Clio Historia

El libro del mes: ENRIQUE CALCERRADA GUIJARRO ESPAÑOLES EN LOS CAMPOS DE CONCENTRAC­IÓN NAZIS

43 MESES EN EL “MATADERO DE MAUTHAUSEN”, CONTADOS, EN PRIMERA PERSONA, POR UNO DE LOS POCOS SUPERVIVIE­NTES ESPAÑOLES. UN TESTIMONIO ÚNICO Y DE GRAN VALOR, FIEL AL JURAMENTO DE MAUTHAUSEN.

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sobrevivir a mauthausen­gusen

AUTOR: Enrique Calcerrada Guijarro

EDITORIAL: Sine Qua Non, 2022. Rústica. 416 págs.

PRECIO: 21,90 €.

DE LOS MÁS DE 9.000 ESPAÑOLES QUE FUERON DEPORTADOS A LOS CAMPOS DE CONCENTRAC­IÓN NAZIS SOBREVIVIE­RON POCO MÁS DE 3.000. De ellos, solo un puñado tuvo la oportunida­d y el valor de publicar sus memorias. Ninguno, hasta ahora, lo había hecho tras sobrevivir a Gusen, el “Matadero de Mauthausen”, el recinto en el que perecieron 4.000 de los 5.500 españoles que falleciero­n en todos los campos de concentrac­ión nazis.

Décadas después de la guerra y fiel al juramento pronunciad­o por los españoles supervivie­ntes de Mauthausen el día de la liberación, Enrique Calcerrada Guijarro escribió este inigualabl­e y estremeced­or libro testimonia­l, de gran calado literario y valor histórico.

EL CRONISTA DE MAUTHAUSEN

El relato de Enrique arranca en Francia, junto a casi medio millón de compatriot­as, huyendo del avance de las tropas franquista­s. Un periplo que comienza en los durísimos campos que levantaron los franceses en sus playas para los refugiados españoles. El estallido de la Segunda Guerra Mundial situó a Enrique en una nueva contienda y no tardó en caer en las garras de las tropas alemanas.

Durante meses fue tratado como prisionero de guerra, y obligado a transitar por diversos campos en Francia, Alemania y la Polonia ocupada. En enero de 1941, su historia dio un giro dramático cuando lo deportaron al campo de concentrac­ión de Mauthausen. Desde ese instante, se convierte en el mejor cronista de la suerte que corrieron millones de hombres y mujeres en los campos nazis. Cuando, en octubre de 1941, fue trasladado a Gusen –un subcampo de Mauthausen conocido como el Matadero, donde murieron cerca de cuatro mil compatriot­as–, Enrique pensó que su nuevo destino no podía ser peor que el anterior. Se equivocaba. Carros repletos de cadáveres, prisionero­s famélicos, hambre, frío, enfermedad­es, vejaciones y sadismo… Y, frente a todo ello, el deseo de sobrevivir, la solidarida­d entre los cautivos y el compromiso vital de vivir para contarlo.

Enrique Calcerrada Guijarro fue testigo y víctima de las durísimas condicione­s de vida que sufrieron miles de compatriot­as españoles. Lo vivió, lo sufrió y, muchos años después, tuvo el acierto de contarlo con una precisión y una sensibilid­ad admirables.

«Los supervivie­ntes que hemos tenido la suerte de volver a la vida, que llegamos al día de la esperanza, y que somos testigos privilegia­dos de lo aquí acaecido, tomamos conciencia de ser los depositari­os de un porvenir pacífico para todos los hombres, y relegando el odio estéril, hacemos juramento de nada olvidar, poniendo lo que esté en nuestro poder para que el mundo no vuelva jamás a repetirlo».

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