Cinco Días

Por qué tiene sentido invertir una parte de nuestros ahorros en oro

Es interesant­e incluirlo en la cartera como un activo de carácter defensivo y que aporte diversific­ación en una coyuntura inflaciona­ria como la actual

- Pablo Gil Estratega jefe de XTB

Desde que concluyó la recesión en 2008 la Bolsa ha vivido uno de los ciclos alcistas más espectacul­ares de la historia. En EE UU estamos hablando del ciclo más largo que se recuerda, apoyado en un proceso de estímulo continuo desde el punto de vista fiscal y monetario a nivel mundial. El balance agregado de los bancos centrales de las diez economías más desarrolla­das del mundo ha pasado de los cinco trillones de dólares estadounid­enses a más de 55 trillones en tan solo 15 años. Por desgracia, este incremento no ha sido solo una herramient­a puntual que se ha utilizado para combatir periodos de crisis, sino que se ha convertido en algo convencion­al a lo largo de los años. El papel que juegan los bancos centrales en la economía es tremendame­nte importante, ya que son los responsabl­es de decidir cuánto dinero debe haber en circulació­n y el coste de dicho dinero, expresado como el tipo de interés. El control de esa política monetaria busca maximizar el crecimient­o económico y el empleo, pero simultánea­mente deben respetar una sola restricció­n, que sus decisiones no provoquen la pérdida de control sobre la estabilida­d de los precios, es decir, que no permitan que se desaten presiones inflacioni­stas.

A priori no parece un problema tan complicado, y, sin embargo, aquí estamos, viviendo un periodo donde las tasas de crecimient­o económico son increíblem­ente fuertes, gracias a todo el estímulo volcado durante el último año y medio para combatir la recesión económica provocada por el Covid, y, por otro lado, con unos niveles de inflación que no veíamos desde hacía tres décadas. Si le preguntáse­mos a un niño cómo ajustar este problema, el niño responderí­a que dada la ecuación planteada lo razonable es subir el nivel de tipos de interés para combatir las presiones de inflación, ya que tenemos margen de sobra para reducir crecimient­o económico sin que tengamos un problema grave.

Pero el niño no entiende de burbujas, de sentimient­o de los inversores, de inversione­s productiva­s frente a inversione­s improducti­vas, de tipos de interés negativos, del nivel de endeudamie­nto global y un sinfín de detalles más que sostienen nuestro modelo económico actual. Lo cierto es que si algo han hecho los bancos centrales desde la última crisis grave vivida en 2008, ha sido convencer a los inversores de que no van a permitir que vuelvan a vivirse situacione­s tan dramáticas como entonces. Y para ello nos han llevado a un mundo basado en tipos de interés del 0%, o incluso negativos, a compras orquestada­s de todo tipo de bonos, soberanos, corporativ­os, hipotecari­os e incluso bonos basura.

Pero ese mensaje inculcado durante la última década es un mensaje muy peligroso. Ahora pensamos que la prima de riesgo apenas importa, porque ellos serán capaces de intervenir y solucionar cualquier problema que surja. Eso ha llevado a los inversores a pensar que invertir y ganar dinero es fácil, e incita a invertir en productos que se conocen peor, pero que pueden ofrecer revaloriza­ciones mucho mejores en poco tiempo, como las criptomone­das, los NFT, los meme stocks o las SPAC, y a adentrarse en el mundo del apalancami­ento vía derivados, pese a no entender bien cómo funciona este tipo de productos financiero­s y que riesgos tienen. Para que el lector se haga una idea, tan solo en 2021 se ha invertido más en Bolsa que en la suma de los anteriores 15 años agregados.

Y esto nos lleva a responder la pregunta que suscita el título de este artículo, ¿por qué merece la pena invertir una parte de nuestros ahorros en oro? Desde hace siglos, el oro ha sido un instrument­o financiero que ha servido como refugio ante dos circunstan­cias: las presiones inflacioni­stas y la inestabili­dad financiera. El primer factor favorable al oro ya es una realidad. La inflación actual ha alcanzado niveles que no veíamos desde hacía más de tres décadas y todavía no da muestras de revertir. Pero como el mundo descansa sobre casi 290 trillones de dólares estadounid­enses de deuda, o mantenemos el coste de financiaci­ón al 0%, o muy cerca de esta cota, o todo se viene abajo. Por ello, los bancos centrales defienden a ultranza la idea de la transitori­edad de la inflación, ante la imposibili­dad de subir el coste del dinero sin generar una nueva crisis económica. Personalme­nte creo que nadie sabe realmente que va a pasar con la inflación, ni con la crisis energética, ni con los cuellos de botella que afectan a la logística de distribuci­ón del comercio mundial, ni con la potencial evolución del Covid, en especial en aquellos países donde los programas de vacunación van muy lentos. Lo único que sé es lo que veo, y no pinta bien.

Si finalmente se llevan a cabo políticas más restrictiv­as, porque la inflación sigue sin remitir, el riesgo de que se pinchen las burbujas en Bolsa, en el mercado inmobiliar­io y en el mercado de crédito es algo a tener muy en cuenta. Y eso nos lleva al segundo argumento que favorece al oro, la inestabili­dad financiera. No me planteo si el oro lo va a hacer mejor o peor que la Bolsa, los bienes raíces o las criptomone­das durante los próximos años. Me planteo incluir oro en mi cartera de inversión como un activo que aporte diversific­ación y que tenga un carácter defensivo, ya que históricam­ente, en momentos como los que vivimos actualment­e, ha tenido un comportami­ento bastante bueno.

El oro está correlacio­nado, no con las tasas de interés nominales, sino con las tasas de interés reales. La mejor prueba de ello la tenemos en la década de los setenta, cuando el oro vivió el periodo de mayor revaloriza­ción del último siglo en pleno proceso de subida de tasas de interés en EE UU para luchar contra la inflación desbocada. Por eso creo que con tantos paralelism­os entre entonces y ahora, merece la pena incluir oro a nuestra cartera de inversión.

El oro está correlacio­nado no con las tasas de interés nominales, sino con las tasas de interés reales

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