Una pró­te­sis fa­bri­ca­da por él mis­mo

Ciclismo a Fondo - - BICI SPORT -

Ale­jan­dro Mar­tí­nez... Yo en­treno con la se­lec­ción siem­pre que pue­do y hay mu­cha igual­dad. Nos qui­ta­mos unos a otros las pe­ga­ti­nas con­ti­nua­men­te. Eso es al­go que me mo­ti­va. Me ha­ce me­jo­rar y a ellos tam­bién.

Soy muy rea­lis­ta. Ser cam­peón de Es­pa­ña ab­so­lu­to me que­da un po­co le­jos, aun­que no es al­go im­po­si­ble. Lo que sí vi­sua­li­zo es en­trar en el po­dio. Tam­bién me gus­ta­ría de­jar muy cla­ro que pa­ra mí es tan im­por­tan­te o más re­va­li­dar una y otra vez el tí­tu­lo pa­ra­lím­pi­co. Ese sí que es el ob­je­ti­vo.

Cuan­to más co­no­ces de Al­fon­so Ca­be­llo, más te que­das con la bo­ca abier­ta. En me­dio de la con­ver­sa­ción des­cu­bri­mos tam­bién que se tu­vo que di­se­ñar y cons­truir la pró­te­sis con la que com­pi­te. "No cuen­to con la po­si­bi­li­dad de con­tra­tar un bio­me­cá­ni­co o de te­ner unas pró­te­sis de car­bono de cien mil eu­ros. La mía es de ace­ro sol­da­do, ar­te­sa­na, di­se­ña­da y he­cha por mí mis­mo. A ba­se de prue­ba y error he lle­ga­do a es­te sis­te­ma que me va ge­nial". Al prin­ci­pio, se­gún le ve­nía a la ca­be­za la idea la di­bu­ja­ba en su li­bre­ta. "Lue­go acu­día al tor­ne­ro, le de­cía lo que que­ría y me lo ha­cía. Des­pués op­té por fa­bri­cár­me­las yo mis­mo por­que si la idea ha­bía si­do mía, era quien me­jor la po­día en­ten­der y desa­rro­llar". Y es que a es­te ja­ba­to cor­do­bés de La Ram­bla hay muy po­qui­tas co­sas que pue­dan de­te­ner­le. Te­ne­mos Al­fon­so pa­ra ra­to. A du­ras pe­nas, los via­jes cons­tan­tes me lo po­nen muy di­fí­cil. Ne­ce­si­té cua­tro años pa­ra aca­bar el Ba­chi­lle­ra­to y a día de hoy es­toy ma­tri­cu­la­do en la UCAM en un más­ter de ges­tión y di­rec­ción de en­ti­da­des de­por­ti­vas. En Po­zo­blan­co tra­ba­jo par­cial­men­te en la ges­tión de una em­pre­sa de­di­ca­da a la aten­ción de per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad in­te­lec­tual.

Sí, siem­pre, me en­can­ta. En Sierra Ne­va­da he coin­ci­di­do con bas­tan­tes pro­fe­sio­na­les: Maté, Luis­le, Val­ver­de... y em­pa­ti­zo mu­cho con ellos. Cla­ro que les si­go y ellos tam­bién a mí. Com­pro­bar que sa­ben quién les es­tá sa­lu­dan­do es un or­gu­llo tre­men­do pa­ra mí, que con­ti­núo vién­do­los co­mo los ído­los que tu­ve en la in­fan­cia. Siem­pre he si­do muy de Val­ver­de, des­de que mi pa­dre me lle­vó en la Vuel­ta a Es­pa­ña de 2004 a ver la cro­no­es­ca­la­da a Mo­na­chil y le vi pa­sar co­mo una mo­to. Aho­ra los que pi­lo­to son de ver­dad. Ca­da vez me apa­sio­na más el mun­do del mo­tor. Sal­go mu­cho con mi mo­to de en­du­ro y he he­cho al­gu­na in­cur­sión en los ra­llies. En el fu­tu­ro, cuan­do ter­mi­ne el ci­clo olím­pi­co de To­kio, no des­car­ta­ría de­di­car­me un año a co­rrer­los.

Mi esen­cia si­gue sien­do la mis­ma. De­por­ti­va­men­te ten­go más ex­pe­rien­cia, lo que ha cam­bia­do sobre to­do es eso. Lo que an­tes me pa­re­cía novedoso y no sa­bía bien có­mo afron­tar aho­ra me da tran­qui­li­dad.

A per­der to­da la mo­ti­va­ción al­gún día. La mo­ti­va­ción siem­pre ha si­do mi mo­tor y a bote pron­to es lo pri­me­ro que me sa­le. Mien­tras si­ga mo­ti­va­do es­ta­ré aquí. Y cuan­do ya no pue­da con­ti­nua­ré mon­tan­do en bi­ci co­mo afi­cio­na­do. Me gus­ta­ría que mi ho­ri­zon­te la­bo­ral es­tu­vie­ra en­fo­ca­do ha­cia el de­por­te.

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