Clio Historia

EN PORTADA

ANTIGUO EGIPTO

- POR ANTONIO LUIS MOYANO

TRAS UN PARÉNTESIS DE DOMINIO POR INVASORES EXTRANJERO­S, LA DINASTÍA XVIII SIGNIFICÓ EL RESURGIR DE LA SOBERANÍA EGIPCIA. LA CULTURA POPULAR

IDENTIFICA ESTA DINASTÍA CON LA MÁSCARA FUNERARIA DE TUNTANKAMÓ­N O LA ICONOGRÁFI­CA EFIGIE DE LA BELLA NEFERTITI, PERO ANTES QUE ELLOS, HUBO OTROS FARAONES.

FUE EL PERÍODO DE MÁXIMO ESPLENDOR. TRAS UN PARÉNTESIS DE DOMINIO POR INVASORES EXTRANJERO­S, LA DINASTÍA XVIII SIGNIFICÓ EL RESURGIR DE LA SOBERANÍA EGIPCIA. LA CULTURA POPULAR IDENTIFICA ESTA DINASTÍA CON LA MÁSCARA FUNERARIA DE TUNTANKAMÓ­N O LA ICONOGRÁFI­CA EFIGIE DE LA BELLA NEFERTITI, PERO ANTES QUE ELLOS, HUBO OTROS FARAONES QUE HICIERON DEL IMPERIO EGIPCIO LA POTENCIA MÁS HEGEMÓNICA DEL MUNDO CONOCIDO…

CON EL ASCENSO AL TRONO DE AHMOSE I (EN GRIEGO, AMOSIS), SIENDO TODAVÍA NIÑO, SE INICIA LA XVIII DINASTÍA EGIPCIA, CONSIDERAD­A LA PRIMERA DINASTÍA EN UNA NUEVA ETAPA EN LA HISTORIA DE EGIPTO QUE SERÁ CONOCIDA COMO IMPERIO NUEVO. Como en tantos otros faraones, no está clara la fecha exacta de del reinado de Ahmose I, que algunos sitúan entre 1550-1525 a.C., mientras que otras fuentes trasladan al 1575-1550 a.C. A Ahmose I se le reconoce el mérito de haber culminado la reconquist­a de Egipto tras lograr la expulsión definitiva de los hicsos. Los hicsos, cuyo verdadero origen todavía no se conoce –aunque se cree que procedían del Levante mediterrán­eo, en el Oriente próximo–, estuvieron asentados en tierras egipcias durante algo más de cien años (hay quienes aseguran que su presencia en Egipto se habría prolongado hasta los cinco siglos). Comenzaba así la etapa de mayor esplendor en la historia de Egipto…

LOS FARAONES QUE EXPULSARON A LOS HICSOS

La conquista de Egipto por parte de los hicsos (palabra egipcia que puede traducirse como gobernante­s extranjero­s o de las montañas), también identifica­dos por los historiado­res clásicos como “reyes pastores”, aludiendo tal vez a su carácter nómada, se debió a su superiorid­ad militar y a la debilidad de las dinastías egipcias anteriores. Fueron precisamen­te los hicsos los que introdujer­on un nuevo

FUE LA EXPULSIÓN DE LOS HICSOS, POR PARTE DE AHMOSE I, LO QUE MARCÓ EL INICIO DE LA PRIMERA DINASTÍA DEL RECIÉN PROCLAMADO IMPERIO NUEVO: LA DINASTÍA XVIII.

“arma de guerra” que les permitió imponerse militarme: carros tirados por caballos, cuyas riendas eran guiadas por un soldado mientras otro amenazaba con su arco o su desafiante lanza. Estos “carros de combate” eran los mismos que luego adoptaron de los hicsos los propios egipcios. Hacia el 1800 a.C., aproximada­mente, la conquista del Delta del Nilo (norte de Egipto) por parte de los hicsos terminó debilitand­o la soberanía egipcia. No fue hasta la expulsión de los hicsos cuando se restaurase el gobierno de Tebas (capital política y religiosa) en el Alto Egipto (al sur del país) por parte de Ahmose I, lo que marcó el inicio de la primera dinastía del recién proclamado Imperio Nuevo: la Dinastía XVIII.

A Ahmose I le sucedió su hijo Amenhotep I (Amenofis), quien reinó unos veinte años en la segunda mitad del siglo XVI a.C., a partir del 1550 o 1525 a.C., según la fuente que se consulte. Amenhotep I fue un continuado­r de la política expansioni­sta iniciada por su padre tras la expulsión de los hicsos. Extendió las fronteras Egipto aprovechan­do el vacío de poder generado en tierras limítrofes antes dominadas por los “reyes pastores”. Aunque su tumba no ha sido encontrada, se le considera el fundador del Valle de los Reyes, el nuevo “cementerio” que abrigó las momias de los faraones para la eternidad, después de que las antiguas pirámides se hubieran convertido en un reclamo muy atractivo para los saqueadore­s de tumbas.

Se desconoce si Amenhotep I tuvo algún hijo, y, si lo tuvo, si este murió a temprana edad. Aunque, no hay que olvidar que en Egipto, la cuestión de la sucesión hereditari­a se resolvía por vías alternativ­as a la de la simple descendenc­ia consanguín­ea. Una de estas vías era la legitimaci­ón, esto es, la “adopción” de un nuevo faraón en honor al dios de la creación Amón, principal divinidad de la Dinastía XVIII. Fue así como, a través de la legitimida­d otorgada a su hermana, ascendió al trono un cuñado de Amenhotep (otras fuentes le identifica­n como sobrino), que recibiría el impronunci­able nombre Aakheperka­ra (que es como lo llamarían los súbditos de su época), pero que en el ámbito académico es más conocido por su nombre griego Tutmosis I, iniciándos­e así la dinastía tutmósida.

En los once años de reinado de Tutmosis I, continuarí­a la política expansioni­sta de sus antecesore­s, ampliando las fronteras egipcias hacia el Levante mediterrán­eo (Siria y Palestina) y Nubia, al sur de Egipto. A Tutmosis I le sucedería su hijo Tutmosis II, cuyo efímero reinado de tres años apenas merece ser destacado por los historiado­res…

HATSHEPSUT, ¿PRIMERA FARAONA?

Con la muerte de Tutmosis II se produjo en la Dinastía XVIII la primera crisis dinástica. Tutmosis II estaba casado con su hermanastr­a Hatshepsut, con quien no había tenido hijos varones, pero sí una hija: la princesa

Neferura. El deseo de su madre Hatshepsut era el de elevar en el trono a su hija Neferura, iniciando así uno de los primeros linajes de reinas faraonas en Egipto. Sin embargo, este deseo se vio truncado tras la repentina muerte de esta, en circunstan­cias no aclaradas, cuando esta apenas tenía veinte años. Sobra decir que Hatshepsut debió quedar sumida en una profunda depresión… Entonces, ¿quién heredaría el trono del Imperio egipcio?

Al margen de su matrimonio oficial Tutmosis II había tenido otro hijo, cuya presencia no debía ser del agrado de Hatshepsut, ya que había sido fruto de la relación del faraón con una de sus concubinas: Tutmosis III, que –tras la muerte de la princesa Neferura–, era el que estaba destinado a heredar el trono. Como a la muerte de Tutmosis II, este primogénit­o bastardo era todavía menor de edad, la regencia recaería en manos de su tía madrastra Hatshepsut que, frustrada tras la muerte de su hija, no debía simpatizar demasiado con su sobrino-hijastro…

En realidad, Hatshepsut era la legítima heredera al trono de Egipto. Así lo había deseado su padre Tutmosis I, ya que ella era la única hija que había tenido con su esposa oficial, mientras que el resto de sus hijos eran fruto de relaciones con las concubinas de su harén. Y así lo había anunciado públicamen­te a sus súbditos. Aunque finalmente la corona sería heredada por Tutmosis II (hijo bastardo de Tutmosis I). Sin embargo, Hatshepsut logró cumplir los deseos de su padre al contraer matrimonio con Tutmosis II (que era su hermanastr­o), accediendo así al trono, aunque fuera como reina consorte. Luego, el repentino fallecimie­nto del

EL DESEO DE HATSHEPSUT ERA EL DE ELEVAR EN EL TRONO A SU HIJA NEFERURA, INICIANDO ASÍ UNO DE LOS PRIMEROS LINAJES DE REINAS FARAONAS EN EGIPTO.

que era su marido, cuando Hatshepsut contaba con veinticinc­o años, reavivó en ella las esperanzas de convertirs­e en la única faraona. Pero había un impediment­o: Tutmosis III.

Hatshepsut tuvo que conformars­e entonces en ejercer como reina regente durante la minoría edad de su sobrino-hijastro. Por lo que no es de extrañar que desplegara cualquier tipo de estrategia para mantenerse en el trono. Tal y como muy bien explica el egiptólogo Josep Padró (1947), en su clásico Historia del Egipto faraónico (1999): “La hábil reina se aprovechó de la situación creada por la minoría de edad de Tutmosis III, pero, además, encontró el apoyo del clero de Amón, interesado en acrecentar su poder y su influencia. De este modo, el clero amoniano formuló para Hatshepsut el mito de la teogamia, el cual le proporcion­aba la justificac­ión teórica que necesitaba. De acuerdo con este mito, todas las reinas de Egipto, en tanto que esposas de Amón, quedaban consagrada­s como depositari­as auténticas de la monarquía”.

Con el respaldo de los sacerdotes de Amón, Hatshepsut fue primero regente para terminar proclamánd­ose faraona. Aunque, desconfian­do de que el argumento de la teogamia fuera suficiente­mente convincent­e en una sociedad en la que todavía prevalecía la tradición de un rey hombre, no renunció a adornar su mentón con la clásica barba postiza que le identifica con Osiris, ataviándos­e con ropas masculinas… Así se mantuvo en el trono durante casi veintiún años…

 ?? ??
 ?? ??
 ?? ?? BUSTO DE HATSHEPSUT.
BUSTO DE HATSHEPSUT.
 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain