LOS DIEZ DEL TI­TA­NIC

Clío - - CITAS CON LA HISTORIA -

El li­bro Los diez del Ti­ta­nic, es­cri­to por Ja­vier Reyero, Cris­ti­na Mos­que­ra y Na­cho Mon­te­ro re­co­ge la his­to­ria de los diez es­pa­ño­les que via­ja­ban en el trasatlántico. Víc­tor Pe­ñas­co y Ma­ría Jo­se­fa Pé­rez de So­to, un ma­tri­mo­nio ma­dri­le­ño que iba acom­pa­ña­do por su don­ce­lla, Fer­mi­na Oli­va, el avi­le­sino Servando Oviés, la ma­la­gue­ña En­car­na­ción Rey­nal­do, el gru­po de los ca­ta­la­nes, for­ma­do por Ju­lián Pa­dró, Emi­lio Pallás y las her­ma­nas Flo­ren­ti­na y Asun­ción Du­rán y el úni­co miem­bro de la tri­pu­la­ción de ori­gen es­pañol, el bar­ce­lo­nés Juan Mon­ros. Servando Oviés, Juan Mon­ros y Víc­tor Pe­ñas­co fa­lle­cie­ron. Pa­ra es­te úl­ti­mo, un hom­bre adi­ne­ra­do, el Ti­ta­nic y Nue­va York su­po­nían un bro­che de oro a su lu­na de miel. En­tre los ob­je­tos que mues­tra la ex­po­si­ción, se en­cuen­tran va­rias de sus per­te­nen­cias y su smo­king. en Eu­ro­pa y te­nía la in­ten­ción de par­tir de ce­ro en Amé­ri­ca. Ca­da ob­je­to, ca­da car­ta, ca­da jo­ya cuen­ta una his­to­ria. Y en el Ti­ta­nic hay mi­les: a bor­do via­ja­ban más de 2.200 per­so­nas —fa­lle­cie­ron más de 1.500—. "Es di­fí­cil que­dar­se con una so­la —di­ce Wet­ter­holm—, pe­ro una de las más con­mo­ve­do­ras es la del ani­llo". El his­to­ria­dor se re­fie­re a una jo­ya que per­te­ne­cía a la pa­sa­je­ra de na­cio­na­li­dad sue­ca Ger­da Lin­dell y que fue en­con­tra­do en uno de los bo­tes sal­va­vi­das. Ger­da y su ma­ri­do, Carl Olof Jans­son sal­ta­ron al agua cuan­do el bar­co es­ta­ba ya hun­dién­do­se y se di­ri­gie­ron al bo­te A, que es­ta­ba aba­rro­ta­do y lle­nán­do­se de agua. Carl subió a bor­do, pe­ro Ger­da, aun­que se afe­rró a la mano de su ma­ri­do, no fue ca­paz de sa­lir del agua. Am­bos fa­lle­cie­ron a cau­sa de la hi­po­ter­mia, pe­ro an­tes de que Carl sol­ta­ra la mano de su mu­jer, el ani­llo de ma­tri­mo­nio se des­pren­dió del de­do y ca­yó al fon­do del bo­te. Los pa­sa­je­ros fue­ron mu­rien­do por con­ge­la­ción, pe­ro 14 de ellos re­sis­tie­ron has­ta que una bar­ca en la via­ja­ba el oficial Lo­we les res­ca­tó. El bo­te A que­dó a la de­ri­va y con él, el ani­llo de Ger­da. Ca­si un mes des­pués de la tra­ge­dia, la em­bar­ca­ción fue res­ca­ta­da y la jo­ya re­cu­pe­ra­da. "El ani­llo fue en­via­do de un lu­gar a otro has­ta que fi­nal­men­te fue iden­ti­fi­ca­do y lle­gó a ma­nos de los fa­mi­lia­res, que hoy es­tán muy or­gu­llo­sos de la his­to­ria", cuen­ta Wet­ter­holm. Mu­chas de es­tas his­to­rias se han ido re­cu­pe­ran­do gra­cias a la la­bor de los in­ves­ti­ga­do­res. Sin em­bar­go, una de las cues­tio­nes que más preo­cu­pa es el gra­ve ries­go de de­te­rio­ro que co­rre el bar­co. Es po­si­ble que en una ge­ne­ra­ción o dos, la ero­sión y la ac­ti­vi­dad de bac­te­rias co­mo la Ha­lo­mo­nas Ti­ta­ni­cae, ter­mi­nen con un bu­que que en 1912 pa­re­cía com­ple­ta­men­te in­des­truc­ti­ble. "To­da­vía te­ne­mos mu­chos más in­te­rro­gan­tes que res­pues­tas so­bre el Ti­ta­nic. Es cier­to que el bar­co se es­tá de­te­rio­ran­do y que des­apa­re­ce­rá. Cuan­do lo ha­ga, mu­chas co­sas se per­de­rán con él, pe­ro tam­bién mu­chas otras ha­brán sa­li­do a la luz", afir­ma Wet­ter­holm".

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