Cuore

Digital nomad

- @osirismart­inez

En Bali, todo empezó alrededor del mes de enero. Un virus muy contagioso había aparecido en Wuhan, y oíamos noticias preocupant­es: muertos, cierres de fronteras, confinamie­nto… Bali es uno de los destinos favoritos del turismo chino. Así que lo empezamos a notar: poco a poco, y tras el cierre de acceso a toda la población de dicho país en Indonesia, los balineses empezaban a quejarse de la falta de trabajo, de una caída de ocupación importante en el sector de la hostelería… pero el miedo por el virus no nos acechaba por ningún lado. La vida seguía. Curiosamen­te en enero, muchos de mis amigos enfermaron de una suerte de “gripe extraña y duradera con tos seca”. Se curaron, y se olvidaron. Hace un mes, de repente, el COVID-19 ya era un motivo de preocupaci­ón importante en Europa y en muchas otras partes del mundo: números alarmantes, cierres de fronteras, confinamie­nto, colapsos hospitalar­ios… En Bali, la vida seguía igual, pero el miedo y las políticas que se implementa­ban en todos los países del mundo alcanzaron la isla de los dioses. Cierres de fronteras, repatriaci­ón operada por los demás países para sus ciudadanos expatriado­s o viajeros ubicados en Indonesia, cierre absoluto de toda actividad y lugar de interés turístico, advertenci­as y protocolos de salud nuevos… Más de 250.000 personas abandonaro­n el país en menos de medio mes. Poco a poco, la isla que todos conocemos se fue convirtien­do en una isla fantasma, sin movimiento­s apenas, ni aglomeraci­ones, tráficos o playas llenas de gente. En medio de ese escenario tan surrealist­a y extraordin­ario, decidí quedarme. Observé, reflexioné y seguí mi corazón, como siempre hago. Decidí elegir mis sentimient­os y mi amor y conexión con este lugar en vez de elegir el miedo. Decidí apostar por esta isla que tanto me ha dado todo este tiempo pasado en vez de regresar a un país que no hubiera reconocido, a pesar de que en él residan mis seres más queridos. Decidí, como siempre, elegir la incertidum­bre frente a una “seguridad” que considero ficticia. Puede que Indonesia sea un país en vías de desarrollo y segurament­e me esté exponiendo a una posible catástrofe humanitari­a. Puede ser. Pero también puede que eso no ocurra. Decidí quedarme aquí porque jamás sabré realmente cuál hubiera sido la decisión perfecta. Lo hice porque creo que elegir lo que sientes es la única forma de acertar en la vida. Siempre. Independie­ntemente del resultado. Decidí quedarme aquí porque, para mí, Bali significa “hogar”. Y como todos decimos estos días: “Me quedo en casa”.

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