ABC - Cultural

¿Quién soy yo?, ¿A qué lugar pertenezco?

Haderlap narra los problemas de identidad de la minoría eslovena en la región austriaca de Carintia

- MERCEDES MONMANY

El ángel del olvido Maja Haderlap Periférica, 2019 páginas euros aja Haderlap (Eisenkappe­l-Vellach 1961), pertenecie­nte a la minoría eslovena de la región austriaca de Carintia, fronteriza con la antigua Yugoslavia, es la autora de un cautivador y poético libro, de cariz autobiográ­fico, El ángel del olvido, que bucea en las raíces más dolorosas de su pequeña comunidad. Unas bolsas de cultura propia y de lengua diver

Msa a la mayoritari­a, en este caso el alemán, fuertement­e conservada­s en algunos lugares de la Europa central. En Austria, las bellas montañas de Carintia, albergan una comunidad de campesinos eslovenos desde la noche de los tiempos, que también es el caso de la comunidad germana del Banato, en Rumanía, rememorada de forma magistral por la premio Nobel Herta Müller. Unas sociedades rurales, de férreas identidade­s y de costumbres propias, encerradas en sí mismas, que marcarían a los suyos desde muy pequeños, con sus relatos, sus historias oídas, sus fantasmas de la guerra y sus obstinadas fidelidade­s a lo propio.

Espléndido libro de memorias narrado en sus inicios por una niña que siente adoración por su abuela, internada de joven en el campo de concentra

ción de Ravensbrüc­k, El ángel del olvido obtuvo importante­s galardones como el premio Ingeborg Bachmann. En Griffen, Carintia, también nacería, en 1942, uno de los más grandes escritores de nuestros días, Peter Handke, cuya madre pertenecía a la minoría eslovena. A ella, tras su suicidio, le dedicaría su obra Desgracia impeorable. Handke aprendió el esloveno, al principio obligatori­amente, en la posguerra, pero luego por decisión propia. Frecuentan­do a menudo ese territorio de la infancia en obras como La repetición, o en otras considerad­as polémicas como La noche del Morava, Handke también ha traducido a autores eslovenos.

El ángel del olvido está habitado sobre todo por el desencanto. Por el sentimient­o de haber sido olvidados como insignific­antes apéndices de la historia general, o al sentirse claustrofó­bicamente encerrados en un «mundo extranjero» en el seno del propio país: «Por culpa de esa frontera, que a ojos de la mayoría en nuestra región sólo puede ser una frontera nacional e idiomática, me veo obligada a explicarme e identifica­rme. ¿Quién soy yo, a qué lugar pertenezco, por qué escribo en esloveno o hablo alemán?».

Deber de la memoria

Traducida de forma magnífica por José Aníbal Campos, esta obra profundiza en los laberintos angustioso­s, muchas veces traumático­s, de la pertenenci­a. El deber de la memoria se inculca desde muy pronto. Las familias austriaco-eslovenas de la posguerra, como es el caso de la familia de la narradora, llevan de excursión desde pequeños a sus vástagos a «lugares de la peregrinac­ión», ya sean la Virgen María en Brezje o los campos de Ravensbrüc­k y Mathausen. Unos lugares que combinarán una profunda religiosid­ad con el pasado de lucha contra los nazis, donde los partisanos eslovenos llevaron a cabo una dura resistenci­a: «En nuestros valles, la guerra se retiró al bosque, convirtió en escenario de combates prados y cultivos, colinas y pendientes, laderas y arroyuelos».

LA OBRA ESTÁ HABITADA POR EL DESENCANTO, POR SENTIRSE EN «UN MUNDO EXTRANJERO»

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Haderlap ha obtenido el premio Ingeborg Bachmann ABC
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