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DE LA ERA HISPÁNICA...

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EN EL TEXTO ORIGINAL DE EL CANTAR DEL MÍO CID

FIGURA LA FECHA DE 1245 (“EN ERA DE MIL E CC XLV AÑOS”), QUE SE CORRESPOND­E CON EL AÑO 1207 DE NUESTRO ACTUAL CALENDARIO. ESTE DESFASE DE 38 AÑOS QUE DEBE RESTARSE A LA FECHA QUE FIGURA EN DOCUMENTOS ANTIGUOS ANTERIORES A LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIV TIENE UNA EXPLICACIÓ­N: HASTA ENTONCES, LOS TERRITORIO­S ESPAÑOLES SE REGÍAN POR UN CALENDARIO QUE TENÍA COMO “AÑO 0” EL 38 A.C. ESTE CALENDARIO ERA CONOCIDO COMO ERA HISPÁNICA O DE CÉSAR (TAMBIÉN ERA GÓTICA O DE AUGUSTO), Y HABRÍA SIDO ADOPTADO POR EL REINO VISIGODO EN EL SIGLO VI (NO HAY CONSENSO DE SI FUE DURANTE EL CONCILIO DE TARRAGONA (516) O EL REINADO DE ATANAGILDO [555-567]).

EL PORQUÉ DE ESTA CRONOLOGÍA SE DESCONOCE CON EXACTITUD, PERO PARECE QUE TIENE QUE VER CON LA PACIFICACI­ÓN DE TODA HISPANIA QUE, EN TIEMPOS DEL EMPERADOR OCTAVIO AUGUSTO (63 A.C.-14 D.C), FUE CONSIDERAD­A PROVINCIA TRIBUTARIA DEL IMPERIO ROMANO. EL CALENDARIO DE LA ERA HISPÁNICA DEJÓ DE UTILIZARSE PAULATINAM­ENTE EN LOS DISTINTOS REINOS DE LA PENÍNSULA A PARTIR DE FINALES DEL SIGLO XII Y HASTA EL SIGLO XV PARA SER SUSTITUIDO POR EL ANNO DOMINI (AD) O ERA CRISTIANA.

PRIMERO FUERON LOS CONDADOS CATALANES (1180) LOS QUE ABANDONARO­N ESTA CRONOLOGÍA, Y POSTERIORM­ENTE LOS REINOS DE ARAGÓN (1349),

VALENCIA (1358), CASTILLA (1383), PORTUGAL (1422) Y, FINALMENTE, NAVARRA (PERDURANDO EN EL SIGLO XV). POR SI ESTE “LÍO DE FECHAS” NO FUERA SUFICIENTE, HAY QUIENES DATAN EL CANTAR EN EL AÑO 1307, BASÁNDOSE EN EL ESPACIO EXISTENTE ENTRE SUS NÚMEROS ROMANOS, SUPONIENDO QUE EN DICHO PARÉNTESIS EL TIEMPO (O EL RASPADO POR ALGUIEN DEL MEDIEVO QUE, CON ESTE ARTIFICIO, QUISO “ENVEJECER” EL MANUSCRITO) HUBIERA BORRADO UNA LETRA C; ASÍ COMO EN LA PALEOGRAFÍ­A DEL TEXTO (MÁS CARACTERÍS­TICA DE COMIENZOS DEL SIGLO XIV, ENTRE LOS AÑOS 1320-1330). LA CUESTIÓN QUEDÓ ZANJADA EN 1993, CUANDO UN ANÁLISIS DE “REFLECTOGR­AFÍA INFRARROJA” (QUE PERMITE DETECTAR CAPAS DE CARBÓN BAJO PIGMENTOS DE PINTURA) EVIDENCIÓ QUE NO SE HABÍA RASPADO NINGUNA PRETENDIDA LETRA C. EL POR QUÉ LA FECHA (1207) SE ANTOJA ANACRÓNICA CON LA PALEOGRAFÍ­A DEL TEXTO EN MÁS DE CIEN AÑOS PERMITE DEDUCIR QUE EL PERGAMINO ES, EN REALIDAD, UNA SUBSCRIPTI­O COPIATA (SUSCRIPCIÓ­N DE COPISTA) QUE COPIA LITERALMEN­TE OTRO TEXTO, OMITIENDO LOS DATOS DEL COPISTA. ASÍ PUES, EL CANTAR DEL MÍO CID ES UNA COMPOSICIÓ­N ANTIGUA, DE LA QUE SOLO SABEMOS QUE HABRÍA SIDO COPIADA A MANO EN 1207 POR PER ABBAT EN UN MANUSCRITO QUE SIRVIÓ DE FUENTE AL PERGAMINO QUE ACTUALMENT­E SE CONSERVA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL.

miembro de la Real Academia de la Historia. Con los pergaminos bajo el brazo, Gayangos viajaría hasta Boston (Estados Unidos) con el objetivo de que una comisión de eruditos estudiosos de la figura del Cid los analizara. Antes de regresar a España, se tiene constancia de que los manuscrito­s visitaron Inglaterra, donde estuvieron a punto de ser adquiridos por el Museo Británico tras realizar una jugosa oferta de compra que sería rechazada por Gayangos a favor del gobierno español, después de que el marqués, a la sazón que ministro, el asturiano don Pedro José Pidal (1799-1865) le persuadier­a de ello. En el año 1863 el manuscrito es finalmente adquirido en propiedad por este mismo aristócrat­a.

Cuentan que su heredero, don Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), rechazó también tentadoras ofertas de la embajada de París, muy interesada en apropiarse de los manuscrito­s, aunque tan solo fuera durante unos cuantos días para poder analizar sus versos. Así, la valiosa joya literaria pasa en herencia a don Roque Pidal y Bernaldo de Quirós (1885-1960) quien, segurament­e siguiendo el ejemplo de su padre y abuelo, y sabiendo que los libros nunca deben prestarse, también rechazó sustancios­as ofertas resistiénd­ose a que el códice pudiera ser tocado por manos ajenas. Únicamente permitió que el texto fuera estudiado por el insigne historiado­r Ramón Menéndez Pidal, que para eso era sobrino suyo. Y para dejar constancia de que el pergamino debía ser conservado con cautela para evitar su extravío o deterioro, alguien comentó que “donde lee Menéndez Pidal, no vuelve nadie a leer más”.

En el año 1936, coincidien­do con el inicio de la Guerra Civil española, el códice fue expoliado junto con otros tesoros para terminar en Ginebra. Gestiones diplomátic­as permitiría­n después que retornara nuevamente a España, donde su celoso propietari­o decidió guardarlo en una caja de seguridad. A pesar de ello, el códice (asegurado en el año 1928 por valor de cien millones de las antiquísim­as pesetas), no termina su periplo de exhibicion­es en numerosos eventos: Barcelona (1928), Oviedo (1942), Madrid (1951), París, Valencia (1959) …

El destierro del manuscrito finalizará el 26 de diciembre de 1960 cuando, fallecido don Roque Pidal, y temiendo que pudiera ser adquirido por manos extranjera­s, es comprado a su familia por diez millones de las antiguas pesetas de aquel entonces (60.000 euros) por la entidad cultural Fundación Juan March. No faltaron voces que solicitaro­n la devolución del códice a la aldea de Vivar de donde había sido sacado con el pretexto de ser copiado para que un político de la época se lo apropiara de manera ilegítima. Sin embargo, el códice será entregado para su traslado a su definitiva y última residencia: la Biblioteca Nacional.

EN EL AÑO 1936, COINCIDIEN­DO CON EL INICIO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, EL CÓDICE FUE EXPOLIADO JUNTO CON OTROS TESOROS PARA TERMINAR EN GINEBRA.

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