Al­ma Deus­ts­cher

Es­ta ni­ña in­gle­sa ha re­vo­lu­cio­na­do la mú­si­ca de con­cier­to

ABC - Cultural - - OPINIÓN -

ma­gino va­rias for­mas po­si­bles de es­cri­bir una co­lum­na so­bre

la in­creí­ble ni­ña pro­di­gio in­gle­sa que es­tá re­vo­lu­cio­nan­do el mun­do de la mú­si­ca de con­cier­to. Una se­ría con­ce­der que es real­men­te una ni­ña pro­di­gio, ya que con sie­te años es­cri­bió una ópe­ra de cá­ma­ra ba­sa­da en un re­la­to de ( The Swee­per of Dreams), y con so­lo diez años una ópe­ra de pleno de­re­cho ( Cin­de­re­lla) que ha si­do es­tre­na­da en Vie­na ba­jo el pa­tro­naz­go de pe­ro que su mú­si­ca, ro­mán­ti­ca y dul­zo­na a más no po­der, es ver­da­de­ra­men­te ho­rri­ble. Es­ta po­si­bi­li­dad no me gus­ta, pri­me­ro por­que es la más fá­cil, y se­gun­do por­que, fran­ca­men­te, no la com­par­to.

Al­ma Deuts­cher tie­ne aho­ra ca­tor­ce años. Su ópe­ra Cin­de­re­lla es un alu­vión de me­lo­días ma­ra­vi­llo­sas y ra­dian­tes, qui­zá en ex­ce­so, pe­ro sus con­cier­tos son obras asom­bro­sas. El con­cier­to pa­ra piano y or­ques­ta, por ejem­plo, es­cri­to en­tre sus diez y do­ce años es una obra de enor­me po­der. Su len­gua­je os­ci­la en­tre un cier­to cla­si­cis­mo y un apa­sio­na­do ro­man­ti­cis­mo que re­cuer­da a

(que, por cier­to, tam­bién fue un ni­ño pro­di­gio). La fres­cu­ra de la in­ven­ción me­ló­di­ca, el per­fec­to con­trol de la ar­mo­nía ro­mán­ti­ca y so­bre to­do el do­mi­nio de la for­ma, la ca­pa­ci­dad cons­truc­ti­va, qui­tan el alien­to. Es­ta obra, así co­mo el con­cier­to pa­ra vio­lín y or­ques­ta, com­pues­to a los nue­ve años, son obras lle­nas de be­lle­za. Qui­zá no sean Men­dels­sohn ni

pe­ro Dios mío, creo que es­tán a la al­tu­ra de Si los oyé­ra­mos sin sa­ber de quién son, nos que­da­ría­mos asom­bra­dos, y pen­sa­ría­mos en al­gu­na obra ol­vi­da­da de o in­clu­so del Men­dels­sohn jo­ven.

Es el ro­man­ti­cis­mo de nue­vo. Es el mun­do de las ha­das, de la ma­gia y de la fan­ta­sía. Es la pa­sión por la be­lle­za de la me­lo­día. «Me gus­ta­ría que la gen­te de­ja­ra de de­cir­me có­mo se de­be o no se de­be es­cri­bir mú­si­ca en el si­glo XXI», ha de­cla­ra­do Al­ma Deuts­cher. Y tam­bién: «Si el mun­do es real­men­te tan feo, ¿pa­ra qué ha­cer­lo to­da­vía más feo con mú­si­ca fea?».

IDeuts­cher,

Es el ro­man­ti­cis­mo de nue­vo. El mun­do de la ma­gia, la pa­sión por la be­lle­za de la me­lo­día

Brahms,

Neil Gai­man

Zu­bin Meh­ta,

dels­sohn

Vieux­temps.

Al­ma

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Max Bruch

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