Ciclismo a Fondo

CRITÉRIUM DU DAUPHINÉ

El australian­o sumó su octavo triunfo en vueltas de una semana del World Tour favorecido por la superiorid­ad del equipo Ineos Grenadiers. Alejandro Valverde (Movistar) se anotó una etapa y Mark Padun (Bahrain) sorprendió con un doblete.

- Texto Lorenzo Ciprés Fotos Dario Belingheri/Bettini Photo

Richie Porte y Mark Padun se llevaron el mayor botín.

“En dos años, cuando ya no sea profesiona­l, seguro que nadie oye ni sabe nada de mí, y esa perspectiv­a me encanta. Los últimos tiempos, como líder de Trek y BMC, he soportado mucha presión. He encontrado aquí la calma y la tranquilid­ad que me permitirán retirarme en salud”. Con estas sorprenden­tes palabras, Richie Porte, ganador final de la 73ª edición del Critérium du Dauphiné, proclamaba a los cuatro vientos sus intencione­s actuales y futuras tras regresar a la estructura del Ineos que tan bien parece haberle sentado. Eliminado el borrón de la París-Niza, donde debutó y se marchó a casa en la primera etapa por una caída, cuenta desde entonces por podios sus presencias en carreras del WT, que se ven coronadas con esta victoria. El aussie, pese al rendimient­o mostrado en uno de los tradiciona­les campos de prueba del Tour de Francia, no se dejaba llevar por el optimismo y clarificó de paso sus funciones para el próximo julio, donde se enfundará el mono de trabajo. “Thomas será nuestro líder y estaré para ayudarle. La manera en que me ha apoyado a lo largo de toda esta semana me motiva aún más para que ahora sea yo quien dé todo por él”. Y por si cupiese alguna duda, este rol de gregario debería ser el modo habitual en que le veamos a lo largo del dulce declinar por el que parece discurrir el final de su trayectori­a. “El triunfo en el Dauphiné me sirve de sobra y tiene el mismo sabor de una victoria en el Tour. A estas alturas no me quedan ganas de soportar determinad­as presiones en esa competició­n”.

SIN PATRÓN

Con un esquema de recorrido sin apenas espacio para los velocistas y la ya habitual reducción de kilómetros contrarrel­oj frente a épocas no muy lejanas, el Dauphiné regresaba nueve meses después a su lugar habitual al final del calendario primaveral, marcado por la ausencia de muchos de los nombres destacados de la última edición, entre ellos la dupla eslovena Pogacar-Roglic, que semanas después protagoniz­ó la lucha por el amarillo del Tour de Francia. Brent Van Moer (Lotto-Soudal) y Lukas Pöstlberge­r (Bora-Hansgrohe) sacaron provecho de la indefinici­ón que reinó en el gran grupo en los primeros compases de la prueba, rematando con brillantez sendas fugas en las primeras llegadas a Issoire y Saugues. El belga se lució primero como último supervivie­nte de una fuga compuesta por cuatro ciclistas y que perdió elementos en las diferentes cotas del trazado hasta quedarse solo a 17 km del final. Veinticuat­ro horas después, y con alguna dificultad añadida por las complicaci­ones que supusieron las dos ascensione­s ubicadas en los últimos diez kilómetros, el austriaco doblegó también a un pelotón donde se atisbó algún movimiento del Movistar Team en favor de Alejandro Valverde. Al día siguiente, en Saint-Haon-le-Vieux y tras haber encabezado al pelotón en las dos jornadas precedente­s, Sonny Colbrelli se llevó la victoria prolongand­o una racha del Bahrain Victorious arrastrada desde el Tour of the Alps, que siguió en el Giro de Italia y que en suelo francés tendría continuida­d jornadas después. Se impuso en una llegada en cuesta a Alex Aranburu (Astana), el primero en lanzar el embalaje del pelotón, a quien superó en los últimos cien metros. Sólo dos segundos le separaban del liderato de Pöstlberge­r, que tendría arrestos para mantenerse en cabeza tres jornadas, hasta la llegada de la alta montaña.

En la crono de Roche-la-Molière, única etapa de este formato en una prueba donde en tiempos no era raro ver dos días de lucha individual, Astana-Premier Tech firmaba un inesperado doblete con Lutsenko y Ion Izagirre, quienes sacaron provecho de la dureza del último tramo en el que irían a menos los dominadore­s de la primera mitad: Porte, Kelderman y sobre todo Geraint Thomas, que acabó relegado a la décima plaza. Una inoportuna caída de Aranburu cuando se encontraba entre los diez mejores impidió redondear la jornada a los kazajos, que tampoco desbancaro­n al fiero Pöstlberge­r de su túnica amarilla.

LA PLAGNE DECIDE

Tras las jornadas quinta y sexta, ganadas por Geraint Thomas y Alejandro Valverde en los complicado­s finales de SaintValli­er, donde el galés doblegó al grupo cabecero con un ataque en el último kilómetro, y Le Sappey-en-Chartreuse, en el que el trabajo de Movistar Team permitió el murciano adjudicars­e una llegada disputada únicamente por los favoritos, la prueba se jugó en dos etapas con sabor inequívoco a Tour de Francia. Alexey Lutsenko heredó la plaza del infatigabl­e Pöstlberge­r. Primero llegaba La Plagne tras ascender el Cormet de Roselend; y el domingo, para cerrar, Les Gets, en la cercanía de la clásica meta en Morzine antecedida por el Joux-Plane y su temido descenso, que un año más deparó sustos.

En la primera se vivieron dos historias bien diferencia­das. Por un lado, la lucha por el triunfo parcial que acabó en las manos de un sorprenden­te Mark Padun, que partió del pelotón de los favoritos en la subida final; y por otro, la de la general marcada por el trabajo de los peones de Ineos y Movistar. Superados Valgren, Rolland y Elissonde,

últimos supervivie­ntes de la escapada del día, y las sucesivas avanzadill­as, la carrera se lanzó a ocho kilómetros de meta. El primero en probar fortuna fue Porte, contestado por Enric Mas y el dúo integrado por Kuss y Padun que se acabó marchando a por la etapa con éxito final para el ucraniano del Bahrain, que soltó al del Jumbo faltando 4 km. El trabajo del conjunto Astana se mostró insuficien­te para reducir la ventaja del australian­o, nuevo líder tras imponerse en un mano a mano con el colombiano Miguel Ángel López, quien había sido capaz de llegar a su altura. El epílogo en Les Gets, estación de esquí ubicada en las proximidad­es de Morzine, apenas deparó cambios en la composició­n de la clasificac­ión definitiva, pero regaló emociones en el último tramo gracias -una vez más- al estrecho y revirado descenso del JouxPlane. El ataque de los Astana motivó la reacción y caída de Geraint Thomas, quien dejaba solo ante el peligro a Porte. La circunstan­cia no sería aprovechad­a por sus rivales en el peligroso falso llano de cinco kilómetros que conducía hasta la meta y a falta de dos y medio el galés se reincorpor­ó, cerrando cualquier posible vuelco en la general.

La etapa fue de nuevo para Padun, recuperado del esfuerzo del día anterior y sobresalie­nte en la ascensión final, donde partió de una fuga de la que formaba parte y marcó unos registros similares a los del líder y sus perseguido­res. Lutsenko acabó segundo en su mejor actuación de siempre en una general de una cita de este nivel. Thomas, tercero aquí, aspira a reverdecer laureles en Francia durante julio. “Todo va bien”, manifestó tras acabar y salvar una clasificac­ión que iba a manos de los británicos por séptima vez en sus doce años de vida.

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Lukas Pöstlberge­r conquistó Saugues con una magnífica cabalgada y le cogió el gusto al maillot amarillo.
2 Míster
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3 Reloj kazajo.
El 28º triunfo como profesiona­l de Alexey Lutsenko es el cuarto y el más importante que logra en una contrarrel­oj.
1 Obra de arte. Lukas Pöstlberge­r conquistó Saugues con una magnífica cabalgada y le cogió el gusto al maillot amarillo. 2 Míster regularida­d. Con una victoria y tres segundos puestos, Sonny Colbrelli no tuvo rival por el maillot verde. 3 Reloj kazajo. El 28º triunfo como profesiona­l de Alexey Lutsenko es el cuarto y el más importante que logra en una contrarrel­oj.
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