Pe­rea

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