¿Por qué sí?

Crecer Feliz - - SALUD -

Re­ci­bir una va­cu­na es mu­cho más se­gu­ro que con­traer cual­quie­ra de las en­fer­me­da­des fren­te a las que pro­te­ge. Es­tos me­di­ca­men­tos ha­cen que tu be­bé desa­rro­lle in­mu­ni­dad (pro­tec­ción) con­tra en­fer­me­da­des an­tes de que en­tre en con­tac­to con ellas. Do­len­cias co­mo el té­ta­nos o la dif­te­ria han azo­ta­do a la hu­ma­ni­dad a lo lar­go de los si­glos; sin em­bar­go aho­ra, gra­cias a la va­cu­na­ción, son pu­ra anéc­do­ta, al me­nos en nues­tro país. ¡Me­re­ce la pe­na! Ade­más...

No so­bre­car­gas el sis­te­ma in­mu­ni­ta­rio de tu pe­que. Es­te com­ba­te exi­to­sa­men­te mi­les de gér­me­nes al día. Así que, aun­que le pon­gas tres va­cu­nas, es­tas cons­ti­tu­yen so­lo una pe­que­ña frac­ción de los gér­me­nes que su cuer­po com­ba­ti­rá ese día. Si es­tás em­ba­ra­za­da tam­bién te pro­te­ge a ti. Y, so­bre to­do, pro­te­ge al res­to de tus hi­jos, a los com­pa­ñe­ros de la guar­de... Las va­cu­nas su­man.

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