Diario de Almeria

FRESA Y MANDARINA

- ANTONIO ZAPATA azapata200­1@gmail.com

EL otoño nos acaba de traer las primeras mandarinas de las huertas del Andarax. Ya sé que hay naranjas en las fruterías durante todo el año. Y espárragos y uvas y alcachofas y casi cualquier tipo de fruta o verdura. Los transporte­s hacen su trabajo, es lo que tiene la globalizac­ión. Pero hay que insistir en que se consuman los productos de temporada y si son de cercanía, mejor. No sólo por razones ecológicas y económicas –consumo de combustibl­es, emisiones de CO2, apoyo a los productore­s de la zona- sino porque están más buenos. Las frutas maduradas en el árbol, recolectad­as en su punto de sazón y consumidas en pocos días son muy superiores a las cortadas en verde para que aguanten largos viajes y estancias prolongada­s en cámaras frigorífic­as. Prueben y comparen. Las mandarinas que están llegando al Mercado Central desde hace unos pocos días son fragantes incluso antes de pelarlas y muy dulces. Aunque algunas tienen la piel entreverad­a de verde están en sazón. He probado unas excelentes de Instinción y me dicen que también las hay muy buenas de Adra. Son pequeñas (5-6 cm) y con piel fina que se pela relativame­nte

Hay que insistir en que se consuman los productos de temporada y si son de cercanía, mejor

bien. Muy distintas de la mayoría de las que se suelen ofrecer durante muchos meses, procedente­s de los más lejanos países.

Algo parecido ocurre con las fresas de cultivo ecológico de Abla, que un año más llegan en estos días con un aroma y un dulzor que no tienen nada que ver con los del habitual fresón. Son de pequeño tamaño, entre dos y tres cm, muy aromáticas, de color rojo intenso, y sin esa corona blanca que suelen tener los fresones junto al peciolo. Salvo para los muy golosos, no necesitan azúcar. La “clásica” nata es opcional, pero les recomiendo otra opción, también clásica, que es macerarla unos minutos en zumo de naranja. En este caso, obviamente, con el de las mandarinas almeriense­s. Sin nata ni azúcar, si acaso unas gotas de zumo de limón que potencia aún más el dulzor. O con pimienta verde, como las hacía Pedro Berrogui: derretía 100 g de azúcar en una sartén con una nuez de mantequill­a y unas gotas de vinagre de Jerez, añadía zumo de naranja (de mandarina en este caso) y pimienta verde; en ese almíbar cocinaba las fresas dos o tres minutos y las servía calientes con un helado de nata, de vainilla o, mi preferido, de chocolate negro.

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