El abue­lo no ha di­cho su úl­ti­ma pa­la­bra

Ciclismo a Fondo - - BICI SPORT - Tex­to Ai­na­ra Her­nan­do Fo­tos Luis Án­gel Gó­mez/Photo Go­mez Sport

"¡Pe­ro que ten­go 40 años ya!", y lo di­ce Ale­jan­dro Val­ver­de son­rien­te, sin un ápi­ce de re­pro­che o re­cuer­do de que ya to­do es­tá de más. Aho­ra to­do es un re­ga­lo. Des­de ha­ce un tiem­po, ver­le co­rrer, com­pro­bar có­mo dis­fru­ta, de­lei­tar­se con sus triun­fos y ha­za­ñas, es eso, un re­ga­lo. "Es que soy el abue­lo del pe­lo­tón", el an­ciano con arru­gas de son­reír, de pa­sár­se­lo bien. El abue­lo que den­tro si­gue te­nien­do el al­ma de un ni­ño, un crío que se mar­cha de ex­cur­sión con sus com­pa­ñe­ros de co­le­gio a una nue­va aven­tu­ra que ha si­do es­ta Vuel­ta en la que na­da es­pe­ra­ba, a ver­las ve­nir, y que de nue­vo ha vuel­to a ago­tar pa­la­bras, ca­li­fi­ca­ti­vos y ha­la­gos. To­do se que­da cor­to an­te la gran­de­za del cam­peón mun­dial. Sí, un se­ñor de ca­si 40 que pa­só por en­ci­ma a cha­va­les que aún ni han cum­pli­do los 'trein­tay­to­dos' co­mo Nai­ro Quin­ta­na y Su­per­mán Ló­pez, a quien no só­lo ven­ció en­ci­ma de la bi­ci, sino tam­bién en la gran­de­za del sa­ber es­tar y la edu­ca­ción a pe­sar de sus des­ca­li­fi­ca­cio­nes fue­ra de lu­gar tras la po­lé­mi­ca eta­pa de To­le­do. Sí, un se­ñor de ca­si 40 que de­jó por de­trás su­ya a un ni­ño al que do­bla en edad y ha si­do de­sig­na­do co­mo el fu­tu­ro de es­te de­por­te. Ta­dej Po­ga­car qui­zá lo sea, pe­ro el pre­sen­te si­gue pa­san­do por Mur­cia. Por el abue­lo que lo­gró en­can­di­lar La Vuel­ta y fue, una vez más, eter­na­men­te, la úni­ca ba­za real es­pa­ño­la pa­ra dispu­tar la ca­rre­ra. Nun­ca lle­gó ni si­quie­ra a oler­la, pues la su­pre­ma­cía de Ro­glic fue des­co­mu­nal. Por eso su se­gun­do pues­to tie­ne aún más va­lor. Es la ter­ce­ra vez que lo con­si­gue. Ha pi­sa­do to­dos los ca­jo­nes: pri­me­ro en 2009, se­gun­do en 2006 y 2012 y en es­ta edi­ción, ter­ce­ro en 2003, 2013 y 2014. Ha si­do diez ve­ces top10 y es el ci­clis­ta en ac­ti­vo con más triun­fos de eta­pa en la ron­da es­pa­ño­la. Tre­ce. Don Ale­jan­dro Val­ver­de. La úl­ti­ma, en Mas de la Cos­ta. Un triun­fo que "men­tal­men­te a lo me­jor sí ne­ce­si­ta­ba", una vic­to­ria de ma­nual val­ver­diano. Aguan­te, ga­rra y ata­que pa­ra des­tro­zar a to­dos en los me­tros fi­na­les. "Si no con­se­guía ga­nar tam­po­co pa­sa­ba na­da, pe­ro me veía con pier­nas y me ape­te­cía mu­cho". Allí de­rro­chó una vez más el ar­te y el ta­len­to que sus pier­nas to­da­vía con­ser­van, que no se gas­tan. Eterno abue­lo. "Aho­ra las vic­to­rias tie­nen un sa­bor más es­pe­cial". Só­lo él sa­be lo que cues­tan, el tra­ba­jo y sa­cri­fi­cio que hay de­trás de ellas pa­ra des­pués, cuan­do las cá­ma­ras se en­cien­den, ver­le ahí, dis­cu­tien­do a los ni­ños que lle­gan que el ci­clis­mo no son só­lo ma­te­má­ti­cas, nú­me­ros y po­ten­ció­me­tros.

PA­SIÓN, AMOR Y DE­DI­CA­CIÓN

Que tie­ne que ha­ber mu­cho de pa­sión, de amor por lo que se ha­ce. Que tie­ne que ha­ber de­di­ca­ción y ca­ri­ño. De to­do eso le po­ne Val­ver­de. Es la re­ce­ta, el úni­co se­cre­to de una lon­ge­vi­dad ma­ra­vi­llo­sa. La son­ri­sa. "Ga­nar con ca­si cua­ren­ta años me lle­na de ilu­sión". A él y a to­dos. Por­que fue inevi­ta­ble no ilu­sio­nar­se, no so­ñar con que el mur­ciano po­día cam­biar el mai­llot ar­coí­ris que tan bien le sien­ta por uno ro­jo en Ma­drid, diez años des­pués de con­quis­tar su pri­me­ra y úni­ca gran­de que ador­na un pal­ma­rés inaca­ba­ble. "Se­ría la le­che, in­creí­ble, pe­ro hay que ser rea­lis­ta", no se can­só de re­pe­tir­lo. Só­lo Ro­glic lo im­pi­dió. Los de­más tu­vie­ron que se­guir la es­te­la de su cla­se. En el Ace­bo fue el úni­co que se atre­vió a ata­car al es­lo­veno. "El abue­lo no ha di­cho su úl­ti­ma pa­la­bra", di­jo en­ton­ces. Lue­go lo pa­gó en La Cu­bi­lla. Fue su peor día y só­lo se de­jó 23’’ por el ca­mino. "Es ná y me­nos", co­men­tó. En la pri­me­ra eta­pa por la Sie­rra de Ma­drid, con me­ta en Be­ce­rril, re­cu­pe­ró el se­gun­do pues­to en el que se ha­bía si­tua­do Quin­ta­na gra­cias al vien­to ha­cia Gua­da­la­ja­ra, y ca­mino de Gre­dos su­frió fren­te a Po­ga­car, "los afi­cio­na­dos me avi­sa­ron de que de­bía apre­tar pa­ra que no me ade­lan­ta­ra en la ge­ne­ral", pe­ro lo­gró echar­le el ce­rro­jo. "No me es­pe­ra­ba ser se­gun­do de La Vuel­ta y me sa­be fe­no­me­nal, es­toy en­can­ta­dí­si­mo. No ve­nía pen­san­do que iba a con­se­guir es­to. Mu­chas ve­ces me sor­pren­do a mí mis­mo. El rit­mo ha si­do muy al­to, la ve­lo­ci­dad tre­men­da du­ran­te to­da La Vuel­ta y he po­di­do aguan­tar. Eso quie­re de­cir que no he per­di­do el ni­vel". Y tam­bién que el res­to ten­drá que se­guir su­frién­do­le por un tiem­po. Y los de­más, con­ti­nuar dis­fru­tan­do del re­ga­lo que es ver­le co­rrer, por­que el abue­lo no ha di­cho to­da­vía su úl­ti­ma pa­la­bra.

Re­ma­te de ar­coí­ris. En Mas de la Cos­ta ti­ró de ofi­cio co­mo ex­cel­so lle­ga­dor pa­ra ba­tir al res­to de hom­bres de la ge­ne­ral, mien­tras que en la subida al Ace­bo -aba­jo- hi­zo ca­mino jun­to al lí­der.

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