ORI­GI­NA­LES.

Fue­ra de tu zo­na de con­fort

deViajes - - Sumario -

La Dî­ner en Blanc, un ex­clu­si­vo pic­nic que se rea­li­za en lu­gar se­cre­to con dress co­de blan­co, es una de nues­tras pro­pues­tas fue­ra de ru­ta.

1 EN BLAN­CO. Ha­ce 30 años que Fra­nçois Pas­quier or­ga­ni­zó una ce­na en Pa­rís con dos re­glas bá­si­cas: el dress co­de de­bía ser blan­co y, el lu­gar, se­cre­to. Es­te pic­nic pop up cuen­ta ya con in­vi­ta­dos en to­do el mun­do, co­mo Ma­drid, que el pa­sa­do sep­tiem­bre ce­le­bró su pri­mer Le Dî­ner en Blanc en Las Ven­tas. El pró­xi­mo, en La Ha­ba­na, el 24 de no­viem­bre. En www.di­ne­ren­blanc.com.

2 MEN­SA­JE EN LAS AL­TU­RAS. Aquí des­can­san los res­tos de mu­chos Habs­bur­go y se ofi­ció el fu­ne­ral de Mo­zart. Pe­ro hay otro mo­ti­vo pa­ra que, ade­más de en­trar en la Ca­te­dral de San Es­te­ban, en Vie­na, subas los 343 es­ca­lo­nes de su to­rre: el te­ja­do. Más de 250 mil azu­le­jos for­man es­te en­tra­ma­do que di­bu­ja los es­cu­dos del país y la ciu­dad. Ade­más, la pers­pec­ti­va te de­ja­rá ver los 10 co­lo­res de es­te zig­zag, que se mue­ve con pre­ci­sión ma­te­má­ti­ca, y las es­ce­nas co­ti­dia­nas que ro­dean el tem­plo –co­ches de ca­ba­llos, tu­ris­tas…– con una in­só­li­ta pers­pec­ti­va. En www.wien.in­fo.

3 MI IS­LA Y YO. A ve­ces, los sue­ños se ha­cen reali­dad. Al me­nos en Co­pen­ha­gue, en cu­yo puer­to ha apa­re­ci­do una is­la flo­tan­te. Es la mis­ma que di­bu­ja­ría un ni­ño, so­lo que Foks­trot, el es­tu­dio res­pon­sa­ble de su di­se­ño, ha cam­bia­do la tie­rra por un pen­tá­gono de ma­de­ra he­cho a mano y la tí­pi­ca pal­me­ra, por un ti­lo. La es­truc­tu­ra, de 20 m2, tie­ne has­ta nom­bre –CPH-Ø1, en re­fe­ren­cia a la pa­la­bra da­ne­sa que de­sig­na is­la– y en bre­ve ten­drá otras ré­pli­cas que for­ma­rán un ar­chi­pié­la­go mó­vil con bar­ba­coa, jar­dín, pis­ci­na, gran­ja de me­ji­llo­nes, sau­na… En www.co­pen­ha­ge­nis­lands.com.

4 UN JAR­DÍN EN­TRE NU­BES. Tres plan­tas, vis­tas de 360º de to­do Lon­dres… Es­to es so­lo al­go de lo que en­con­tra­rás en el Sky Gar­den, el jar­dín pú­bli­co más al­to de la ca­pi­tal bri­tá­ni­ca. El es­pa­cio es­tá en el pi­so 35 del edi­fi­cio co­no­ci­do co­mo Wal­kie-Tal­kie, en el nº 20 de Fen­church Street, y, des­de su inau­gu­ra­ción, se ha con­ver­ti­do en una de las vi­si­tas cla­ve pa­ra ins­ta­gra­mers y bus­ca­do­res de nue­vos es­ce­na­rios. Es­te no de­cep­cio­na y la en­tra­da –gra­tui­ta, con re­ser­va– te tras­la­da a un bos­que me­di­te­rrá­neo con aro­ma al sur de Áfri­ca en el que, du­ran­te una ho­ra, pue­des pa­sear en­tre li­rios, aves del pa­raí­so, ro­me­ro y la­van­da. En https://sky­gar­den.lon­don.

5 LA CIU­DAD DE LOS PÁ­JA­ROS.

Del cón­dor an­dino –una de las aves más gran­des del mun­do– al co­li­brí, una de las más pe­que­ñas, se ex­tien­de un for­mi­da­ble ca­tá­lo­go de aves en el que Qui­to tie­ne mu­cho que de­cir. Igual que el res­to del país –Ecua­dor al­ber­ga 1.640 es­pe­cies de las 9.702 de to­do el pla­ne­ta, es de­cir, un 17%–, la ca­pi­tal an­di­na con­cen­tra al­guno de los top de bird­wat­ching. Nos gus­ta Min­doNam­bi­llo, un san­tua­rio de aves con más de 500 es­pe­cies en me­dio de su bos­que nu­bla­do, una pa­le­ta mul­ti­co­lor don­de no fal­ta la ca­be­za ro­ja del ga­llo de la pe­ña, las plu­mas ver­des y na­ran­jas del quet­zal y los to­nos tor­na­so­la­dos del co­li­brí. En www.qui­to.com.ec.

Por Bar­ba­ra Sch­midt

Hu­ye de lo con­ven­cio­nal y acom­pá­ña­nos en es­ta aven­tu­ra por en­cla­ves nue­vos y pun­tos de vis­ta sor­pren­den­tes. El gran via­je de tu vi­da te es­pe­ra al otro la­do del pla­ne­ta… o a la vuel­ta de la es­qui­na.

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