LI­CEN­CIA PA­RA VAGUEAR

¿Te apun­tas a la úl­ti­ma ten­den­cia? Es el ‘nes­ting’ y con­sis­te en que­dar­te en ca­sa sin ha­cer na­da. Ojo, que tie­ne su téc­ni­ca.

Cosmopolitan España - - Etcétera -

Po­cas co­sas co­nec­tan más a una pa­re­ja que mi­rar­se un vier­nes por la tar­de a los ojos y, sin de­cir­se na­da, que los dos se­pan que en ese fin­de de frío y mal tiem­po no se va a ha­cer nin­gún plan. Na­da. Es co­mo acep­tar las co­okies de una web, di­ces sí a to­do sin ha­ber leí­do nin­gu­na de las con­di­cio­nes, pe­ro sa­bes que te va a com­pen­sar. Re­sul­ta que es­to es­tá de mo­da y tie­ne nom­bre, se lla­ma nes­ting y to­do el mun­do es­tá

li­ving con ello. Lo ha­ce has­ta Chiara Fe­rrag­ni, con más pas­ta y postureo, pe­ro es que­dar­se en ca­sa al fin y al ca­bo. El mo­men­to per­fec­to pa­ra unir­se a es­ta ten­den­cia es cuan­do Mer­ca­do­na po­ne los tu­rro­nes en los es­tan­tes de sus tien­das. Y co­mo es­to ya ha ocu­rri­do, A. y yo os va­mos a en­se­ñar los ele­men­tos pa­ra prac­ti­car­lo en con­di­cio­nes. Lo pri­me­ro que hay que ma­ne­jar con sol­tu­ra son los tiem­pos: na­da de re­lo­jes ni alar­mas, al le­van­tar­te ol­vi­da las pri­sas. Por lo me­nos tie­nes que dar­te la vuel­ta un par de ve­ces y es obli­ga­to­rio te­ner la sen­sa­ción de dor­mir cin­co mi­nu­tos y que ha­ya pa­sa­do una ho­ra y cuar­to. Cam­bia el chip cuan­do oi­gas a Matías Prats ha­cer un chas­ca­rri­llo en el in­for­ma­ti­vo. Co­mo to­do lo que im­por­ta es tu vi­da, re­sul­ta vi­tal que tus con­tac­tos se­pan que es­tás ha­cien­do nes­ting. A. subió una fo­to aso­ma­da a la ven­ta­na mi­ran­do al in­fi­ni­to, con un jer­sey gor­di­to, un ca­fé humean­te en la mano y un pu­ña­do de sue­ños. 587 li­kes. Yo hi­ce lo mis­mo pe­ro con le­ga­ñas, to­man­do un Nes­quick y un crua­sán con los mo­rros lle­nos de cho­co­la­te. 12 li­kes. No sé qué fa­lló. Los ha­ters del Nes­quick, su­pon­go. Aun­que asu­mo que el

out­fit cuen­ta. Y que en es­to hay una má­xi­ma: la ro­pa más an­dra­jo­sa es la más có­mo­da Y-NO-HAY-MÁS-QUEHABLAR. Cuan­tas más bo­las ten­ga el pan­ta­lón, más con­fort sien­tes. Yo me pu­se una su­da­de­ra de pu­bli­ci­dad y un pan­ta­lón con go­mi­lla da­da de sí del Fall/ Win­ter 15-16, que de­ja­ba mi cu­lo al aire y A. unos leg­gings ne­gros vie­jos, ca­mi­se­ta de los Mup­pets y cal­ce­ti­nes an­ti­des­li­zan­tes con los que lim­pia y que ge­ne­ran una gran elec­tri­ci­dad al arras­trar los pies. Vol­vien­do al nes­ting, es fun­da­men­tal te­ner un buen so­fá, ya que tus nal­gas van a re­po­sar ahí bas­tan­te tiem­po. An­tes de com­prar el nues­tro, A. y yo nos tum­ba­mos en to­dos los de Ikea, co­lo­cán­do­nos en di­fe­ren­tes pos­tu­ras de Te­tris has­ta que en­con­tra­mos uno en el que los dos en­trá­ba­mos sin pro­ble­ma. Fui­mos tren­ding

to­pic en Twit­ter con el hash­tag #los­ta­ra­dos­del­so­fá. Otro pun­to im­por­tan­te es la co­mi­da. Aquí exis­ten dos al­ter­na­ti­vas bien di­fe­ren­cia­das. O co­ci­nas tú, que es una ma­ne­ra de deses­tre­sar­se y pro­bar ideas nue­vas, o pi­des a do­mi­ci­lio. Si es­co­ges la se­gun­da op­ción, lán­za­te a la co­mi­da más ca­ló­ri­ca, from lost to the ri­ver.

Sa­brás que vas a sa­car un apro­ba­do con no­ta si cuan­do le abres la puer­ta al re­par­ti­dor, mi­ra fi­ja­men­te tu atuen­do, du­dan­do se­ria­men­te in­clu­so de tu hi­gie­ne cor­po­ral. A. le gri­tó des­de el so­fá: «¡Eh, no nos juz­gues, es­ta­mos ha­cien­do nes­ting!».

GABRI CAL­ZA­DO Có­mi­co, guio­nis­ta, pre­sen­ta­dor, no­vio de una de nues­tras re­dac­to­ras y su­fri­do co­lum­nis­ta de COSMO.

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