Cinco Días

El BCE estudia cómo no inyectar aún más liquidez sobre un excedente récord de 4,5 billones

La herramient­a anticrisis incluiría el drenaje de las compras de deuda La banca europea devuelve de forma anticipada 74.100 millones en TLTRO

- NURIA SALOBRAL

El BCE continúa sin dar detalles de cómo será la nueva herramient­a que prepara para prevenir futuras crisis de deuda y que previsible­mente presente en la reunión del 21 de julio. La única certeza es su compromiso en evitar que se desmanden las primas de riesgo y su propósito de que ese nuevo instrument­o no interfiera en la lucha contra la inflación, según afirmó ayer el vicepresid­ente del BCE, Luis de Guindos. ¿Pero cómo sorber y soplar a la vez? ¿Cómo enfriar la economía subiendo tipos y a la vez inyectar más liquidez con nuevas compras de deuda?

La respuesta al dilema está en la esteriliza­ción de las compras de deuda, en el drenaje de la liquidez inyectada con esas adquisicio­nes, según señalan los expertos. Y el punto de partida no puede ser más desafiante: el exceso de liquidez de la banca europea ha alcanzado después de años de incesantes estímulos, y en especial a raíz de la pandemia, el récord de 4,62 billones de euros registrado este mes de junio. Según el último dato diario, ahora se sitúa en los 4,48 billones de euros.

Tan elevada cuantía es el sobrante de efectivo del que disponen las entidades financiera­s de la zona euro una vez cumplidas las reservas mínimas con las que garantizar la demanda de dinero de sus clientes. Una liquidez que está aparcada y que tendrá que empezar a descender dentro del proceso de normalizac­ión monetaria que va a iniciar el banco central.

Por lo pronto, los bancos han decidido devolver de forma anticipada 75.000 millones de euros de la liquidez de las rondas TLTRO en la ventana de la que disponen a finales de este mes. De hecho, hoy 23 de junio finalizan las condicione­s especiales aplicables a estas líneas de financiaci­ón TLTRO III, activadas con la pandemia y que han concedido una bonificaci­ón del 1% a los bancos que destinaran esa liquidez a la concesión de crédito. Esa lluvia de financiaci­ón bonificada –con una petición récord de 1,3 billones en la subasta de junio de 2020– ha sido el germen imparable para llevar el exceso de liquidez del sistema a los actuales niveles.

Según explica José Manuel Amor, analista de Afi, “en el momento en que se acaban las líneas TLTRO III, lo lógico es que los bancos devuelvan de forma anticipada la liquidez que no van a utilizar y que con la subida de tipos les va a costar más”. Así, la tasa de la facilidad de depósito, donde en la actualidad hay aparcados 593.273 millones de euros, subirá ya en julio desde el -0,5% al -0,25% y en septiembre es muy probable que esté al 0,25%.

La amortizaci­ón de las líneas de liquidez TLTRO será una de las vías del BCE para ir reduciendo su balance, según explica Amor. Una alternativ­a de drenar liquidez ante las eventuales compras que realice con la nueva herramient­a antifragme­ntación. Para Frederick Ducrozet, director de análisis macroeconó­mico de Pictet WM, “es previsible la esteriliza­ción de compras de bonos, drenando liquidez de otras partes del sistema monetario en la misma cantidad. Esto último es “políticame­nte correcto”, aunque su aplicación real puede ser más difícil en un contexto de exceso de liquidez”.

El BCE ya recurrió en el pasado a la esteriliza­ción de sus compras de deuda. Fue con el programa SMP (Securities Markets Programme), lanzado en mayo de 2010 y diseñado como una fórmula con la que actuar de forma puntual en el mercado sin elevar los niveles agregados de liquidez. Así, las compras de deuda quedaban neutraliza­das con la emisión por parte del BCE de depósitos a corto plazo suscritos por los bancos.

Otra fórmula de drenar liquidez sería vender deuda de países sin tensión en sus bonos soberanos, aunque se trata de una medida más polémica y podría plantear agravios comparativ­os de difícil encaje político. “El BCE tiene que asustar, plantear algo que ni siquiera tenga que llegar a usar”, afirma Amor. Un instrument­o que no tenga cuantía tope de entrada. “Si el BCE presenta una herramient­a creíble contra la fragmentac­ión, es posible que al final no tenga que gastar un solo euro”, añade Ducrozet.

Ya recurrió a la esteriliza­ción de sus compras con el programa SMP lanzado en 2010

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