PER­FI­LES DE TINDER PA­RA SA­LIR CO­RRIEN­DO. De­tec­ta a esos con­tac­tos de los que debes huir.

UNA CO­SA ES BUS­CAR PA­RE­JA Y OTRA ACEP­TAR ‘PUL­PO CO­MO ANI­MAL DE COMPAÑÍA’. APREN­DE A DE­TEC­TAR EN LAS RE­DES A LOS CHI­COS QUE NO TE CON­VIE­NEN Y TO­MA NO­TA DE LAS ME­JO­RES ES­TRA­TEGIAS PA­RA DES­HA­CER­TE DE ELLOS.

Cosmopolitan España - - Sumario - TEX­TO: SIBILA FREIJO. FO­TO: BETH STUDENBERG.

En­con­trar a al­guien que en­ca­je con­ti­go en Tinder es co­mo bus­car una agu­ja en un pa­jar: mi­sión ca­si im­po­si­ble. Lo que sí te cos­ta­rá me­nos es iden­tif­car a esos can­di­da­tos con los que no for­ma­rías un puz­le ni lo­ca, ya que en es­ta red en­se­gui­da se le ve el plu­me­ro a la gen­te. Só­lo tie­nes que pres­tar aten­ción a su perfl y ver cómo se ma­ne­ja en las pri­me­ras con­ver­sa­cio­nes de chat. Si te to­pas con al­guno de los que vie­nen a con­ti­nua­ción, no mal­gas­tes tu tiem­po.

EL RECIƒN SE­PA­RA­DO

Sue­le de­cir­lo abier­ta­men­te: «Me di­vor­cié ha­ce un mes, pe­ro ya lo he su­pe­ra­do». O con es­tas ex­pre­sio­nes: «Sin mo­chi­las emo­cio­na­les» o «sin car­gas (hi­jos)». Por quŽ evi­tar­lo

Es una de las bes­tias ne­gras de Tinder. Si te ves ten­ta­da de que­dar con él, apun­ta es­tas tres ra­zo­nes pa­ra no ha­cer­lo: la pri­me­ra es que te uti­li­za­rá pa­ra ol­vi­dar a su ex; la se­gun­da, que la ma­yo­ría só­lo bus­ca re­la­cio­nes klee­nex, de usar y ti­rar, y la ter­ce­ra, que te com­pa­ra­rá con su an­ti­gua pa­re­ja to­do el tiem­po (y eso pue­de cau­sar­te in­se­gu­ri­dad). Con­se­jo: si no lle­va al me­nos seis me­ses li­bre, ni ca­so.

EL CA­SA­DO CA­MU­FLA­DO

Aun­que tie­ne una re­la­ción es­ta­ble, se ha me­ti­do en la app pa­ra bus­car aven­tu­ras o ver su va­lía en el mer­ca­do y/o su­bir el ego. Le re­co­no­ce­rás por­que cuan­do le pre­gun­tas por su vi­da

per­so­nal, con­tes­ta con eva­si­vas co­mo «ya te con­ta­ré» o «es com­pli­ca­do». Ojo, tam­bién pue­de re­cu­rrir a los clá­si­cos «estoy ca­sa­do, pe­ro me estoy se­pa­ran­do» o «ya ni si­quie­ra ha­ce­mos el amor».

Por qué evi­tar­lo Por ra­zo­nes ob­vias: liar­se con al­guien em­pa­re­ja­do te trae­rá pro­ble­mas, y si prue­bas y te en­gan­chas, es­ta­rás per­di­da. Debes aspirar a una per­so­na que no mien­ta y no a un pica

pica ni a un qui­ta­pe­nas.

EL PA­DRE ABNEGADO

Es­cri­be co­sas ti­po «pa­pá de una prin­ce­si­ta que me tie­ne lo­qui­to» o «con un ne­ne que ocupa mi co­ra­zón al com­ple­to» (que que­de cla­ro que él por sus hi­jos ma-ta). Una vil es­tra­te­gia pa­ra apa­re­cer an­te tus ojos co­mo un ser sen­si­ble, me­re­ce­dor de tu con­fan­za. Nadie du­da que quiere mu­chí­si­mo a sus re­to­ños, pe­ro aquí se vie­ne a li­gar, chi­co.

Por qué evi­tar­lo Por­que cuan­do le man­des un men­sa­je te di­rá que es­ta­ba vien­do Bob Es­pon­ja y que no ha po­di­do con­tes­tar­te an­tes. Un hom­bre que tie­ne un tra­ba­jo exi­gen­te e hi­jos pe­que­ños a su car­go no es un par­ti­da­zo. No ten­drá tiem­po ni de res­pi­rar… y pue­de que a ti no te gus­ten los ni­ños. Pién­sa­lo: ¿cam­bia­rías una tar­de en el Par­que War­ner por una ce­na ro­mán­ti­ca?

MR. MACHU PICCHU, MR. ‘SEL­FIE’ Y MR. BA­ÑO

No hay una ima­gen de pre­sen­ta­ción más ma­ni­da que la de un tío con el Machu Picchu de­trás. Es inau­di­to que un 20% de los hom­bres que usan Tinder ha­ya es­ta­do en Pe­rú. Igual de fre­cuen­tes son las ins­tan­tá­neas en el cuar­to de ba­ño en plan «mi­ra lo su­per­me­ga­bueno que estoy» (¡qué pe­re­za!). Tam­po­co hay que far­se del que só­lo sube sel­fes (¿no tie­nes nin­gún ami­go que te sa­que de­cen­te?).

Por qué evi­tar­los Son unos au­tén­ti­cos egó­la­tras y pen­sa­rán más en ellos mis­mos que en ti. El del Machu Picchu, ade­más, te da­rá mu­cha en­vi­dia.

EL DE­POR­TIS­TA EX­TRE­MO

Com­pe­ti­cio­nes de vela, des­cen­so de ca­ño­nes, puen­ting, bu­ceo en cue­vas… An­tes muer­to que ha­cer al­go re­la­ja­do o pi­sar un vul­gar gim­na­sio. Es don De­por­tes de Aven­tu­ra. En to­das las fo­tos de su perfl es­tá prac­ti­can­do una ac­ti­vi­dad de­por­ti­va (es­pe­cial­men­te de al­to ries­go). Por eso se­rá di­fí­cil que con­si­gas ver­le la ca­ra. Eso sí, te de­lei­ta­rá con pai­sa­jes muy bo­ni­tos.

Por qué evi­tar­lo A no ser que quie­ras ir de ba­rran­co en ba­rran­co o que es­tés dis­pues­ta a se­guir­le en to­das sus fre­né­ti­cas lo­cu­ras, no au­gu­ra­mos un buen fu­tu­ro. Ol­ví­da­te del re­vol­cón ma­tu­tino y de ir de brunch. Aca­ba­rás su­dan­do la ca­mi­se­ta so­bre la bi­ci en un puer­to… Y eso si lo­gras so­bre­vi­vir.

EL IMPACIENTE

Es aquel que no quiere per­der tiem­po en cha­tear; de he­cho, no aguan­ta ni tres men­sa­jes. Tie­ne de­ma­sia­do tra­ba­jo y él no es­tá pa­ra eso. Le ur­ge co­no­cer­te, pe­ro no só­lo a ti (no te equi­vo­ques), ¡a mu­chas! Y lo quiere con­se­guir con el mí­ni­mo es­fuer­zo; es de­cir, por su ca­ra bo­ni­ta, en plan fast de­li­very. An­tes de saber tu nom­bre te pre­gun­ta­rá: «¿qué ha­ces es­ta no­che?». Cuan­do le di­gas «ho­la», te pa­sa­rá su te­lé­fono y te pe­di­rá el tu­yo. Eso sí, si te atrae y te ves con ga­nas, lo ten­drás en el bar de al la­do de tu ca­sa en me­nos de una hora. Es co­mo la co­mi­da a do­mi­ci­lio: rá­pi­da y po­co saludable.

Por qué evi­tar­lo Úni­ca­men­te desea acos­tar­se con­ti­go. Ade­más, en ge­ne­ral las pri­sas nun­ca son bue­nas con­se­je­ras. Re­cuer­da, las co­sas que me­re­cen la pe­na se cue­cen a fue­go un po­co más len­to.

EL GUIRI ‘ON FIRE’

Sue­le ser el más gua­po (y el más ru­bio), pe­ro en cuan­to ha­ces match y em­pie­zas a ha­blar con él, te das de bru­ces con la cru­da reali­dad: es ex­tran­je­ro y es­tá de pa­so en un via­je de ne­go­cios. En dos días vol­ve­rá a su Zua­gi­lan­dia na­tal, don­de le es­pe­ran su mujer y sus tres hi­jos. Quiere apro­ve­char el tiem­po en­tre reunión y reunión pa­ra co­no­cer a una es­pa­ño­la apa­sio­na­da y, de pa­so, ren­ta­bi­li­zar el ho­te­la­zo que le ha pa­ga­do la em­pre­sa.

Por qué evi­tar­lo Ima­gi­na que te enamo­ras de un es­ta­dou­ni­den­se o un po­la­co una no­che. ¿Vas a gas­tar­te to­do el suel­do en bi­lle­tes de avión ha­bien­do pro­duc­to cien por cien ibé­ri­co en Tinder? No way. Los chi­cos, cuan­to más cer­ca, me­jor (en to­dos los sentidos).

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