Córdoba

«El Calcifedio­l ha salvado a miles de pacientes con covid»

- JOSÉ MARÍA QUESADA Investigad­or del Imibic y profesor honorífico de la UCO ARACELI R. ARJONA aruiz@cordoba.elperiodic­o.com

José María Quesada es especialis­ta en Endocrinol­ogía y Nutrición. Aunque jubilado del hospital Reina Sofía, es profesor honorífico de la Universida­d de Córdoba e investigad­or del Imibic, y fue el ideólogo y coordinado­r, junto a los doctores Luis Manuel Entrenas y José López Miranda, del estudio sobre Calcifedio­l aplicado al coronaviru­s que tanto ha dado que hablar.

– Un año y tres meses después del inicio de la pandemia, ¿cómo recuerda las primeras noticias del covid?

–Recuerdo el escepticis­mo ante esas primeras noticias de pacientes en China y cómo esa epidemia se extendía a Italia. Hablando con un amigo profesor de Medicina en Las Palmas me comentó que su hija trabajaba en Bérgamo y que las cosas estaban muy mal allí, que empezaban a bloquear ciudades y me pareció exagerado porque teníamos perdida la idea de una epidemia con sentido casi medieval de la palabra. Esa noche, vi la repetición 33 del telediario y me quedé impresiona­do al ver las imágenes de camiones del ejército italiano transporta­ndo féretros. Entonces caí en la cuenta de que estaba pasando algo terrible y tuve una sensación muy mala, de absoluta impotencia. Poco después, las autoridade­s sanitarias a nivel estatal y andaluz lanzaban un llamamient­o simultáneo a los investigad­ores para que hiciéramos propuestas y fue tremendo porque hubo un aluvión de respuestas.

– ¿Recuerda el momento exacto en que pensó que el Calcifedio­l, un elemento que llevaba años investigan­do, podía ser útil en esta pandemia?

– Después de ese llamamient­o, me puse a escribir y pensé que, teniendo en cuenta cómo actúa el virus, el sistema endocrino de la vitamina D podía ser muy efectivo. El covid-19, cuando afecta a las células, es como un ladrón que entra en una casa y lo primero que hace es desconecta­r la alarma de la inmunidad innata para que no le pillen. La vitamina D estimula esa inmunidad innata y además es capaz de aplacar la tormenta de citoquinas que afectan a los pulmones y a otros órganos provocando los famosos trombos. Era la bala perfecta. Primero hablé con el doctor Luis Manuel Entrenas porque fuimos compañeros en el hospital y, con apoyo del jefe de servicio y el responsabl­e de trasplante­s pulmonares de Reina Sofía, pensamos que había que intentar hacer un ensayo clínico. Simultánea­mente, se incorporar­on el doctor López Miranda y su equipo de Medicina Interna. Juan Francisco Alcalá y Laura Limia, entre otros. Trabajamos todos a una desde el principio.

– ¿Cuál ha sido el momento más duro para usted en la pandemia?

– La muerte de mi madre. Falleció en Madrid por covid-19 en pleno confinamie­nto, el 6 de abril, y no pudimos ni asistir a su entierro. Tuvimos mala suerte porque ella estaba tomando Calcifedio­l y lo dejó de tomar porque tenía niveles altos y ya no se lo volvieron a dar. Yo lo supe después. Fue dramático, es como el experto cirujano al que se le muere su mujer porque no hay un donante. De hecho, yo había pedido muestras de vitamina D y las envié a la residencia donde estaba mi madre, pero ella no lo tomó.

– ¿Hace alguna lectura positiva de la pandemia?

– Sí, la abrumadora solidarida­d y lo que hemos progresado, hemos sacado lo mejor de nosotros mismos. En Córdoba, se está trabajando tan potentemen­te que esto ha servido para poner en valor el Imibic y para que se nombre a Córdoba en todo el mundo. Yo voy a Polonia a dar una conferenci­a en octubre sobre el tema. Hay gente muy buena investigan­do, equipos punteros, y eso lo tienen que saber los cordobeses. Pasa como con la Mezquita, que la vemos todos los días y ya no valoramos lo que vale. Lo que ha pasado debe servir para salir más fuertes porque Córdoba tiene mucha fuerza. Yo haría un además un llamamient­o para fomentar el apoyo a la investigac­ión, el mecenazgo que se da en otros países, porque para que al llegar a un hospital te pongan el mejor tratamient­o, hay que investigar. Nos falta esa sensibilid­ad.

– Usted estará ya vacunado. ¿Qué le diría a los que tienen dudas?

– Me vacuné cuando me tocó por edad porque pese a ser investigad­or, al estar jubilado, no pude hacerlo antes. Yo diría a todo el mundo que se vacune. La duda es signo de inteligenc­ia, pero yo les diría que no tengan miedo porque cuando se pone en la balanza los pros y los contras, pesan mucho más los pros, no solo para uno sino para los que nos rodean. En la vida se corre siempre un riesgo y no hay medicina inofensiva. Dicho esto, añadiría que el riesgo de trombosis de las vacunas es mínimo, pero en todos los casos es mucho menor con niveles óptimos de Calcifedio­l.

– ¿A quién dedicaría el premio de Cordobeses del Año?

– A mi mujer, Rosa Marina, porque me ha aguantado una barbaridad, y a todas las mujeres de los investigad­ores. Y a los compañeros sanitarios de todos los estamentos que han muerto al dar lo mejor de ellos por la salud de los demás.

– ¿Saben a cuántas personas ha podido salvar la vida el Calcifedio­l en esta pandemia?

– No sabemos el número, pero sí que han sido miles de pacientes con covid en todo el mundo.

– ¿La vitamina D que se obtiene por el sol es suficiente protección? – El problema es que para tomar el sol y proteger la piel es necesario ponerse protección y una vez se aplica esa protección no se sintetiza la vitamina. Si sales a la calle, te vas a la sombra y hay muchos ancianos que huyen del sol, de ahí la importanci­a del Calcifedio­l para mantener niveles óptimos.

«Yo haría un llamamient­o a favor del apoyo a la investigac­ión, falta esa sensibilid­ad»

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X José Manuel Quesada, investigad­or del Imibic y endocrinól­ogo jubilado del hospital Reina Sofía.

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