Ciclismo a Fondo

Aprender a base de sufrir

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Fue el cuarto clasificad­o de un Giro, el de 2020, que al disputarse en otoño quedaba muy cercano en el tiempo y el recuerdo. Quince días se pasó vestido de rosa. Fue la sensación, joven, atacante. Todo lo atractivo que puede llegar a ser un ciclista como él para un equipo que jamás ha apostado por luchar por una gran vuelta. Todo un caramelo. Pero a las grandes expectativ­as con las que acudió Joao Almeida se le cruzó un huracán: el regreso de Remco Evenepoel. Deceuninck-QuickStep lo alineó en esta

Corsa Rosa, pero en ningún momento le dio la confianza que había demostrado merecer. Tuvo que compartir protagonis­mo con Evenepoel. Belga como el equipo y con contrato hasta 2026. No como él, que cuando expire la temporada echará a volar lejos de la sibilina mirada de Patrick Lefevere. Ni él ni sus directores apostaron por el luso y mucho menos con la euforia de ver a su perla recién salido de una tediosa recuperaci­ón haciendo las delicias del mundo y posicionán­dose para batirse en duelo con Egan Bernal. Que a Evenepoel se le iba a hacer largo el Giro era el temor de todos y aun así apostaron por él en detrimento del portugués.

Los hechos tampoco ayudaron cuando Mikel Landa se movía camino de Sestola y Almeida claudicaba. Después llegó el sterrato y la polémica. Recuperó sensacione­s y se marchó con los favoritos, pero Evenepoel sufría por los caminos de tierra. Aunque le costó, entre aspaviento­s y los gritos de Remco, que se quitó el pinganillo, paró a socorrerle. La mecha del cabreo estaba encendida.

"Tenía posibilida­des de medirme con los mejores, pero cumplí con las órdenes de esperar a Remco. ¿Si me siento decepciona­do? Prefiero callar a decir lo que pienso. Era una etapa fantástica en la que pude llegar lejos. El ciclismo es un deporte de equipo y mandan los directores deportivos. Todos los días aprendo y hoy aprendí mucho".

Lecciones a base de sufrimient­o. Después de esa polémica, Almeida quedó en un segundo plano. Aprendió a esperar. Primero con la caída y retirada de Evenepoel cuando ya estaba fundido y después al encadenami­ento de las últimas etapas de montaña en las que rascó dos segundos puestos en Sega di Ala y Alpe di Mera. Allí sacó la casta para amarrarse con uñas y dientes, descolgánd­ose, volviendo a entrar y a sufrir, para, tras una crono notable -5º-, acabar sexto en la general... a centésimas de Dani Martínez. "Di todo lo que tenía dentro para alcanzar el podio y, aunque no lo he logrado, estoy satisfecho conmigo mismo", declaró el portugués de 22 años, a quien se vincula con Bora y UAE de cara al futuro.

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Texto Ainara Hernando Foto Ilario Biondi/Bettini Photo

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