MO­TI­VA­CIÓN

Ciclismo a Fondo - - SUMARIO - Tex­to Luis Pa­sa­mon­tes Fo­tos Pao­lo Pen­ni Mar­te­lli

El ejem­plo de Xa­vier Ca­ba­llol.

He­mos coin­ci­di­do en va­rias oca­sio­nes y nun­ca me de­ja in­di­fe­ren­te. Es un in­con­for­mis­ta al que lla­ma­ron lo­co mu­chas ve­ces y pa­ra mí es un hé­roe, un ejem­plo de com­pro­mi­so. Xa­vier Ca­ba­llol pe­da­lea con una pier­na. He vis­to có­mo subía con la bi­ci por au­tén­ti­cos cor­ta­fue­gos. No es el rey de la mon­ta­ña, sino el rey de la fuer­za.

Bien­ve­ni­do, Xa­vier. Siem­pre nos he­mos vis­to con mai­llot y cu­lote, su­dan­do. Hoy con­ver­sa­mos más tran­qui­los.

Gra­cias Luis, es un ver­da­de­ro pla­cer.

¿Có­mo ocu­rrió to­do?

Fue el 24 de di­ciem­bre de 2007. Sa­lí con la moto de enduro y mi gru­po de ami­gos a dar gas. Com­pe­tía en ca­rre­ras ca­ta­la­nas, siem­pre me ha gus­ta­do el mo­tor; tam­bién los co­ches de rally. Aquel día me en­con­tré una alam­bra­da y por no lle­vár­me­la, que no ha­bría pa­sa­do na­da, fre­né. No pu­de adi­vi­nar que ha­bía hie­lo, es­ta­ba su­cio y se ca­mu­fla­ba. La moto co­gió ve­lo­ci­dad has­ta que me es­tre­llé con­tra una pie­dra. El es­tri­bo me gol­peó du­ra­men­te de­trás de la ro­di­lla y su­pe que aque­llo no te­nía bue­na pin­ta. Con nosotros, afor­tu­na­da­men­te, via­ja­ba un com­pa­ñe­ro bom­be­ro que me hi­zo los pri­me­ros au­xi­lios. En­se­gui­da vino el he­li­cóp­te­ro, es­tá­ba­mos en el me­dio del mon­te. Pa­sé 21 días en el hos­pi­tal in­ten­tan­do sal­var la pier­na, pe­ro no pu­do ser. El do­lor era tre­men­do y no que­ría se­guir su­frien­do. Ha­bía que con­ti­nuar, te­nías to­da la vi­da por de­lan­te.

Sin du­da. Tu­ve ocho me­ses muy com­pli­ca­dos por­que se pro­du­cían mu­chas in­fec­cio­nes. Des­pués to­do co­men­zó a ir me­jor.

¿Y dón­de es­ta­ba es­pe­rán­do­te la bi­ci?

Pues col­ga­da en el ga­ra­je de ca­sa (ríe) Era una bi­ci muy nor­mal que uti­li­za­ba pa­ra po­ner­me en for­ma de ca­ra a las ca­rre­ras de enduro. La veía y sa­bía que te­nía­mos al­go pen­dien­te. No que­ría co­ger la moto pa­ra no ha­cer su­frir a mi fa­mi­lia. Aun­que he de de­cir que una vez al año, co­mo ri­tual, ne­ce­si­to dar­me una vuel­ta con la moto y mis ami­gos. La ca­bra ti­ra al mon­te (car­ca­ja­da).

Y ese en­cuen­tro lle­gó.

Sí, un día co­gí la bi­ci y la me­tí en el co­che. Me fui a un ca­mino apar­ta­do e in­ten­té as­cen­der una ram­pa. Me caí dos ve­ces, ha­bía ba­rro y no te­nía co­gi­do el tru­co. Vol­ví a ca­sa sa­bien­do que aque­llo era el co­mien­zo de al­go, de mu­cho. Lle­gas a ca­sa y di­ces que vie­nes de mon­tar en bi­ci.

No da­ban cré­di­to, siem­pre ha­bía man­te­ni­do en se­cre­to mi in­ten­ción. Co­men­cé con la bi­ci es­tá­ti­ca y a pe­da­lear po­cos ki­ló­me­tros. Pu­se rue­das li­sas a la MTB pa­ra ir por ca­rre­te­ra y fui co­gien­do prác­ti­ca.

Ha­bía que bus­car com­pa­ñe­ros...

Me me­tí en In­ter­net pa­ra lo­ca­li­zar gen­te que pe­da­lea­ra y es­tu­vie­ra en mi mis­ma si­tua­ción. Des­cu­brí a Juan­jo Mén­dez y su pro­yec­to Gé­ne­sis. Pen­sé: si a él le fal­ta un bra­zo y una pier­na, yo pue­do se­gu­ro. Qué in­ge­nuo; no soy ca­paz de pi­llar­lo a día de hoy (ri­sas).

Y to­có adap­tar la bi­ci.

Al prin­ci­pio iba sin na­da. Juan­jo me ha­bló del en­ca­je que lle­va­ba. Te­nía la op­ción de uti­li­zar pró­te­sis, pe­ro yo no la apro­ve­cho. Ade­más, si al­guien ve­te­rano co­mo él va así... hi­ce ca­so a su ex­pe­rien­cia. Me en­car­gué de la par­te me­cá­ni­ca, soy me­dio herrero. Pa­ra la de en­ca­je acu­dí a una or­to­pe­dia recomendad­a por los chi­cos de Gé­ne­sis. Por fin en­con­tré lo que bus­ca­ba.

Ya te­ne­mos to­do: com­pa­ñe­ros de en­tre­na­mien­to, la bi­ci pre­pa­ra­da, la prác­ti­ca y las ga­nas que siem­pre po­nes. Va­mos a por re­tos, ¿no?

Co­men­cé en pis­ta y ca­rre­te­ra en ca­te­go­ría MC2. Las dis­tan­cias no eran muy lar­gas y ne­ce­si­ta­ba al­go más. Me apun­té a la ci­clo­tu­ris­ta Ru­ta Mi­ne­ra (Ber­ga) con 3.700 m de des­ni­vel y 150 km. Lue­go sa­lió La Pu­ri­to y des­pués de ha­cer la cor­ta me atre­ví con la lar­ga ha­ce dos años.

Y tam­bién la rue­da gor­da, co­mo la de la moto. Me hu­bie­ra gus­ta­do ha­cer el Da­kar con la moto, pe­ro era muy ca­ro. Sur­gió la opor­tu­ni­dad de acu­dir a la Ti­tan De­sert y no me lo pen­sé. Gra­cias a los chi­cos de Gé­ne­sis con­se­guí via­jar con Co­fi­dis y des­pués con Sa­ni­tas. Fue una ex­pe­rien­cia du­ra, pe­ro no la ol­vi­da­ré ja­más. Ri­card Cal­met fue im­por­tan­tí­si­mo pa­ra al­can­zar la me­ta fi­nal.

Siem­pre te he vis­to ro­dea­do de gran­des gre­ga­rios.

Sin ellos no po­dría, Luis. Hay zo­nas que no pue­do atra­ve­sar en so­li­ta­rio y me ayu­dan. De­jan su bi­ci atrás pa­ra des­pués re­gre­sar a re­co­ger­la y con­ti­nuar el ca­mino. Son muy va­lio­sos pa­ra mí. En la ca­rre­te­ra y en zo­na lla­na no hay pro­ble­ma, pe­ro al­gu­nos des­ni­ve­les son im­po­si­bles con una pier­na.

Y va­mos a por más re­tos.

Sí, hay que se­guir. Iré otra vez a los Cam­peo­na­tos de Es­pa­ña. En 2019 pu­de con­se­guir pla­ta y bron­ce en pis­ta. Quie­ro acu­dir a La Pe­ri­co con Juan­jo y es­ta­mos va­lo­ran­do la po­si­bi­li­dad de ha­cer los dos la Ru­ta Mi­ne­ra en tán­dem.

Sois muy va­lien­tes.

Al me­nos hay que in­ten­tar­lo. Ten­go un ami­go de la moto que cuan­do su­po que mon­ta­ba en bi­ci me lla­mó lo­co. Aho­ra nos reí­mos jun­tos por­que no me si­gue en bi­ci.

¿Có­mo es tu día?

Tra­ba­jo ocho ho­ras co­mo me­cá­ni­co en un ta­ller de ma­qui­na­ria mi­ne­ra. Sal­go a las dos y co­mo rá­pi­do pa­ra ro­dar lo que pue­da so­bre la bi­ci. Des­pués me gus­ta ir al co­le­gio a por mi hi­ja y ha­cer los de­be­res a su la­do. Los fi­nes de se­ma­na pe­da­leo más ho­ras.

Sin una gran fa­mi­lia es­to no se­ría po­si­ble.

Sin du­da, mi mu­jer Ma­ria­na es to­do. Un pi­lar im­pres­cin­di­ble que jun­to a mi hi­ja me dan fuer­za dia­ria. Mi me­jor equi­po.

La bi­ci es pa­ra ti...

Una he­rra­mien­ta que me ayu­da a su­pe­rar ma­los mo­men­tos. Es fun­da­men­tal en mi vi­da. Sin ella me vuel­vo lo­co; es bru­tal.

Gra­cias por cru­zar­te en mi ca­mino y com­par­tir tus lec­cio­nes de vi­da

Gra­cias a vo­so­tros.

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