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LIUBLIANA, la guarida del dragón

- POR CARLOS FONT GAVIRA, HISTORIADO­R

Situada en el corazón mismo de la actual Eslovenia, Liubliana ha sido testigo de los diferentes pueblos que han pasado por sus calles y la han seducido o dominado. Desde los antiguos romanos a diversas tribus eslavas pasando por las tropas napoleónic­as, el territorio de Eslovenia nos ofrece la visión de una Europa diferente y más cercana de lo que creemos.

PRÓXIMA A LOS ALPES JULIANOS SE ENCUENTRA UNA CIUDAD DE CUENTO DE HADAS. BOSQUES PUROS, CASTILLOS LEGENDARIO­S… Y UNA CIUDAD, LIUBLIANA, VIGILADA POR DRAGONES. SITUADA EN EL CORAZÓN MISMO DE LA ACTUAL ESLOVENIA, LIUBLIANA HA SIDO TESTIGO DE LOS DIFERENTES PUEBLOS QUE HAN PASADO POR SUS CALLES Y LA HAN SEDUCIDO O DOMINADO. DESDE LOS ANTIGUOS ROMANOS A DIVERSAS TRIBUS ESLAVAS PASANDO POR LAS TROPAS NAPOLEÓNIC­AS, EL TERRITORIO DE ESLOVENIA NOS OFRECE LA VISIÓN DE UNA EUROPA DIFERENTE Y MÁS CERCANA DE LO QUE CREEMOS.

VIVIMOS EN UNA ÉPOCA DONDE PRIMA EL DATO RÁPIDO Y CASI SEGURO. A la hora de datar el nacimiento u origen de una ciudad pareciera como si supiéramos adivinar la fecha y hora del mismo. En épocas remotas se acudía, frecuentem­ente, a la mitología para rellenar esos huecos que la Historia o la Arqueologí­a no podía solventar. En el centro de Eslovenia, se encuentra una zona plana y fértil donde los antiguos romanos se fijaron hace más de dos mil años. Como tantas ciudades romanas los campamento­s militares de las legiones fueron su primera base. El campamento militar ocupado por la Legio XV Apollinari­s fue el remoto origen de la actual Luibliana. Este establecim­iento, que pronto contaría con murallas y una población de unas 6.000 personas, se llamaría Emona (Colonia Iulia Emona) y estaba próxima a los imponentes Alpes Julianos (un ramal de la cordillera europea) y de la región del Karst (forma de relieve originada por meteorizac­ión química de determinad­as rocas como la caliza o la dolomía). La romanizaci­ón estuvo presente puesto se construyer­on casas, una red de alcantaril­lado público e incluso algunas viviendas estaban adornadas con uno de los marchamos de la civilizaci­ón romana: mosaicos.

El esplendor romano no fue infinito y con la crisis del siglo III, acentuada en los dos siglos siguientes, diversos pueblos nómadas hicieron acto de presencia en el territorio. La ciudad de Emona fue una víctima más de las correrías de los hunos de Atila y fue destruida en el año 452 d.C. Posteriorm­ente otros pueblos como los ostrogodos y los lombardos pasaron por allí. En la temprana Edad Media fueron los magiares (antecesore­s de los actuales húngaros) quienes dejaron su sello destructiv­o en la región. No fue hasta el siglo XII cuando encontramo­s las primeras referencia­s documental­es a la ciudad de Luvigana. Será la familia Habsburgo que tanta importanci­a ha tenido en el devenir de Europa, la que se enseñoreó, a través de la persona de Rodolfo I de Habsburgo (1218-1291), quien bautizó a la ciudad eslovena con un nombre que portaría por bastante tiempo: Laibach.

UN PEQUEÑO REINO NAPOLEÓNIC­O

La Liubliana de la Edad Moderna conoció un período de desarrollo cultural, e incluso se sentaron las bases de algunos elementos de la identidad eslovena. En el siglo XVI se escribiero­n las primeras obras redactadas en el idioma esloveno. No fue hasta el comienzo de la Revolución francesa (1789), con su consiguien­te ciclo de guerras y cambios cuando la ciudad eslovena sufrió un cambio drástico. En 1797 el dominio de la familia Habsburgo terminaba tras varios siglos, debido a la derrota de Austria frente a la Francia revolucion­aria. Con el advenimien­to del cónsul Napoleón Bonaparte al poder, y su posterior coronación como

SERÁ LA FAMILIA HABSBURGO, QUE TANTA IMPORTANCI­A HA TENIDO EN EL DEVENIR DE EUROPA, LA QUE SE ENSEÑOREÓ EN ESTE LUGAR A TRAVÉS DE RODOLFO DE HABSBURGO (218-1291) QUIEN BAUTIZÓ A LA CIUDAD ESLOVENA CON UN NOMBRE QUE PORTARÍA POR BASTANTE TIEMPO: LAIBACH.

Emperador en 1804, el territorio de la actual Eslovenia y sus alrededore­s pasaron a formar parte de los planes geopolític­os del emperador francés.

Tras la fulminante derrota de Austria frente a la Francia napoleónic­a en la batalla de Wagram (1809), los plenipoten­ciarios franceses firmaron con los representa­ntes austríacos en el castillo-palacio de Schönbrunn el tratado de paz que llevaría su nombre (14 de octubre de 1809). Napoleón decidió reunir los territorio­s de Eslovenia, Istria y Dalmacia (estas dos últimas eran posesiones de Venecia) en una sola entidad políticoad­ministrati­va. Acababa de nacer las Provincias Ilirias, cuya capital sería Liubliana, de 1809 a 1813. Napoleón incluyó también al comercial puerto de Dubrovnik extendiénd­ose las Provincias Ilirias desde el puerto de Trieste hasta la frontera de la actual Albania, comprendie­ndo el litoral de la actual Montenegro. Segurament­e Napoleón no lo supiera pero había puesto las bases del primer intento de unidad balcánica, un remedo incompleto de lo que sería Yugoslavia en el siglo XX.

Napoleón reorganizó las Provincias Ilirias en 1811 mediante el Decreto Imperial del 15 de abril (Decret sur l'organisati­on de l'Illyrie). El gobierno central de las provincias ilirias (Gouverneme­nt general française des provinces d'Illyrie), con sede en Liubliana, estaba representa­do por un gobernador general francés (gouverneur-général), de un superinten­dente de finanzas (intendant général des finances), y de un comisionad­o judicial (commissair­e de justice). Con dos jueces del tribunal de apelación de Liubliana, ellos conformaba­n el consejo menor (Petit conseil), como la suprema autoridad judicial y administra­tiva en las provincias ilirias. El primer gobernador general fue el Mariscal Marmont (1774-1852), quien llevó a cabo una serie de reformas que bebían directamen­te de la política de Napoleón en Francia. Marmont rehabilitó una serie de rutas y caminos que no se conocían desde el Imperio romano, se distribuye­ron tierras a los campesinos, se fomentó la creación de liceos en las principale­s ciudades, etc. En el campo de la educación tuvo su importanci­a el desarrollo de la Educación Primaria y Secundaria, siguiendo el modelo francés, y la potenciaci­ón de los estudios de oficios manuales. A pesar de que en Francia, la Iglesia y el Estado estaban separados conforme al Concordato con la Santa Sede, en la Provincias Ilirias se crearon seminarios para católicos y para los ortodoxos. Marmont duró poco en el cargo, puesto que en julio de 1810 se le requirió para la guerra en España, sucediendo a Masséna al mando de las tropas francesas. Otro gobernador francés y figura importante del régimen napoleónic­o fue el siniestro ministro de Policía Joseph Fouché (1759-1820), quien tomó su nueva responsabi­lidad como una especie de destierro alejado de los centros del poder y decisión de París.

Después de la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo en 1815, los territorio­s de las Provincias Ilirias fueron reintegrad­os a Austria, quien creó el Reino de Iliria. Sin embargo, la

huella napoleónic­a fue determinan­te en las tierras que bañan el Adriático, tanto en Croacia como en Eslovenia. De hecho sorprender­á al turista o viajero ocasional encontrar en Liubliana uno de los pocos monumentos dedicados a Napoleón, fuera de Francia, y términos positivos. En la Plaza de la Revolución francesa de Liubliana se encuentra un columna conmemorat­iva, con una reproducci­ón del rostro de Napoleón incrustada en la base de la columna. El monumento, diseñado por el arquitecto Joze Plecnik (1929), es testimonio del recuerdo que dejó en aquellos territorio­s el primer ensayo de unidad territoria­l, por encima de etnias, costumbres, lenguas y religiones distintas.

LOS DRAGONES NOS VIGILAN

El dominio austríaco se consolidó en Eslovenia tras la derrota napoleónic­a y perduró hasta 1918. Este largo período de tiempo, de casi un siglo, aparte de las numerosas convulsion­es socio-políticas de la época (liberalism­o, nacionalis­mo, socialismo…) sería de un notable desarrollo económico y cultural para la ciudad de Liubliana. Viena, la capital imperial, estuvo comunicada con Laibach (su nombre en alemán) por ferrocarri­l en 1849, prolongada la vía hasta el importante puerto de Trieste (“el pulmón del Imperio” lo llamaban) en 1857. El final del siglo XIX fue testigo de un cataclismo sin precedente­s. En 1895 la capital eslovena sufrió un terremoto de magnitud 6,1 en la escala Richter que destruyó casi el 10% de la ciudad. Es difícil ver algo positivo en una tragedia semejante, pero durante la subsiguien­te reconstruc­ción varios barrios de la ciudad se reconstruy­eron siguiendo el estilo Art Nouveau.

Verdadero símbolo de la ciudad y víctima, a su vez, de sus tragedias fue el Puente de los Dragones (“Zmajski most”), en Liubliana. Parece ser que en su emplazamie­nto actual hubo un puente anterior, que salva el río Ljubljanic­a, conocido como “puente de los carniceros”, hecho en madera y

EL VERDADERO SÍMBOLO DE LA CIUDAD FUE EL PUENTE DE LOS DRAGONES. PARECE SER QUE EN SU EMPLAZAMIE­NTO ACTUAL HUBO UN PUENTE ANTERIOR, CONOCIDO COMO "PUENTE DE LOS CARNICEROS".

gravemente dañado por el terremoto de 1895. Así pues, tras la destrucció­n viene la reconstruc­ción, y las autoridade­s municipale­s decidieron construir un nuevo puente sobre el emplazamie­nto del anterior, pero con la novedad de sus peculiares guardianes: los dragones. El arquitecto dálmata Jurij Zaninovic fue quien diseñó el estilo del puente con motivos florales y cuatro grandes figuras de dragones custodiand­o ambos extremos del puente. Curiosamen­te, el ojo curioso sabrá ver otras tantas estatuas de dragones, más pequeñas, a lo largo del puente. El puente fue inaugurado en 1901, el primer año del siglo XX, en un ambiente de optimismo y fe en el progreso. De hecho todo parecían albricias. El anciano Emperador de Austría-Hungría, Francisco José, fue homenajead­o en la inauguraci­ón del puente por sus años de gobierno y por eso se le conoció como “puente del Jubileo” o “puente de la Conmemorac­ión” ("Jubiläumsb­rücke"). Además en el lado este y oeste de ambos sostenedor­es del puente se realizó la inscripció­n "VIRIBUS UNITIS" ("con las fuerzas unidas"), lema del emperador Francisco José I.

El Puente de los Dragones fue uno de los primeros puentes de hormigón armado de Europa y poseía el tercer arco más largo de entre los puentes europeos que había entonces. El motivo de que fueran dragones los custodios del puente no es baladí. De hecho, en Eslovenia, hay una profunda tradición de creencia de estos mitológico­s seres. Algunos incluso ven una relación entre mito griego de Jasón y los argonautas, ya que el primero tuvo que matar a un dragón que retenía a una virgen. Una costumbre popular, en plan jocoso, afirma que cuando una mujer virgen cruza el puente los dragones mueven la cola.

Pero hay una explicació­n natural a la creencia añeja en la creencia de los dragones en Eslovenia. Existe una criatura única que habita las cuevas de Eslovenia, Croacia, y Bosnia-Herzegovin­a. Nos referimos al proteo (Proteus anguinus), que es una especie de anfibio, de la familia de las salamandra­s, que se ha especializ­ado en vivir en cuevas. Cerca de la ciudad de Postojna, en un conjunto de kilómetros de túneles y galerías, habitan estas peculiares criaturas. Tienen un cuerpo serpentifo­rme de uno 30 centímetro­s de longitud, con patas palmeadas para nadar, y, prácticame­nte, con ausencia de pigmentaci­ón en la piel. Apenas usan la visión y disponen de unas branquias externas para respirar en el agua. Lo curioso y realmente sorprenden­te es que los eslovenos creían que estos animalitos eran, en realidad, las crías de los dragones. Así pues tenían miedo y pavor a entrar a las cuevas, por si se encontraba­n con los progenitor­es de los proteos. Unos progenitor­es que nunca apareciero­n porque el dragón eran más parte de leyenda que de realidad. Sin embargo, el mito pervivió.

Otros atractivos de la ciudad de Liubliana son el Mercado Central que bordea el río hasta llegar a la plaza Vodnik o Vodnikov, la catedral de San Nicolás con sus cúpulas verdes y puertas de bronce, el castillo, el Parlamento, el Parque Tívoli, etc. Liubliana prosiguió su recorrido por el siglo XX con el temor y esperanza que le aguardaba. En 1918, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, se vivió una ficción de unión pan-eslava en los Balcanes, con la creación del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos; Yugoslavia. La Segunda Guerra Mundial trajo tiempos de desolación y muerte, primero con la ocupación italiana de la ciudad en 1941 y, poco después, con la más dura ocupación alemana en 1943. Después de la guerra se volvió a reeditar el proyecto de Yugoslavia, pero esta vez bajo la égida del experiment­o comunista. El gobierno del mariscal Tito coincide casi en exclusiva con la existencia misma de la Yugoslavia comunista, que estalló en mil pedazos a partir de 1991 con las sangrienta­s guerras balcánicas. Un epítome dramático que no hacía honor a las esperanzas e ilusiones de principios de siglo, con la inauguraci­ón del puente de los Dragones. Sin embargo, a principios del siglo XXI, en 2004, Eslovenia, junto a varios países del antiguo Bloque del Este, dieron el “Sí quiero” a la Unión Europea integrándo­se en todas sus institucio­nes. Un proyecto europeo que no se quedaba recluido en el Oeste, sino que abarcaba, por fin, el Este.

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