Ciclismo a Fondo

ENRIC MAS

- Texto Ainara Hernando Fotos Luis Ángel Gómez/Photo Gomez Sport

Reflexione­s del escalador mallorquín, ya como corredor del Movistar Team.

De ese niño que hace cinco años estuvo a prueba en una concentrac­ión con el Tinkoff-Saxo de Contador, del que hace dos, "muy temprano", dice, se subió a su primer podio de una grande, queda todo. "La misma ilusión". Ahora queremos Mas, porque es como si todo hubiesen sido ensayos. Ahora es cuando comienza el espectácul­o de verdad.

Cuando se levanta de la mesa después de la cena, Enric Mas aparece con un gesto severo, casi serio. Hasta cortante, parece. Suele engañar su semblante. En lo que tarda en buscar un sofá y sentarse, estirar las piernas para empezar a hablar, comienzan las bromas. Roba en un descuido los dos folios llenos de preguntas que le esperan. Vivo. Se pone a leerlas. “¿Esto me vas a preguntar?”. Cuando cree que ya ha leído suficiente y las suelta, la grabadora empieza a registrar esa voz tan pausada y calmada suya, en un volumen tan bajo. Eso también engaña. O no, pues toda la ambición y energía la guarda para la bicicleta. Ahí es donde saca la garra. Mientras tanto, para sorprender­le, será mejor cambiarle algunas de las cuestiones. A ver qué es lo que responde.

CAMBIO NECESARIO Ciclismo a Fondo: ¿Cómo comienza esta nueva etapa de tu vida?

Enric Mas: Bien, motivado, contento y con ganas de progresar y seguir aprendiend­o. ¿Había llegado el momento de venir a este equipo?

Creo que sí. El equipo necesitaba un cambio. Yo necesitaba un cambio y por suerte he llegado en un momento que se han ido dos corredores de mucho nombre. Necesitaba­s un cambio.

Ya sabemos que el Deceuninck-QuickStep no es un equipo de grandes vueltas y por eso tenía que cambiar. Por nada más; ahí estaba perfecto. ¿Era algo inevitable?

Sí, eso es. A lo mejor si hubiera corrido el año anterior aquí no hubiese aprendido tanto como lo hice estando al lado de Alaphilipp­e en el Tour de Francia. No habría vivido toda esa experienci­a de que alguien de tu equipo vista el maillot amarillo y observes lo que conlleva eso de llevar el liderato. Ha sido el momento correcto. ¿Es mejor desembarca­r en este equipo así, haciendo el camino largo, ganándote los galones de líder fuera y llegar con un poco más de peso que como una promesa y quedarte relegado a ser un gregario?

Sí. Sabemos que Eusebio -Unzuésiemp­re protege mucho a los corredores jóvenes. No quiero decir que descarte llevarles a una grande, pero sí que los

primeros años normalment­e los ciclistas de Movistar van más lentos. Con la filosofía española. Yo, por suerte, el primer año de profesiona­l pude ir a La Vuelta y ya conocí lo que era hacer una grande. Algo diferente. Me ha curtido. El podio de La Vuelta lo hice en la segunda grande, mi segundo año como profesiona­l. Era pronto y creo, porque ahí estaban Nairo y Alejandro, que si hubiera corrido con Movistar hubiese trabajado para ellos. ¿Cómo es el Enric que llega a Movistar Team?

Llego con tres años como profesiona­l. Hay líderes de equipos que han hecho

diez o quince. Pero somos consciente­s de que poco a poco voy creciendo y espero no parar de hacerlo. ¿Y qué sueños tienes?

Estar aquí muchísimos años con esta familia que tan bien nos trata. Estoy disfrutand­o aquí. En lo deportivo, hacerlo lo mejor posible, intentar ganar carreras. Todas las que pueda. ¿Ninguna en concreto?

Todas. Eso es ambición.

Así es. También inconformi­smo. De pequeño no quieres perder ni a las canicas y de mayor deseas ganar en la bicicleta. Hay gente que nace competitiv­a y otra que no. Yo, por buena o mala suerte, nací competitiv­o. ¿Eso es más positivo que negativo?

En algunos aspectos de la vida, sí; en el ciclismo, sin duda. ¿Y para qué es malo?

Bueno, para tener pocos amigos creo que también es bueno (ríe) Si lo traduces a una vida personal, al final no te lleva a ninguna parte. ¿Qué te dijo Patrick Lefevere cuando os despediste­is?

Que tenga mucha suerte y que ya nos veremos en las carreteras. ¿Y Eusebio cómo te ha recibido?

Bien. Llevo hablando con él desde antes de ser profesiona­l. La tranquilid­ad que me da, no me la da otra persona. En el sentido de poder conversar de todo con un mánager. ¿Alimentan las piernas esos sueños de los que hablabas?

De eso se vive. De las ganas de intentar vencer carreras, de mentalizar­te de que llegan tres semanas de entreno y debes afrontarla­s con ánimo, cuidarte, hacer todo bien porque tienes objetivos: Vuelta a Andalucía, París-Niza... Descansar bien y hacer lo que esté en mi mano para poder ganar esa carrera. Todo eso nace de la ambición.

JEFE DE FILAS

¿Te sientes preparado para ser un indiscutib­le jefe de filas?

No lo sé. Sabemos que el podio de La Vuelta fue muy temprano. Soy consciente. Pero estoy trabajando para eso. Creo que en un futuro puedo serlo y espero que así sea. ¿Fue bueno ese podio tan temprano?

Para mí sí, eso que ya tengo. En cuanto a la presión, en realidad, hago caso a la que me pongo yo. El equipo puede decirte que tienes que ganar esta carrera, pero si has estado malo, o lo que sea... La presión verdadera es la que se marca uno mismo. ¿Qué te has encontrado en este Movistar tan revolucion­ado y diferente?

Una familia. Que el papá es Alejandro (ríe) y no me quiero olvidar del resto de corredores, como Imanol Erviti, Rojas, Nelson Oliveira... Y este año ha entrado Dario Cataldo, corredores que tienen muchísima experienci­a y son ellos los que nos llevarán hasta pie de puerto. Luego me toca a mí para arriba. ¿Has hablado con Eusebio de quiénes serán tus lugartenie­ntes, los que te protegerán?

Todo el equipo está capacitado para eso. Todos son buenísimos y muy importante­s. ¿Cómo era el Enric que llegó a Deceuninck-QuickStep?

Era diferente. Cuando llegué era un niño que cumplía un sueño, ser profesiona­l. Quería aprender y disfrutar de ese año. Ahora soy otro ciclista, con una sensación diferente, un poco más hecho. ¿Qué aprendizaj­e te llevas de los años transcurri­dos allí?

3

La mayor diferencia es la manera de leer la carrera que tiene el Deceuninck. Como he dicho, es la filosofía belga. Allí es ganar etapas, hacer abanicos... Además de haber conocido un idioma y otras culturas; he aprendido muchísimo. ¿Qué nota le pones a la temporada 2019?

Un 8 o un 8,5. Los primeros meses estuve esperando un contrato que me iba a cambiar la vida por completo.

Fue un año en el que me caí en País Vasco cuando estaba muy bien y me volví a caer en una concentrac­ión en Sierra Nevada antes del Tour. Allí me pasó todo eso de reventar, de perder los tres minutos en el Tourmalet y al día siguiente ya exploté del todo. Y luego llegué a un final de temporada que estaba en Andorra junto a ocho o diez ciclistas que íbamos a competir todavía y no teníamos esas ganas de hacer series. Debíamos completar seis horas de entrenamie­nto y cuando nos juntábamos nos preguntába­mos: ¿qué hay que hacer hoy? Al final hacíamos todos lo mismo. Y terminé el año muy bien. ¿Mentalment­e, el Tour fue un golpe duro?

Para mí, no. Lo normal era eso, lo que no lo era es que empezara el día del Tourmalet, la etapa 14ª, cuarto en la general. Lo lógico era que reventara algún día. Me lo esperaba. Estaba convencido de que, vale sí, podía hacer un buen Tour, pero que el primero siempre es ‘jodido’. Fue para eso, para saber lo que te viene en un futuro. Alaphilipp­e tuvo el maillot amarillo durante catorce días y yo le veía, me fijaba mucho en lo que sucedía cuando llegaba al hotel y después de las etapas en el bus. Intenté fijarme por si acaso, ojalá sea así, algún día puedo vestir el maillot y hacerlo a mi manera. No fue, entonces, traumático.

No, para nada. Es más, el segundo día que reventé llegué bien a la meta de Prat d’Albis. La experienci­a te lleva a gestionar mejor esas cosas.

LECCIONES E ILUSIONES

¿Qué es lo más importante cuando, como en tu caso, haces una crono tan buena en tu primer Tour y al día siguiente te das de bruces contra la montaña?

Ese día, después de la crono, me dejé llevar un poco por la euforia y al día siguiente me tocó bajar. Es una lección más. Algo que podré contar si algún día tengo hijos, o a mis nietos. O a mis amigos. ¿Cuál ha sido el peor día de tu carrera?

Los días de frío. La Lieja del año pasado, con agua, fue un día largo, duro. Ahora no recuerdo muy bien, pero algunos días he pasado mucha miseria. Yo creo que el cuerpo lo quiere olvidar. ¿Y el mejor?

Hay muchos. Todas las victorias y los tres contratos profesiona­les que he firmado también han sido bonitos. ¿Te cansa esto de que te llamen continuame­nte 'El Heredero'?

En el último año me lo dicen menos. Se ve que Alberto ya lleva dos años sin correr, este es el tercero, y la gente ya no piensa en eso, parece. Tampoco me importa. ¿Qué queda de ese niño que subió a un vuelo para ir a Sicilia estando todavía en su Fundación para estar unos días a prueba con el Tinkoff-Saxo en su concentrac­ión en enero de 2015?

Queda bastante, tengo la misma ilusión. Sí que es verdad que con diferente mentalidad, pero soy el mismo, que está luchando por lo mismo, que es ganar carreras y cumplir su sueño. ¿Sigue siendo la bici algo divertido?

Sí. El día que no lo sea, o se cambia de equipo o se deja el ciclismo. Pero sí. ¿Qué es lo mejor de montar en bici?

Todo. Para mí, los paisajes que te brinda un día de seis o siete horas, que aparte de sufrir y llegar muerto a casa, disfrutas. Los días de lluvia también son bonitos. Los de mucho calor me gustan. Son experienci­as de joven que contaré de viejo. ¿Y lo peor?

El peligro que tenemos en la carretera. Entrenando y corriendo también porque te pilla un bache, un bordillo o una montonera y...

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