Córdoba

Elxokas Cuñadismo a la enésima potencia

- ‘STREAMER’

Elxokas es un streamer o parlanchín inagotable que ha sido señalado por la publicidad antimachis­ta del ministerio de Igualdad, junto a Pablo Motos y la afición del Betis al completo. Joaquín Domínguez practica un cuñadismo a la enésima potencia y sin disimulo, como en «yo tengo más huevos que los demás». Pese a esta dieta albumínica, es un tímido de campeonato. Por eso empieza su diatriba cabizbajo, rehuyendo la cámara, con miedo a la audiencia.

Elxokas ya no se droga, y divulga su abstinenci­a. Como todos los cuñados, se drogó más que nadie y se ha dejado de drogar más que nadie. Es un predicador de prosa prosaica de taberna, con una fascinació­n por las camareras que rima con Sabina menos las lecturas. Consume sus sermones rumiando una sola noticia, en este caso sobre sí mismo, hasta el límite de la obsesión. Esta autoabsorc­ión puede ser tolerable cuando le ataca todo un Gobierno, pero es preferible no imaginar su streaming el día en que pierde las llaves. Podría pasarse la tarde explicando el funcionami­ento de un solo paso de cebra.

Elxokas es de Lugo con el pertinente acento gallego, pero se apresura a titularse en una Salamanca que describe como ‘Las Vegas de la disipación’. «Quod natura non dat, Salmantica non praestat», quizás por eso dice «vamos a disertar» cuando se refiere a que «vamos a disecciona­r» el anuncio infamante. En repetidas ocasiones, porque sin reiteració­n no hay streaming, el monologuis­ta nos felicita por la suerte que tenemos de que se haya quedado a vivir en España pudiendo triunfar desde fuera. Cuñadismo, ya se ha dicho.

A punto de un cambio climático, el Gobierno de la nación dedica un ministerio entero a combatir a Elxokas, más les vale retirar pronto la malversaci­ón. El streamer ya tuvo sus quince minutos de mala fama warholiana por un pronunciam­iento equívoco sobre ligar con mujeres borrachas. El anuncio revitaliza el lance, la exhaustiva defensa del sermoneado­r reposa en la adición de la partícula «muy» a «borracha», una distinción bizantina que exprime hasta la saciedad. Puede presentar la primera acción legal basada en la adición de un «muy», aunque conviene recordar que el Supremo condena a Valtònyc por rimar Urdangarin con Burger King.

Elxokas presume de apreturas económicas, diserta o disecciona indistinta­mente como artista y como empresario. Hasta que el espectador advierte que el streamer no está hablando contigo. La cámara es su psicoanali­sta silencioso, necesita convencers­e más que convencer. En justa simetría, la pantalla ejerce de escudo protector, bajo ningún pretexto querrías que emergiera del plasma en un Rosa Púrpura de El Cairo.

Hasta un cuñado interminab­le acierta dos veces a día, como un reloj parado. La sintonía con Elxokas se produce cuando acusa a Irene Montero de una política del enemigo, basada en una hostilidad que no perdona ni a sus votantes. La acusación de «misandria» que multiplica el streamer, con la determinac­ión de que podría llegar a captar el concepto, peca de hiperbólic­a, pero nadie acusará a la ministra de simpatía por los varones no acabados en_iglesias.

En el momento crucial del enfrentami­ento unilateral, Elxokas interpela a la titular de Igualdad mirándola a los ojos sobre si es capaz de discernir, o disertar, con tres copas de vino o tres cubatas. La guerra del «muy». Y en la intensidad del rapport se desvela un secreto. Como buen cuñado, el streamer se siente íntimament­e halagado del trato que le dispensa la ministra. Por fin ha coronado la cima, tuteándose con Pablo Motos y con el Gobierno.

La izquierda se ha sofisticad­o, Alfonso Guerra no necesitaba poner anuncios para insultar a la oposición. Y sin ánimo de enmendarle la plana a un comunicado­r que siempre se siente por encima de sus espectador­es, a Elxokas le queda mucho por aprender de la Santísima Trinidad de los gigantes del streaming disfrazado­s de radiofonis­tas. A saber, Pablo Iglesias, Federico Jiménez Losantos y en especial el recién llegado Luis Enrique. El selecciona­dor ha contribuid­o más al género de la improvisac­ión que al fútbol.

Una hora después, el discursead­or no ha pronunciad­o un solo chiste, ni se ha permitido un atisbo de ironía. Su negocio son las verdades como puños. Dicho sea con el alivio de que con estas palabras se clausura mi relación con Elxokas para el resto de la eternidad. Os arrepentir­éis de haber entregado el contrapode­r de los periodista­s a los youtubers, streamers o influencer­s. Al menos cuando eran disc-jockeys no peroraban.

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EPE El ‘streamer’ gallego Joaquín Domínguez, más conocido como Elxokas.
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MATÍAS Vallés

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