Ale­xandr She­fer

Ciclismo a Fondo - - SOBRE RUEDAS - Tex­to Ai­na­ra Her­nan­do Fo­to Graham Wat­son

En la dé­ca­da que Ale­xandr She­fer fue ci­clis­ta pro­fe­sio­nal, des­de 1993 has­ta 2003, no des­ta­có por ser un co­rre­dor con un abul­ta­do pal­ma­rés: só­lo ocho triun­fos lo ador­nan, "el más bo­ni­to, el Gi­ro de Tos­ca­na", con­fie­sa. Nues­tro pro­ta­go­nis­ta, que cum­plió 48 años du­ran­te La Vuel­ta, se hi­zo ci­clis­ta al abri­go de la se­lec­ción so­vié­ti­ca, de la que for­mó par­te en 1990, y des­pués, con la se­pa­ra­ción de las di­fe­ren­tes re­pú­bli­cas de la URSS, se en­ro­ló en la de Ka­za­jis­tán. Na­ció en Al­maty pe­ro, cuan­do en 1993 fi­chó por el Na­vi­ga­re, se fue a vi­vir a Ita­lia. "Y fue muy du­ro -re­me­mo­ra pa­ra CAF-, por­que lle­gué a un país del que no co­no­cía na­da, ni sa­bía el idio­ma. Tu­ve la suer­te de que Mas­si­mo Po­den­za­na me adop­tó ca­si co­mo a un hi­jo. Pa­sé mu­chas di­fi­cul­ta­des por­que era muy jo­ven, pe­ro él me lo en­se­ñó to­do, des­de có­mo se co­rría has­ta as­pec­tos de la vi­da dia­ria. Su ayu­da fue fun­da­men­tal". She­fer de­fi­ne al ci­clis­ta que fue co­mo un pas­sis­ta sca­la­to­re, un co­rre­dor que en mon­ta­ña se de­fen­día con sol­tu­ra y sol­ven­cia. "En los úl­ti­mos años ya era un gre­ga­rio. Pro­bé a dispu­tar ge­ne­ra­les de las gran­des vuel­tas, pe­ro me di cuen­ta de que me iba me­jor sien­do un hom­bre de equi­po que ayu­da­se a sus lí­de­res". Eso le en­se­ñó a sa­cri­fi­car­se por los de­más, co­mo Da­ni­lo di Lu­ca y Gil­ber­to Si­mo­ni, que eran sus je­fes. Se­ña­la que la ca­rre­ra más es­pe­cial en la que se ha pues­to un dor­sal es "el Gi­ro de Ita­lia". Dis­pu­tó sie­te edi­cio­nes de la Cor­sa

Ro­sa -fue 8º en 1996-, cua­tro Vuel­tas a Es­pa­ña y dos Tours de Fran­cia, ade­más de ha­cer un ca­len­da­rio con abun­dan­cia de prue­bas es­pa­ño­las que le lle­vó a ga­nar dos eta­pas de la Vuel­ta a An­da­lu­cía en 2001 y 2002. "Me en­can­ta­ban las ca­rre­ras es­pa­ño­las y siem­pre pe­día que me las pu­sie­ran en el pro­gra­ma", re­me­mo­ra. An­tes in­clu­so de ser pro­fe­sio­nal, "con só­lo vein­te años", se ca­só. "Tu­ve pron­to a mis dos hijas, que ya han cum­pli­do 22 y 27". To­da la fa­mi­lia vi­ve en Reg­gio Emi­lia. "Sien­do co­rre­dor aún no es­ta­ba ins­ta­la­do, pe­ro cuan­do me re­ti­ré nos es­ta­ble­ci­mos allí". Al ba­jar­se de la bi­ci fue téc­ni­co de la se­lec­ción ka­za­ja du­ran­te tres tem­po­ra­das. Y des­de 2007 ejer­ce co­mo di­rec­tor de­por­ti­vo del As­ta­na. Un año des­pués co­no­ció al que ase­gu­ra que es el ci­clis­ta que más le ha im­pac­ta­do en to­da su vi­da: "Al­ber­to Con­ta­dor. Por su men­ta­li­dad y las ga­nas que siem­pre te­nía de ga­nar, fue­se una ca­rre­ra pe­que­ña o gran­de. Le de­cía­mos que se to­ma­se cier­tas prue­bas co­mo en­tre­na­mien­to y de­cía que pa­ra eso se que­da­ba en ca­sa. Me im­pre­sio­nó mu­cho". A sus co­rre­do­res les en­se­ña que "lo im­por­tan­te es for­mar un buen gru­po que tra­ba­je con un ob­je­ti­vo cla­ro. Así se pue­de con­se­guir el re­sul­ta­do que quieras". Del ci­clis­mo ac­tual apun­ta que "ha cam­bia­do to­tal­men­te en los úl­ti­mos cin­co años, se ha vuel­to ex­tre­ma­da­men­te tec­no­ló­gi­co. Aho­ra dis­po­ne­mos de da­tos de cual­quier co­sa. Y el ma­te­rial ha avan­za­do mu­chí­si­mo, creo que es por eso que la ve­lo­ci­dad es tan al­ta en las ca­rre­ras. To­do se ha vuel­to mu­cho más pro­fe­sio­nal, pa­re­ce Fór­mu­la 1. An­tes no era así; a mí me gus­ta­ba más el ci­clis­mo de en­ton­ces".

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