"Las de­rro­tas me las to­ma­ba co­mo al­go per­so­nal"

Ciclismo a Fondo - - BICI SPORT -

En su pa­pel de gre­ga­rio ejemplar, el que siem­pre com­par­tía una son­ri­sa y una fra­se que ani­ma­se a to­dos, Mar­kel Irizar ha te­ni­do cua­tro gran­des je­fes pa­ra los que se ha de­ja­do la piel en sus 16 años co­mo ci­clis­ta pro­fe­sio­nal: Lan­ce Arms­trong, Andy Schleck, Fa­bian Can­ce­lla­ra y Al­ber­to Con­ta­dor. Con el sui­zo vi­vió su épo­ca do­ra­da al ga­nar dos ve­ces el Tour de Flan­des, una la Pa­rís-Rou­baix y tam­bién Stra­de Bian­che y Mi­lán-San Remo. "Quien iba a pen­sar que un tío de aquí, que no ha­bía to­ca­do una pie­dra nun­ca, iba a ser par­te de eso. Soy un pri­vi­le­gia­do. Can­ce­lla­ra me ha cui­da­do siem­pre de manera muy es­pe­cial y no sé por qué. Fue una suer­te tra­ba­jar pa­ra él y ser par­te de esos triun­fos, aun­que tu­vie­se só­lo un 0.00001% de par­te en la vic­to­ria". Pe­ro no to­do ha si­do un ca­mino de ro­sas. "Las de­rro­tas me las to­ma­ba co­mo al­go muy per­so­nal. Me hun­dían mu­cho -se sin­ce­ra-. Cuan­do co­mo equi­po ha­cía­mos un fiasco, que era bas­tan­te a me­nu­do, sen­tía mi par­te de cul­pa. Y creo que era jus­to por­que a un jo­ven no le pue­des pe­dir que asu­ma la mis­ma res­pon­sa­bi­li­dad que yo, que lle­vo mil años y no pue­des elu­dir­la". Su úl­ti­ma gran ju­ven­tud la vi­vió con Al­ber­to Con­ta­dor, en su año de des­pe­di­da co­mo pro­fe­sio­nal en el Trek-Se­ga­fre­do. "Con él fue un año po­ten­te en ge­ne­ral, pe­ro La Vuel­ta ya fue otra li­ga. Siem­pre te­nía un plan. Cuan­do Al­ber­to por las no­ches te de­cía: 'Ven­ga cha­va­les, que des­can­séis bien', es que al­go te­nía en men­te. Y si por la ma­ña­na te pre­gun­ta­ba: '¿Ha­béis dor­mi­do bien?' es que tam­bién ru­mia­ba al­go. En La Vuel­ta ata­có to­dos los días y siem­pre lo lle­va­ba pen­sa­do". Cuan­do lle­ga­ron a la úl­ti­ma eta­pa, el úl­ti­mo día de Con­ta­dor co­mo pro­fe­sio­nal, a Irizar le to­có ha­cer el dis­cur­so. "Le di las gra­cias por ha­cer­nos par­tí­ci­pe de to­do es­to. Él co­rrió so­lo un año en es­te equi­po, pe­ro ha de­ja­do mu­cha hue­lla en to­dos no­so­tros y lo sien­te co­mo muy su­yo".

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