Mo­men­tos es­co­gi­dos

Ciclismo a Fondo - - BICI SPORT - Fo­tos Photo Go­mez Sport/G. Wat­son

1 VUELTA A ES­PA­ÑA 2006, CA­LAR AL­TO.

Pri­mer triun­fo co­mo pro­fe­sio­nal, su­pu­so el gran pa­so. Fue el apren­di­za­je que cam­bió por com­ple­to mi ca­rre­ra de­por­ti­va muy tem­pra­na­men­te. Sin du­da que se apren­de más cuan­do se ga­na que cuan­do se pier­de y ese triun­fo me dio mu­cho. Sin él no hu­bie­ra te­ni­do la mis­ma tra­yec­to­ria y qui­zá no ha­bría lle­ga­do has­ta aquí.

2 LÍ­DER DE LA VUELTA 2010 Y DOS VIC­TO­RIAS DE ETA­PA.

Un sue­ño del que des­per­té con la caí­da, pe­ro don­de dis­fru­té un mon­tón y en la que tu­ve mi me­jor con­di­ción. Le ten­go mu­cho apre­cio y ca­ri­ño a La Vuelta por­que ha si­do mi ca­rre­ra. Des­de que la veía por te­le­vi­sión me gus­ta­ba y ha ido evo­lu­cio­nan­do. Me ha da­do to­do lo que soy.

3 TRIUN­FO EN EL ZON­CO­LAN.

Mi me­jor vic­to­ria, de­lan­te del me­jor Al­ber­to Con­ta­dor en el Gi­ro 2011. Me ha mar­ca­do por ser don­de fue, en un puer­to tan du­ro y con tan­ta his­to­ria, y por ba­tir­le a él, que des­pués se lle­vó el Gi­ro con una di­fe­ren­cia enor­me. Sa­bía que él que­ría ga­nar la eta­pa y por eso me sen­tí más or­gu­llo­so.

4 APO­TEO­SIS EN BIL­BAO.

Es la vic­to­ria de to­da mi ca­rre­ra de­por­ti­va. El día D y la ho­ra H. No fui ca­paz de es­tar bien en esa Vuelta 2011, acu­sé mu­cho el Gi­ro, aun­que con el pa­so de las eta­pas me en­to­né. No bus­ca­ba ga­nar en Bil­bao, pe­ro te­nía la con­di­ción y me lle­gó el gran día. No es el me­jor de mi vi­da de­por­ti­va­men­te, sí el que más me mar­có. Me lo re­cuer­da to­do el mun­do y eso no se pa­ga con di­ne­ro. Me acuer­do de mis ai­tas ani­mán­do­me en el Vi­ve­ro con mi her­ma­na y mis ami­gos, que es­ta­ban un po­co más aba­jo, y uno subió des­cal­zo co­rrien­do a mi la­do.

5 ADIÓS DES­DE EL PO­DIO DE EUS­KAL­TEL-EUS­KA­DI.

Me­jor equi­po en La Vuelta de 2013, la úl­ti­ma de su his­to­ria. Un bri­llan­te pun­to fi­nal pa­ra el pro­yec­to más es­pe­cial del ci­clis­mo vas­co, aun­que fue una des­pe­di­da tris­te. Fue la úl­ti­ma vez que me ves­tí de na­ran­ja. Lo re­vi­ví cuan­do de­ci­dí re­ti­rar­me en la Cas­te­lla­na, el mis­mo si­tio don­de con­clu­yó su sin­gla­du­ra el equi­po de mi vi­da.

6 VUELTA A AS­TU­RIAS 2015.

Sin du­da al­gu­na, lo me­jor de mi pa­so por Mo­vis­tar. Me cos­tó mu­chí­si­mo ga­nar al­go por­que no ha­bía es­pa­cio. Te­nía que ga­nar esa Vuelta a As­tu­rias sí o sí pa­ra de­di­cár­se­la a mi ama, que mu­rió unos me­ses an­tes. Fí­ja­te dón­de y có­mo lo lo­gré, ba­jan­do el Cor­dal, don­de me ha­bía caí­do y me hi­ce mu­cho da­ño en 2008. Era el ho­me­na­je y la de­di­ca­to­ria que que­ría y ne­ce­si­ta­ba brin­dar­le.

7 DES­PE­DI­DA EN EL PA­SEO DE LA CAS­TE­LLA­NA.

El me­jor fi­nal, el so­ña­do, en el equi­po más es­pe­cial y di­fe­ren­te don­de he co­rri­do. La Cas­te­lla­na era un buen es­ce­na­rio pa­ra ce­rrar es­ta eta­pa de mi vi­da, en la prue­ba que me lo ha da­do to­do. Fue muy bo­ni­to ro­dar en so­li­ta­rio, me emo­cio­nó mu­cho. Cuan­do me que­dé a so­las y pen­sé que ya era ex­pro­fe­sio­nal se me ca­yó al­gu­na lá­gri­ma.

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