«He re­cu­pe­ra­do mi fe. Ahora lo pue­do de­cir»

Ma­nuel León pin­ta «sin pe­los en la len­gua». Su úl­ti­ma se­rie, «His­to­ria de un si­len­cio», lle­ga a la ga­le­ría Ja­vier López no exen­ta de po­lé­mi­ca. Ha­bla­mos tras el rui­do

ABC - Cultural - - ARTE ENTREVISTA - JA­VIER DÍAZ-GUAR­DIO­LA

e de­fi­ne co­mo «ar­tis­ta de pue­blo», y en sus lien­zos atra­pa to­do lo que se po­ne a ti­ro. En su día fue­ron vír­ge­nes y na­za­re­nos, ahora sen­sua­les mu­je­res y es­pa­cios na­tu­ra­les, mo­ti­vos que en­la­zan con asun­tos de ac­tua­li­dad, y que él co­nec­ta con la tra­di­ción. Ma­nuel León (Se­vi­lla, 1977), vuel­ve a la ga­le­ría Ja­vier López, más gran­de, más co­lo­ri­do. Tam­bién más po­lé­mi­co. –Lla­ma a la ex­po­si­ción «His­to­ria de un si­len­cio». Us­ted no tie­ne pin­ta de ser de los que se ca­llan las co­sas... –El tí­tu­lo vie­ne de un en­sa­yo de An­ton Cor­bijn que tra­ta so­bre po­lí­ti­ca, fi­lo­so­fía y es­pi­ri­tua­li­dad. Pa­ra mí, to­do eso alu­de a la pin­tu­ra: en el es­tu­dio, uno siem­pre es­tá en si­len­cio. Son mu­chos los pin­to­res que di­cen, y me in­clu­yo, que no sa­ben es­cri­bir. Nues­tra for­ma de ha­blar es con la pin­tu­ra. –Fren­te a otras com­pa­re­cen­cias, lo que yo no­to aquí es más co­lor.

–Creo que es con­se­cuen­cia de mi par­ti­ci­pa­ción en He vis­to co­lor –en la Fun­da­ción Bo­tí de Cór­do­ba– que es co­mo los gi­ta­nos afir­man que las co­sas van bien. Así lo sen­tía yo. Vi­vir del ar­te no es sen­ci­llo hoy y pa­ra mi ge­ne­ra­ción. Es­tú­pi­da­men­te, eso se re­fle­ja­ba en mi pa­le­ta y en mi for­ma de pin­tar, me sen­tía más a gus­to, más tran­qui­lo.

–Y de re­pen­te lle­gó el co­vid. ¿Le ha afec­ta­do co­mo crea­dor?

–Pues he vuel­to a pin­tar pe­ni­ten­tes. In­ten­té ha­cer apuntes de pai­sa­je, pe­ro al prin­ci­pio no lo­gra­ba con­cen­trar­me. Mi sen­sa­ción era que nos íba­mos a mo­rir to­dos, que a mis ni­ños les iba a pa­sar al­go. –Tie­ne in­fluen­cia del ci­ne, del có­mic, pe­ro men­cio­na la tra­di­ción pic­tó­ri­ca. ¿Se pue­den com­bi­nar am­bas co­sas? –Creo que sí. Mi ge­ne­ra­ción y las que me acom­pa­ñan han cre­ci­do con los có­mics co­mo lec­tu­ra obli­ga­to­ria. Y al­gu­nos tí­tu­los son ya best se­llers de la li­te­ra­tu­ra. –¿Qué le in­tere­sa cuan­do se po­ne a leer? –Me gus­ta leer so­bre co­sas que he­mos da­do por sen­ta­das, de la His­to­ria del Ar­te al fe­mi­nis­mo, y con las que la so­cie­dad ha vi­vi­do a gus­to, pe­ro que pue­den ser re­plan­tea­das. Soy un aman­te tre­men­do de la tra­di­ción, lo que no de­ja de ser pa­ra­dó­ji­co, por­que lue­go cai­go en la evi­den­cia de que a la mu­jer se le ha re­le­ga­do en la pin­tu­ra, que los re­la­tos cam­bian... –Ya que sa­ca el te­ma, le pre­gun­to por la po­lé­mi­ca que ge­ne­ró la no­ta de pren­sa de es­ta ci­ta, don­de de­fi­nía al fe­mi­nis­mo, jun­to al eco­lo­gis­mo, co­mo «una de las neu­ro­sis de nues­tro tiem­po».

S–Fue una pa­ra­noia la que se ge­ne­ró en re­des que no me dio tiem­po ni a se­guir. Pe­ro to­do vie­ne de que se re­dac­tó a par­tir de au­dios de voz míos, re­su­mi­dos de aque­lla ma­ne­ra... El len­gua­je pe­rio­dís­ti­co, tú lo sa­bes, tien­de a sin­te­ti­zar de­ma­sia­do. Me pre­gun­ta­ron qué me in­tere­sa­ba y les di­je que la Le­yen­da Ne­gra es­pa­ño­la, que da­ba pie a mu­chos com­ple­jos y neu­ro­sis ac­tua­les de los es­pa­ño­les. Tam­bién la bo­tá­ni­ca, y eso se ve en la ex­po. Con to­do eso, co­gien­do de allí y ob­vian­do de allá, sa­len fra­ses allí.

–Lo sen­sa­to es pre­gun­tar­le su opinión so­bre el fe­mi­nis­mo.

–¡Me van a me­ter ca­ña otra vez! Mi opinión es que que­da mu­cho aún por an­dar. Pe­ro me jo­de que me pre­gun­ten si lo soy. Es que no creo que se pue­da no ser­lo. Es una es­pe­cie de hu­ma­nis­mo, ha­bla­mos de los de­re­chos de los se­res hu­ma­nos. Lo que ocu­rre es que hay cier­to «fe­mi­nis­mo Co­ca-Co­la», aso­cia­do al ca­pi­ta­lis­mo, que me pa­re­ce una so­be­ra­na ton­te­ría.

–La du­da es si tu­vo ade­más pro­ble­mas con eco­lo­gis­tas, los otros «neu­ró­ti­cos». –Pues yo soy afi­cio­na­do a los to­ros. Ya he con­fe­sa­do an­tes que soy tra­di­cio­na­lis­ta. Y he vuel­to a las ga­na­de­rías. Creo que si no exis­tie­ra el to­ro bra­vo no exis­ti­rían las dehe­sas. Por­que hay mu­chos in­tere­ses in­mo­bi­lia­rios pa­ra ha­cer­se con esos te­rre­nos. Com­par­to co­sas con los ani­ma­lis­tas, pe­ro cuan­do dis­cu­to con ellos y se cie­rran en ban­da, co­mo cuan­do les ex­pli­cas que si no hay co­rri­das el to­ro de li­dia se ex­tin­gue y me res­pon­den «¡que se ex­tin­ga!», eso creo que es ir con­tra la vi­da, y desa­rro­llar un dis­cur­so fas­cis­ta. O que las dehe­sas se con­vier­tan en de­sier­tos... –Lo cier­to es que vi­vi­mos tiem­pos be­li­ge­ran­tes. ¿Afec­ta eso a su tra­ba­jo? –Creo que sí. A mí me so­fo­ca­ba mu­cho que me acu­sa­ran en re­des de equi­dis­tan­tes. Im­po­ner un es­pí­ri­tu crí­ti­co a la fuer­za aca­ba en equi­dis­tan­cia. Hay que re­fle­xio­nar, in­clu­so so­bre lo que vie­ne da­do, que a ve­ces va­mos co­mo zom­bies. –¿Per­dió el mun­do a un fla­men­co y ga­nó a un pin­tor, Ma­nuel?

–[Ríe]. ¿Có­mo te has en­te­ra­do tú de eso? Pues no lo sé... Yo he ga­na­do pas­ta can­tan­do, y me en­can­ta. Pe­ro cuan­do Ro­cío Már­quez, gran ami­ga, me pi­de que me can­te al­go, me da una ver­güen­za ab­so­lu­ta. O El Ni­ño de El­che... Es que tam­bién soy su­per­tí­mi­do, Ja­vier. Y cuan­do can­to fla­men­co, sien­to una pul­sión por den­tro. Es co­mo es­tar des­nu­do pe­ro sin piel. Eso me da mu­cho mie­do.

–Aún así, si­gue te­nien­do mu­cha re­la­ción con la mú­si­ca...

–Mu­cha. Aca­bo de co­la­bo­rar en un ví­deo de Siem­pre Así, con gen­te co­mo Mi­ki Leal... Y con Pony Bra­vo he he­cho por­ta­das, y has­ta le­tras. O con Ro­cío, con la que ahora me voy a Co­pen­ha­gue...

–¿Hay al­go que le fre­ne?

–Me da has­ta ver­güen­za de­cir­lo, pe­ro la au­to­cen­su­ra. Mu­chas ve­ces uno no di­ce lo que quiere sino lo que pue­de. Ahora sí que pue­do afir­mar que soy afi­cio­na­do a los to­ros, o que he re­cu­pe­ra­do mi fe. Pe­ro me ha cos­ta­do. Te­mía que me til­da­ran de «fa­cha», yo, que soy la co­sa más ale­ja­da de un con­ser­va­dor. Ha­ce fal­ta una re­fle­xión en Es­pa­ña so­bre qué es tra­di­ción y qué es con­ser­va­du­ris­mo. Es co­mo cuan­do me di­cen que la li­ber­tad pa­ra el mun­do gay ha ve­ni­do por el PSOE: per­do­na, pe­ro en la co­pla han te­ni­do un re­duc­to cues­tio­nes co­mo la tran­se­xua­li­dad que no se ha que­ri­do ver.

Fla­men­co «Cuan­do can­to, sien­to una pul­sión por den­tro. Es co­mo es­tar sin piel»

Ma­nuel León His­to­ria de un si­len­cio. Al­go pa­re­ci­do pa­sa en el ar­te Ga­le­ría Ja­vier López & Fer Fran­cés. Ma­drid. C/ Ge­ne­ral Arran­do, 40. Has­ta el 31 de ju­lio

De­ta­lle de «Hou­se of Fun», en Gar­cía Ga­le­ría

IGNACIO GIL

León, an­te uno de sus lien­zos, en la ga­le­ría ma­dri­le­ña

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