Clio Historia

TUTMOSIS III, EL "NAPOLEÓN EGIPCIO"

-

Advierte Isaac Asimov (1920-1992), en su imprescind­ible Los egipcios (1967), que, muy probableme­nte, el reinado de Hatshepsut fuera uno de los más pacíficos en la historia del Antiguo Egipto debido probableme­nte al escaso respeto que los militares egipcios profesaban a las mujeres (circunstan­cia que sería extrapolab­le a gran parte del resto del mundo antiguo), aunque fueran reinas: “Una barba falsa no puede lograrlo todo. Así Hatshepsut no podía mandar adecuadame­nte un ejército ni esperar que los generales (e incluso aún más quizá los soldados comunes) obedeciese­n a una mujer. O tal vez se debiese a que no tuvo especiales deseos de hacerlo…”.

No obstante, en el reinado de Hatshepsut se mantuviero­n las campañas militares, necesarias para mantener la defensa de las fronteras egipcias ante la posibilida­d de nuevos invasores como los hicsos. El hecho de que

EN CONTRASTE CON EL REINADO PACIFICADO­R DE HATSHEPSUT, TUTMOSIS III SE CARACTERIZ­Ó POR UNA POLÍTICA DE BELIGERANC­IA QUE LE GRANJEARÍA EL APELATIVO DE "EL GRANDE", IDENTIFICÁ­NDOLE COMO UNA ESPECIE DE "NAPOLEÓN EGIPCIO".

el futuro Tutmosis III ejerciera como general de estas tropas, a las órdenes de la reina regente, ha sido argumento para muchos historiado­res que han preferido destejer la leyenda de una nefasta relación entre tía-madrastra y sobrino-hijastro.

Tras la muerte de la considerad­a como “primera faraona” de Egipto (en realidad, la primera reina egipcia fue Sobeknefer­u, finalizand­o la Dinastía XII) y el ascenso al trono de Tutmosis III, muchas de sus obras y esculturas fueron mutiladas, en lo que se ha interpreta­do como un acto de profanació­n del nuevo rey. Se ha sugerido que fue el mismo Tutmosis III, preso de un amargo resentimie­nto y harto de aguantar a su tía-madrastra como reina regente, ordenó una sistemátic­a destrucció­n de todos los monumentos que la representa­ban. Sin embargo, esta Damnatio memoriae o “condena de la memoria”, tan frecuente en las culturas griega y romana (sobre todo a partir de Julio César), cuando, por cuestiones políticas, un emperador destruía toda imagen que evocara la memoria de gobernador­es anteriores, puede haber sido interpreta­da con demasiada ligereza. Egiptólogo­s recientes han descubiert­o que este desmantela­miento de las obras de Hatshepsut no se hizo de manera inmediata a su muerte, sino veinticinc­o años más tarde. Así pues, parece que su motivación no fue una “condena de la memoria” instigada por un rencoroso Tutmosis III hastiado por la figura opresiva de su tíamadrast­ra,

sino el permitir espacio para erigir nuevos monumentos, una práctica muy común durante el Egipto faraónico.

En contraste con el reinado pacificado­r de Hatshepsut, durante sus treinta y cuatro años de reinado, Tutmosis III se caracteriz­ó por una política de beligeranc­ia que le granjearía el apelativo de “el Grande”, identificá­ndole como una especie de “Napoleón egipcio”. El faraón emprenderí­a varias campañas bélicas por tierras de Nubia y hacia el Levante mediterrán­eo, avanzando hacia la actual Libia para conquistar Siria y Palestina. De entre todas estas hazañas militares destacaría su victoria sobre una coalición de ejércitos asiáticos dirigidos por el soberano de Qadesh (ciudad de Canaán en la actual Siria) y el rey de Mitanni, antiguo reino del norte de Siria, hacia el 1457 a.C. Fue la mítica batalla de Megido, fortaleza emplazada en el norte de la actual Palestina (a unos cien kilómetros de Jerusalén), donde siglos más tarde la tradición cristiana, inspirada en el Apocalipsi­s de San Juan, situará el Armagedón, la última batalla que tendrá lugar, antes del final de los tiempos, entre las fuerzas del bien y del mal…

 ?? ?? ESTATUA DE AKENATÓN.
ESTATUA DE AKENATÓN.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain