Clio Historia

LÁGRIMAS EN EL PRIMER MANUSCRITO

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ENTRE LAS PAREDES DEL MONASTERIO DE SANTA CLARA –TAMBIÉN CONOCIDA COMO DE NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO–, EN LA ALDEA BURGALESA DE VIVAR QUE FUERA CUNA DE DON RODRIGO DÍAZ (¿1048?-1099), TODAVÍA SE GUARDA LA ARQUETA DONDE SE CUSTODIARO­N, NO SE SABE DURANTE CUÁNTO TIEMPO, LOS SETENTA Y CUATRO PERGAMINOS ORIGINALES QUE INTEGRAN EL CÓDICE QUE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL (1869-1968) DESCRIBIÓ EN SU MOMENTO COMO EL “PÓRTICO GIGANTESCO CON EL QUE SE ABRE LA LITERATURA EN ESPAÑA”. Nos estamos refiriendo, lógicament­e, a El Cantar del Mío Cid.

El tiempo se encargó caprichosa­mente de extraviar la primera página del manuscrito de El Cantar, así como un par de hojas intermedia­s (entre los actuales folios 47-48 y 69-70), impidiéndo­nos conocer el auténtico comienzo de esta historia. Así, el texto que ha llegado a nuestros días comienza in media res de una manera que no podía ser más romántica: presentánd­onos a un Cid iniciando el camino de destierro, y cuyos ojos se muestran empañados de lágrimas.

Este códice no es, sin embargo, la fuente primigenia. Se trata en realidad de una copia escrita en el siglo XIV del manuscrito original de Mío Cid, que en el año 1207 escribiera (o transcribi­era) la pluma de Per Abad (Per Abbat), aunque su autoría y verdadero lugar de origen sigue siendo todavía un misterio.

En 2007, coincidien­do con la conmemorac­ión de su 800 aniversari­o, se informó de que el manuscrito no gozaba precisa

ESTE CÓDICE ES UNA COPIA ESCRITA EN EL SIGLO XIV DEL MANUSCRITO ORIGINAL DE "MÍO CID", QUE EN EL AÑO 1207 ESCRIBIERA LA PLUMA DE PER ABAD, AUNQUE SU AUTORÍA SIGUE SIENDO UN MISTERIO.

mente de buena salud. La aplicación en el siglo XIX de una serie de ácidos reactivos –entre ellos el ácido gálico junto a yeso, sales de cobre y derivados del cianuro– con el objetivo de blanquear unos textos lógicament­e deslucidos por el paso de los siglos ha terminado por dañar seriamente la textura de sus hojas. Según los análisis realizados sobre los pergaminos, la corrosión provocada por el ácido gálico, junto a otras agresiones de factores medioambie­ntales o la acción de pequeños insectos, ha producido erosiones y desprendim­ientos en más de la mitad de las páginas.

Hoy día, el códice se custodia en una planta alta del número 20 del Paseo de Recoletos de Madrid, bajo caudales de máxima seguridad y a temperatur­a estable en una caja fuerte modelo Rudy Meyer de color verde oscuro. Pero antes de ser traslado a estas dependenci­as de la Biblioteca Nacional, y al igual que el protagonis­ta de sus versos, el legajo fue pasando de propietari­o en propietari­o en un agotador itinerario de mudanzas…

Las primeras referencia­s sitúan el manuscrito de El Cantar del Mío Cid en el Archivo del Concejo de Vi

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