TIESJ BENOOT

Es­te mo­ce­tón es la ma­yor pro­me­sa de la es­ce­na bel­ga. En las pró­xi­mas cam­pa­ñas de clá­si­cas dis­cu­ti­rá a Van Aver­maet el tí­tu­lo de ídolo y re­fe­ren­te fla­men­co que de­ja va­can­te Boo­nen.

Ciclismo a Fondo - - BICI SPORT - Tex­to Fran Re­yes Fo­to Pho­to Go­mez Sport

QUIE­RO DISPU­TAR LAS CLÁ­SI­CAS YA ES­TE AÑO. Has­ta aho­ra no he ga­na­do nin­gu­na ca­rre­ra pro­fe­sio­nal, pe­ro me he vis­to de­lan­te en mu­chas. Creo que pue­do te­ner op­cio­nes de vic­to­ria en las prue­bas de pa­vé es­ta mis­ma tem­po­ra­da y que pue­do ga­nar un Mo­nu­men­to en las pró­xi­mas. Oja­lá que sea el Tour de Flan­des: es mi ca­rre­ra de ca­sa, la que dis­cu­rre por los lu­ga­res don­de en­treno, en la que ani­ma la me­jor afi­ción del mun­do... Mi sue­ño de­por­ti­vo es ga­nar­la. Apar­te creo que pue­do va­ler pa­ra las clá­si­cas de las Ar­de­nas; de he­cho, es­te año co­rre­ré la Ams­tel Gold Ra­ce pa­ra com­pro­bar­lo.

ES­TE VE­RANO CONOCERÉ EL TOUR DE FRAN­CIA. Se­rá la pri­me­ra gran vuel­ta de mi vi­da, des­pués de dos años co­mo pro­fe­sio­nal sin hacer nin­gu­na por­que mi en­tre­na­dor con­si­de­ra­ba que era de­ma­sia­do pron­to. Mi ob­je­ti­vo es ter­mi­nar­lo: de­be ser ma­ra­vi­llo­so lle­gar a los Cam­pos Elí­seos des­pués de tres se­ma­nas com­pi­tien­do con­tra los me­jo­res del mun­do. Me gus­ta­ría ayu­dar a An­dré Grei­pel a ga­nar una eta­pa y bus­car yo mis­mo al­gu­na fu­ga en días con­cre­tos co­mo ha­cen mis com­pa­ñe­ros Tony Ga­llo­pin o Tho­mas de Gendt.

EN BÉL­GI­CA NOS VOL­VE­MOS LO­COS CON LAS CLÁ­SI­CAS. Cuan­do en 2015 hi­ce 5º en el Tour de Flan­des, mi ca­ra sa­lió en to­das las por­ta­das: de­cían que lo ha­bía he­cho me­jor en mi pri­me­ra par­ti­ci­pa­ción en De Ron­de que Can­ce­lla­ra o Boo­nen en su día. Me pi­die­ron mu­chí­si­mas en­tre­vis­tas y me vi un po­co ago­bia­do. Co­mo ci­clis­ta quie­ro cen­trar­me en mi tra­ba­jo: com­pe­tir, en­tre­nar, co­mer, es­ti­rar, des­can­sar. Y no te­nía tiem­po pa­ra des­co­nec­tar, ¡ni si­quie­ra pa­ra abrir mis li­bros de la Uni­ver­si­dad! Por for­tu­na, ya he­mos en­con­tra­do el equi­li­brio ade­cua­do.

TOM BOO­NEN FUE UNO DE MIS ÍDO­LOS. Una de las pri­me­ras ca­rre­ras que re­cuer­do fue la Rou­baix de 2002, aque­lla en la que Hin­ca­pie se ca­yó mil ve­ces y Tom subió al po­dio. Yo só­lo te­nía ocho años y no di­ría que era mi fa­vo­ri­to, por­que en aque­lla épo­ca to­dos los ciclistas eran hé­roes pa­ra mí, pe­ro sí que ha si­do el ma­yor re­fe­ren­te del ci­clis­mo bel­ga du­ran­te más de una dé­ca­da. Es un ho­nor ha­ber com­pe­ti­do en el mis­mo pe­lo­tón que él du­ran­te los úl­ti­mos años de su ca­rre­ra de­por­ti­va.

ME PA­REZ­CO A VAN AVER­MAET. Di­ría que es una re­fe­ren­cia ade­cua­da pa­ra mí por­que es bueno es­ca­lan­do subidas cor­tas y fan­tás­ti­co en las clá­si­cas de pie­dras. No soy tan si­mi­lar a Boo­nen por­que ten­go me­nos pun­ta de ve­lo­ci­dad; a cam­bio, se me da bien la me­dia mon­ta­ña y gra­cias a eso dis­pon­go de un ma­yor aba­ni­co de ca­rre­ras que en­ca­jan con mis ca­rac­te­rís­ti­cas. Pues­tos a pe­dir, me en­can­ta­ría ser co­mo Froome, pe­ro no es un ob­je­ti­vo rea­lis­ta.

VALVERDE ME FE­LI­CI­TÓ EN MA­LLOR­CA. En el Tro­feo Se­rra de Tra­mun­ta­na nos que­da­mos des­col­ga­dos ba­jo la llu­via y yo, que só­lo lle­va­ba pues­to el mono sin na­da de­ba­jo, ne­ce­si­ta­ba se­guir pe­da­lean­do fuer­te pa­ra no he­lar­me. Arran­qué del pe­lo­tón y él sal­tó a mi rue­da. Me di­jo "va­mos" y yo res­pon­dí: "¡Va­mos!" Fui­mos bas­tan­te rá­pi­do y ca­za­mos a va­rios de los que es­ta­ban es­ca­pa­dos. Al cru­zar la me­ta nos es­tre­cha­mos la mano y nos di­mos las gra­cias por la com­pa­ñía; fue una be­lla mues­tra de res­pe­to. Con­si­de­ro a Valverde el me­jor ci­clis­ta de los úl­ti­mos quince años. Es im­pre­sio­nan­te el ni­vel que man­tie­ne con su edad.

SE ME MO­VIÓ EL ES­TÓ­MA­GO EN UNA CAÍ­DA. Fue el año pasado, en Fran­cia. Me fui al sue­lo, di con la ca­ra con­tra el as­fal­to y su­frí una es­pe­cie de la­ti­ga­zo cer­vi­cal. Mi es­tó­ma­go y mi dia­frag­ma se des­pla­za­ron y, a raíz de eso, lo pa­sé fa­tal de la gar­gan­ta. Ca­da vez que me tum­ba­ba, los áci­dos gás­tri­cos subían por mi trá­quea y me pro­vo­ca­ban un mon­tón de in­fec­cio­nes. Vi­si­té co­mo a diez es­pe­cia­lis­tas que no lo­gra­ron en­con­trar el ori­gen del pro­ble­ma y to­mé un mon­tón de me­di­ca­men­tos pa­ra pa­liar­lo sin re­sol­ver­lo. Por for­tu­na, en­con­tré un os­teó­pa­ta que dio con la te­cla co­rrec­ta y de­vol­vió el es­tó­ma­go y el dia­frag­ma a su si­tio. Aho­ra soy in­to­le­ran­te a un mon­tón de ali­men­tos, ten­go que vi­gi­lar mu­cho lo que co­mo... ¡Pe­ro he vuel­to a ser el que era!

ES­TU­DIO ECO­NÓ­MI­CAS. No me gus­ta de­ma­sia­do la par­te de ma­te­má­ti­cas; pre­fie­ro el as­pec­to hu­mano de la ca­rre­ra, la ges­tión de per­so­nas. Tra­to de com­pa­gi­nar mis es­tu­dios con la bi­ci­cle­ta de­di­cán­do­les más tiem­po en in­vierno y apar­cán­do­los du­ran­te la tem­po­ra­da. Has­ta aho­ra he apro­ba­do to­dos los exá­me­nes a la pri­me­ra sal­vo uno de mar­ke­ting que coin­ci­dió con el Cam­peo­na­to de Bél­gi­ca de ha­ce dos años. Lo su­pe­ré a la se­gun­da.

NO SOY DE­MA­SIA­DO BUENO CON LAS RE­DES SO­CIA­LES. Sin­ce­ra­men­te, no me gus­ta es­tar to­do el día con el te­lé­fono en la mano. Tam­po­co tui­tear so­bre mí mis­mo es al­go que me apa­sio­ne: pre­fie­ro ha­blar en la ca­rre­te­ra. No obs­tan­te, en­tien­do que es im­por­tan­te pa­ra los pa­tro­ci­na­do­res y pro­cu­ro me­jo­rar día a día.

MI COM­PA­ÑE­RO BART DE CLERCQ MOLA. Es un tío muy si­len­cio­so, pe­ro tie­ne ese pun­ta­zo pa­ra es­tar ca­lla­do to­do el ra­to y de re­pen­te sol­tar el chis­te más gra­cio­so de la no­che. Com­par­ti­mos mu­chí­si­mas co­sas. Por ejem­plo, en Ma­llor­ca so­lía­mos hacer tras­co­che jun­tos des­pués de las ca­rre­ras pa­ra ga­nar fon­do fí­si­co. Ade­más, él tam­bién ha es­tu­dia­do en la Uni­ver­si­dad, así que po­de­mos char­lar de otras co­sas apar­te del ci­clis­mo.

RES­PE­TO MU­CHO A TIM WE­LLENS. Es un muy buen tío que es­tá su­per­cen­tra­do en la bi­ci­cle­ta y ha­ce las co­sas a su ma­ne­ra por­que tie­ne con­fian­za en sí mis­mo y a la par es un po­co in­tro­ver­ti­do. Ad­mi­ro su for­ma de tra­ba­jar por­que es se­rio, tran­qui­lo y me­tó­di­co. Re­cuer­do cuan­do ha­ce dos años le sa­lió un mal Tour de Fran­cia y la pren­sa bel­ga se ce­bó con él. No se al­te­ró y res­pon­dió ga­nan­do a lo gran­de el Ene­co Tour por de­lan­te de Van Aver­maet y Gil­bert. Es un ci­clis­ta muy es­pe­cial.

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