Ciclismo a Fondo

Encuentro de leyendas: el anfitrión felicita al ganador, Valverde.

Alejandro Valverde (Movistar Team) se regaló en Estella una exhibición para regresar por la puerta grande a la senda de la victoria, 582 días después de su último triunfo.

- Texto Ainara Hernando Fotos Luis Ángel Gómez/Photo Gomez Sport

Un año y ocho meses. O lo que es lo mismo, 582 largos y eternos días, con sus noches, sus puertos y sus metas sin verle lucir resplandec­iente, triunfador y alegre. Un año y ocho meses. 582 días y una pandemia mundial que lo ha cambiado todo y todas esas dudas. Sobre el tiempo que pasa, el parón obligado que quizá le habría penalizado como a nadie, las arrugas que se notan más de la cuenta y las piernas duelen mucho más que antes. 582 días con sus preguntas, tantas dudas y sin una victoria desde aquella de Mas de la Costa, vestido con el maillot arcoíris, en la séptima etapa de la Vuelta a España 2019.

Demasiado tiempo de sequía y vacío para alguien como Alejandro Valverde, que está acostumbra­do al todo. A que su talento y su magia se transforme en éxito asegurado. Si no es aquí, será en la siguiente. Pero venía la siguiente y no era ahí. Ni tampoco allá, así el tiempo fue pasando y las dudas transformá­ndose en insegurida­des. “Pero más que el peso de los años en las piernas es todo mental, como si el cuerpo se relajara y quisiera disfrutar un poquito más. La capacidad de agonía y sufrimient­o no llega a ser tan intensiva”, se explicaba hace unos meses él mismo. Como si a estas alturas, con todo ganado y nada que demostrar, tuviera que dar explicacio­nes.

Que ya son 41 años y forma parte de la ley injusta de la vida. El paso del tiempo, ya nada es como antes. Que todo entra dentro del guion que puede denominars­e normal. Pero eso no quita para que uno se sienta desolado, en un vagar por el desierto que conduce irremediab­lemente a la retirada, a una nueva etapa y a otra vida. Eso parecía y así debe ser en cualquier mortal, pero aquí no se escribe de alguien normal, sino de una leyenda. De ese niño al que llamaban el Imbatido a quien los padres de sus rivales en cadetes y escuelas le suplicaban que dejase ganar a sus hijos. Del joven portentoso que en su segundo año como profesiona­l ya logró ser plata en el Mundial de Hamilton y podio en La Vuelta, del espléndido cuarentón que se hizo con el arcoíris con más de 120 victorias a sus espaldas. Y del hombre que resurge de esas cenizas a las que parecía verse reducido, emociona y levanta a todos. El Alejandro Valverde que ya es una leyenda. Ese ciclista espectacul­ar y valiente, el de los mejores días, se revuelve en el alto de Eraul, a 10 km de la meta, por dos veces. Dos ataques que anuncian su regreso más estridente. Nadie es capaz de seguirle y se marcha decidido a por Luis León

Sánchez, que rueda en cabeza. Por poco tiempo.

Para entonces, Movistar Team ya se había encomendad­o a sus piernas, como sucede casi siempre en las carreras españolas y más especialme­nte en sus tierras, las navarras. El equipo de Eusebio Unzué tomó las riendas desde bien pronto con un soberbio -como ya viene siendo costumbre- Carlos Verona, junto a Jorge Arcas y Héctor Carretero controland­o la fuga de la jornada. Enric Mas dio el susto en el descenso del segundo paso por Ibarra, al sufrir una dura caída que provocó su retirada por precaución, aunque sin nada roto. El bloque telefónico siguió mirando de frente a la carrera apostándol­o todo a Valverde y el murciano respondió como nunca. Sólo en el momento en que se formó un pequeño grupo comandado por Luis León Sánchez apareciero­n las dudas. Pero el empuje de equipos como Bahrain Victorious y Cofidis los acercaron y Valverde vio llegado su momento. Un ataque, dos, y a por la victoria que tanto se había hecho de rogar.

Valverde alcanzó a Luis León en el descenso de Eraul, mientras por detrás se organizaba el contraataq­ue de Lutsenko, que los atrapó. “Ahí he tenido cierto temor porque son dos corredores superfuert­es”, reconocía después. El Bala aceleró y en el último repecho camino de Estella acabó por soltarlos para encontrars­e con la bella dama que es la victoria. Y no una cualquiera. Después del paso del tiempo y del tiempo que pasa, pero no para él. “Esto me da muchísima alegría”. En el podio se encontró con Miguel Indurain, el encargado de darle su más que merecido premio. Choque de manos entre dos ciclistas irrepetibl­es. Únicos.

Entonces quiso acordarse de Gary Baños, el masajista, compañero y colega con el que no podrá reírse ni bromear más porque la montaña se lo llevó hace unas semanas. “Allá donde esté seguro que ha recibido esta victoria con muchísimo cariño”. Allá donde esté, seguro que empujó un poco para romper esta sequía y volver a sonreír como él hacía. En la meta, Valverde entró agitando su mano. Tres victorias en el GP Miguel Indurain. Como diciendo adiós... ¿o quizá era un hola, sigo aquí?

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 ??  ?? SINFONÍA AZUL. Carlos Verona fue el principal lugartenie­nte del solista Valverde, que perdió a Enric Mas por una caída. Movistar Team trabajó en firme para colocar a su líder en lo más alto del podio.
SINFONÍA AZUL. Carlos Verona fue el principal lugartenie­nte del solista Valverde, que perdió a Enric Mas por una caída. Movistar Team trabajó en firme para colocar a su líder en lo más alto del podio.
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