Córdoba

Entre el alivio y la agonía

Un análisis de los resultados de las elecciones autonómica­s en Cataluña, de difícil digestión

- Paz *

Dada la complejida­d de la política catalana, ningún resultado en las elecciones del domingo se presentaba a priori fácil de administra­r, no solo en Cataluña sino también en Madrid. Tampoco lo es el que finalmente salió del recuento de los votos, aunque este, sin duda, supone un alivio para Pedro Sánchez, al que la ‘operación Illa’ le ha salido de 10, y una agonía para los líderes del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Inés Arrimadas, cuyos partidos han tenido un penoso desenlace electoral, siendo superados de manera rotunda por Vox. La irrupción de la ultraderec­ha en el Parlament no solo es una mala noticia para los dirigentes de la derecha moderada, lo es para el conjunto del Estado, porque, si nadie lo impide, los ultras avanzan hacia la hegemonía de ese sector ideológico y pueden estimular aún más la radicaliza­ción de los populares.

La victoria del PSC, la primera desde 2003 con Pasqual Maragall de candidato, viene a reforzar la apuesta de Sánchez por el diálogo y la búsqueda de soluciones al conflicto catalán, además de suponer una revalidaci­ón de la gestión de la pandemia, dirigida hasta hace unos días por Salvador Illa y cuestionad­a hasta el extremo por la oposición. El hecho de que ERC haya quedado como segunda fuerza política, por delante de Jxcat, representa también un respiro para el presidente del Gobierno español, porque los republican­os son esenciales en la configurac­ión de la mayoría parlamenta­ria que le apoya, al contrario que los de Puigdemont/borràs, que le han negado el pan y la sal y cuyo triunfo en el sector independen­tista hubiera complicado mucho las relaciones con la Moncloa.

No obstante, Sánchez no lo tendrá fácil, porque, como se vio la noche del domingo, los dirigentes de Esquerra, fortalecid­os por las urnas, parecen querer redoblar sus exigencias maximalist­as, para las que podrían lograr el apoyo de Unidas Podemos, y que, sin embargo, son muy difíciles de gestionar por el Gobierno. Porque Sánchez puede estar pensando en indultos para los políticos presos y en reformas de la ley para rebajar el delito de sedición, pero ni puede conceder una amnistía, que no se contempla constituci­onalmente, ni está en condicione­s de aprobar un referéndum de autodeterm­inación. Así que, si pasada la euforia postelecto­ral no se modulan las peticiones, las relaciones entre la Moncloa y ERC pueden volverse todavía más complejas, sea cual sea, finalmente, la configurac­ión del Govern de la Generalita­t.

Para la derecha española, el resultado de las elecciones catalanas ha sido demoledor. Ciudadanos ha caído de 36 a 6 diputados y el PP, que ya tenía una ridícula representa­ción de cuatro escaños, se ha quedado con tres, casi cuadriplic­ado por Vox, que entra en el Parlament con 11 diputados. Arrimadas se enfrenta a los críticos de su partido que le piden responsabi­lidades, pero su formación ya pasó a ser marginal bajo el liderazgo de Albert Rivera, cuando se quedó con 10 diputados en las elecciones generales de noviembre de 2019.

Peor es lo de Casado, que encabeza el primer partido de la oposición al que Vox le disputa la hegemonía de la derecha. Casado tendrá que enfrentars­e ahora a quienes dentro del PP dudan de su capacidad para liderar el partido en esas circunstan­cias. Obsesionad­o con los de Abascal, el líder popular da bandazos y se aplica casi con tanta dureza como los ultras contra el Gobierno, negándose a cualquier tipo de pactos, incluso los que vienen obligados constituci­onalmente, como la renovación del Consejo General del Poder Judicial. El pésimo resultado catalán le pone en la picota.

* Periodista

«A Sánchez la ‘operación Illa’ le ha salido de 10»

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