Clio Historia

DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO

– 500 ANIVERSARI­O –

- POR RAQUEL BERENGUEL Y ÓSCAR FÁBREGA, HISTORIADO­RES

EN 1519, UNA EXPEDICIÓN FINANCIADA POR LA CORONA ESPAÑOLA, CAPITANEAD­A POR FERNANDO DE MAGALLANES, PARTIÓ RUMBO AL OESTE PARA VER SI SE PODÍA CREAR UNA RUTA COMERCIAL CON LAS ISLAS MOLUCAS, EN INDONESIA. TRES AÑOS DESPUÉS, LOS MERMADOS RESTOS DE LA EXPEDICIÓN, AL MANDO DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO, LLEGARON A ESPAÑA TRAS DAR LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO.

EN 1519, UNA EXPEDICIÓN FINANCIADA POR LA CORONA ESPAÑOLA, COMPUESTA POR CINCO BARCOS Y CAPITANEAD­A POR FERNANDO DE MAGALLANES, PARTIÓ RUMBO AL OESTE PARA VER SI SE PODÍA CREAR UNA RUTA COMERCIAL CON LAS ISLAS MOLUCAS, EN INDONESIA. TRES AÑOS DESPUÉS, TRAS UN SINFÍN DE AVATARES Y TRIBULACIO­NES, LOS MERMADOS RESTOS DE LA EXPEDICIÓN, AL MANDO DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO, LLEGARON A ESPAÑA TRAS DAR LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO. LA GESTA CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN Y DE LA EXPLORACIÓ­N DEL MUNDO POR PARTE DE LOS EUROPEOS.

LA TOMA DE CONSTANTIN­OPLA POR PARTE DEL SULTÁN MEHMED II, LÍDER DEL IMPERIO OTOMANO, QUE TUVO LUGAR EL 29 DE MAYO DE 1453, CAMBIÓ LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD. No solo supuso el fin del Imperio romano de Oriente, sino también un duro varapalo para la cristianda­d, que veía con temor el avance de los musulmanes. Pero especialme­nte afectó a la economía: las rutas comerciale­s que conducían a la India y a China, como la famosa Ruta de la seda, se cortaron por completo.

Los reinos de Portugal y Castilla se aprovechar­on de su situación geográfica para intentar encontrar nuevas rutas allende los mares. Los portuguese­s intentaron llegar a Asia rodeando África, y lo consiguier­on gracias a Vasco de Gama, que capitaneó una expedición que tuvo lugar entre 1497 y 1499, bajo la batuta del monarca Manuel I. Los castellano­s, por su parte, apuntaron al oeste, financiand­o la exitosa expedición de Cristóbal Colón, que, si bien fracasó en su intento de llegar a Asia, su supuesto objetivo, terminó descubrien­do un continente enorme y totalmente inexplorad­o. Esto permitió que ambos reinos pasasen a convertirs­e en pocos años en las naciones más poderosas de Europa.

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón consiguier­on que el papa Alejandro VI, que era español, emitiera tres bulas a su favor entre los meses de mayo y septiembre de 1493, en las que se reconocía a sus reinos el derecho exclusivo de los castellano­s a navegar y conquistar el oeste de un meridiano situado a 100 leguas (unos 550 kilómetros) de las Islas Azores. Los portuguese­s no estaban de acuerdo, y Juan II de Portugal consiguió desplazar la línea un poco más hacia el oeste –segurament­e porque los lusos

EL 7 DE JUNIO DE 1494 SE FIRMÓ EL FAMOSO TRATADO DE TORDESILLA­S, MEDIANTE EL CUAL PORTUGAL Y CASTILLA SE REPARTIERO­N LAS TIERRAS DESCUBIERT­AS. LA LÍNEA DIVISORIA SE SITUÓ A 370 LEGUAS AL OESTE DE LAS ISLAS DE CABO VERDE.

ya habían llegado a las costas del futuro Brasil–. Así, el 7 de junio de 1494 se firmó el famoso Tratado de Tordesilla­s, mediante el que Portugal y Castilla se repartiero­n las tierras descubiert­as. La línea divisoria se situó a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde: todo lo que estaba al este de esta frontera ficticia sería para Portugal, lo que incluía gran parte del actual Brasil; y todo lo que quedaba al otro lado era para España.

EL ORIGEN DE LA EXPEDICIÓN

En este trascenden­tal contexto nació la expedición de Fernando de Magallanes, que, sin duda, se vio beneficiad­a del boom de la navegación transoceán­ica que se estaba produciend­o desde varias décadas atrás, en parte por los avances tecnológic­os en el diseño de las naves y los instrument­os de navegación y la cartografí­a, pero también por el desarrollo de un pensamient­o moderno, fruto del Renacimien­to que se estaba viviendo en Europa.

Fernão de Magalhães fue un personaje curiosísim­o. Nacido en Portugal en 1480 –varias localidade­s se apuntan el tanto de su nacimiento–, en el seno de una familia de la baja nobleza lusa, desde niño, comenzó a trabajar para la corte de Juan II de Portugal. Un tiempo después, cuando tenía unos veinticinc­o años, se alistó a la llamada Armada de la India, una enorme flota de veinte navíos destinada a controlar el comercio con la India y a instaurar allí como virrey a Francisco de Almeida. Aunque no hay muchos datos al respecto, se sabe que permaneció allí durante ocho años, y poco a poco fue ascendiend­o. Fue así como comenzó a interesars­e por las Islas Molucas, las islas de las especias, las únicas del mundo productora­s de clavo, canela o nuez moscada, tan demandadas por aquella época en Europa.

Magallanes propuso al nuevo rey de Portugal, Manuel I, una expedición para llegar hasta allí por Occidente, convencido como estaba de la existencia de un paso a través de las Américas que llevaba al llamado Mar del Sur (el océano Pacífico), como lo llamó el conquistad­or Vasco Núñez de Balboa, que lo había avistado ya cinco años antes. Pero el monarca se negó, tal vez porque no veía la necesidad, ya que ellos habían conseguido una ruta caboteando África. Así que, junto a Rui de Faleiro, un prestigios­o cosmógrafo que afirmaba ser capaz de calcular la longitud geográfica, se propuso llevar este proyecto a España.

Ambos diseñaron una propuesta, y pronto lograron el apoyo de importante­s aliados, como Juan de Aranda, factor de la Casa de Contrataci­ón; Diego Barbosa, alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla, o el comerciant­e burgalés Cristóbal de Haro, representa­nte de los banqueros cen

troeuropeo­s Fugger. Consiguier­on así que Carlos I de España y V de Alemania los escuchara y que, finalmente, aprobase el proyecto.

El 22 de marzo se cerró el trato en Valladolid entre el monarca, Magallanes y Rui de Faleiro. El objetivo era encontrar una ruta occidental hacia las Molucas y constatar que se hallaban en zona española. A cambio, recibirían un porcentaje en las ganancias, el cargo de gobernador­es de las tierras que encontrase­n y una isla para cada uno. Eso sí, debían evitar entrar en conflicto con tribus locales y no penetrar en la demarcació­n portuguesa.

La expedición, con un coste de ocho millones de maravedíes (aproximada­mente 1,5 millones de euros actuales), fue financiada por la Corona de Castilla, los Haro y los Fugger.

MAGALLANES

Rui de Faleiro, finalmente no fue a la expedición, parece ser que, por problemas de salud, aunque también por divergenci­as con Magallanes, que iba a ser el capitán del viaje. La expedición estaba compuesta por cinco naos, a bordo de las que irían 245 tripulante­s –otras fuentes apuntan a 239 y 260–. Partieron desde Sevilla el 10 de agosto de 1519, y bajaron por el río Guadalquiv­ir hasta Sanlúcar de Barrameda, donde terminaron de preparar todo lo necesario. Desde allí partieron rumbo al oeste el 20 de septiembre de 1519. El buque insignia de la expedición era la nao Trinidad, a cargo de Fernando de Magallanes.

La flota llegó hasta las islas Canarias seis días más tarde. Después se dirigió hacia las islas de Cabo Verde, antes de cruzar el Atlántico rumbo la costa sudamerica­na, llegando a la actual bahía de Río de Janeiro en diciembre de 1519. Estuvieron meses recorriend­o el litoral hacia el sur sin encontrar el ansiado paso hacia el océano Pacífico. Finalmente, el 28 de noviembre de 1520, casi un año después, tras varios mo

FERNANDO DE MAGALLANES Y RUI DE FALEIRO CONSIGUIER­ON QUE CARLOS I DE ESPAÑA LOS ESCUCHARA Y QUE, FINALMENTE, APROBASE SU PROYECTO PARA ENCONTRAR UNA RUTA OCCIDENTAL HACIA LAS MOLUCAS Y CONSTATAR QUE SE HALLABAN EN ZONA ESPAÑOLA.

tines y problemas –la nao San Antonio, la más grande y cargada, desertó y regresó a España; anteriorme­nte, la Santiago había naufragado–, pasaron el cabo de Hornos y cruzaron el estrecho que posteriorm­ente sería bautizado con el nombre de Magallanes, llegando a lo que el propio capitán bautizó como Mare Pacificum.

El navegante portugués pensaba que lo peor ya había pasado y que ahora solo quedaba un breve camino hasta las Molucas. Pero no. Magallanes había utilizado unos mapas con cálculos erróneos sobre la circunfere­ncia estimada de la Tierra, lo que le llevó a subestimar el tamaño del Pacífico. Así, durante más tres meses no encontraro­n tierra firme. Además, dado que la San Antonio había huido con la mayor parte de los víveres, pronto el hambre, la sed por la falta de agua y el escorbuto hicieron acto de presencia.

Así lo relató Antonio Pigaffeta, uno de los tripulante­s, cuyas crónicas de a bordo se convirtier­on en uno de los relatos más conocidos de la travesía: "Durante tres meses y veinte días no pudimos conseguir alimentos frescos. Comíamos bizcocho, aunque ya no era bizcocho sino polvo mezclado con gusanos, y lo que quedaba apestaba a orines de ratas. Bebíamos agua amarilla que llevaba podrida muchos días. También comíamos algunas pieles de buey que cubrían la parte superior del patio principal".

El 6 de marzo de 1521, por fin, llegaron a una isla, que algunos estudiosos han identifica­do con la isla de Guam, en el archipiéla­go de las Marianas. Allí descansaro­n un tiempo e hicieron acopio de víveres.

Para más inri, descubrier­on que las islas Molucas no estaban situadas en zona española, así que decidieron dirigirse a las islas Filipinas –aún no se llamaban así; tomaron ese nombre de Felipe II; por aquel entonces era el archipiéla­go de San Lázaro–. Magallanes, tras comprobar que en aquellas islas hay recursos muy interesant­es, y mucho oro, comenzó a conspirar con los reyezuelos locales. Pero le salió mal la jugada y tuvieron enfrentars­e a los habitantes de la isla de Mactán. La resistenci­a de los nativos fue tremenda y el navegante fue asesinado el 27 de abril de 1521. Lapu-Lapu, el gobernante de esta isla, terminó convirtién­dose en un héroe nacional filipino, símbolo de la resistenci­a y la lucha frente a los conquistad­ores extranjero­s.

EL CANO

Fue sustituido por el capitán vasco Juan Sebastián Elcano (1486-1526), que obtuvo a su cargo la Victoria. Curioso, porque había sido uno de los que se había levantado contra Magallanes, pero se libró de ser ejecutado por la fatal de tripulante­s de la expedición. Además, la Concepción fue quemada por su mal estado y porque no había hombres suficiente­s, así que decidieron regresar a España solo con la Victoria y la Trinidad, no sin antes parar en las islas Molucas en noviembre de 1521, para cargar a toda prisa todas las especias que pudiesen.

La nao Trinidad, tenía una serie de importante­s averías, así que decidieron arreglarla y que regresase por el Pacífico rumbo a la zona de Panamá. Pero fue capturada por barcos portuguese­s.

Así, la única embarcació­n que quedaba, la Victoria, con Elcano al frente, se dirigió de regreso a España a través del océano Índico, bordeando el cabo de Buena Esperanza y rodeando África. Desde la isla de Timor hasta la de Cabo Verde no tomaron tierra, pero aquí no tuvieron más remedio que atracar debido al pésimo estado de la nave, después de casi tres años navegando, y por el cansancio y la falta de víveres. Cabo Verde era zona portuguesa, así que tuvieron que mentir: argumentar­on que venían de América. Pero los portuguese­s se dieron cuenta de la mentira y apresaron a trece de los treintaiún tripulante­s que quedaban con vida. Los otros dieciocho consiguier­on escapar a bordo de la Victoria.

Llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, tras tres años y catorce días y 37.753 millas náuticas navegadas (69.918 km). Habían dado la primera vuelta al mundo de la historia. Pero el precio a pagar fue muy caro: 216 hombres murieron durante el viaje.

El emperador Carlos V recibió a algunos de los supervivie­ntes y concedió a Elcano una renta anual y un escudo de armas con un globo terráqueo y la leyenda: Primus circumdedi­sti me ("el primero que me circunnave­gó").

Elcano regresó más tarde a otra expedición al Pacífico. Murió de escorbuto el 6 de agosto de 1526, en mitad del Mar del Sur.

CONSECUENC­IAS

Gracias a esta increíble aventura, y gracias a las anteriores epopeyas de Cristóbal Colón, Vasco de Gama y Vasco Núñez de Balboa, la red de intercambi­os interconti­nentales se hizo enorme. Por algo muchos estudiosos hablan de una primera globalizac­ión. Además, se dieron a conocer nuevos datos geográfico­s, etnográfic­os y zoológicos que ampliaron la visión del mundo conocido, mucho más grande y rico de lo que pensaban.

España, desde las islas Filipinas, extendió su influencia por todo Extremo Oriente y por la Micronesia, que se convirtier­on en un centro de un comercio transpacíf­ico que unió a la China de los Ming (y luego de los Qing) con el Virreinato de México durante 250 años. Además, los españoles continuaro­n explorando el Pacífico con la vista puesta en la Terra Australis, Australia. Descubrier­on las islas Salomón, las Marquesas y las Vanuatu, y atravesaro­n el estrecho de Torres (llamado así por otro ilustre navegante hispano).

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SOBRE ESTAS LÍNEAS, MAPA DE MARTIN WALDSEEMÜL­LER PUBLICADO EN 1516 MOSTRANDO EL MUNDO CONOCIDO POR LOS EUROPEOS EN LA ÉPOCA. EN LA OTRA PÁGINA, DE IZQUIERDA A DERECHA, RETRATO DE ELCANO Y RETRATO DE MAGALLANES.
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PERIÓDICO EN EL QUE APARECE LA CRÓNICA DE NELLIE BLY.
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SOBRE ESTAS LÍNEAS, ESTRECHO DE MAGALLANES (MAPA DE JODOCUS HONDIUS DE 1606).

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