LAS DES­CAL­ZAS

Diario de Cadiz - - OPINIÓN - JO­SÉ JOA­QUÍN LEÓN

HOY es la fies­ta de la In­ma­cu­la­da Con­cep­ción, en cu­ya de­vo­ción han pro­fe­sa­do mi­les de mu­je­res, a lo lar­go del tiem­po, en la or­den de las fran­cis­ca­nas con­cep­cio­nis­tas des­cal­zas. En Cá­diz es­tán ce­le­bran­do sus 350 años en el con­ven­to que se co­no­ce co­mo el de la ca­lle Fe­duchy, pe­ro cu­yo tem­plo del mo­nas­te­rio de San­ta Ma­ría de la Pie­dad tie­ne ac­ce­so por la ca­lle Montañés. Es­tán, pues, en pleno cen­tro de la ciudad des­de ha­ce tres si­glos y me­dio. Sin em­bar­go, la pri­me­ra fun­da­ción de la or­den en Cá­diz no fue es­te con­ven­to, sino el eri­gi­do en 1527 ba­jo la ad­vo­ca­ción de Nues­tra Se­ño­ra de la Con­cep­ción, jun­to a la er­mi­ta de San­ta Ma­ría del Arra­bal. Un con­ven­to que es­tá tris­te­men­te ce­rra­do por la de­sidia de es­ta ciudad, a fal­ta de me­nos de nue­ve años para cum­plir me­dio mi­le­nio.

Las mon­jas de San­ta Ma­ría y las del cen­tro eran (y son) de la mis­ma or­den. Las del cen­tro man­tie­nen su con­ven­to abier­to por Fe­duchy (don­de se en­cuen­tra el torno en el que ven­den dul­ces) y por Montañés (don­de se en­cuen­tra el tem­plo, que es de gran va­lor ar­tís­ti­co). En la de­vo­ción a su fun­da­do­ra, San­ta Bea­triz de Sil­va, se man­tie­ne es­ta or­den, que ha su­pe­ra­do in­nu­me­ra­bles di­fi­cul­ta­des, per­se­cu­cio­nes, gue­rras, y que tam­bién vi­vió tiem­pos me­jo­res.

Las Des­cal­zas siempre me evo­can re­cuer­dos es­pe­cia­les, ya que allí pro­fe­só y es­tu­vo mu­chos años mi tía Ana, her­ma­na de mi ma­dre. Re­ci­bió el nom­bre re­li­gio­so de sor Ma­ría de los Án­ge­les. En­tró de jo­ven y mu­rió de vie­ja, que es co­mo so­lía ocu­rrir en los con­ven­tos; y siempre man­tu­vo la idea de que la fe­li­ci­dad es­ta­ba den­tro. Aun­que tam­bién dis­fru­ta­ba cuan­do iban a ver­la su ma­dre, sus her­ma­nos y sus so­bri­nos a tra­vés de la re­ja que siempre nos se­pa­ra­ba. Aque­llas vi­si­tas te­nían su ri­to y su dis­ci­pli­na, que le apor­ta­ban un ai­re mis­te­rio­so, de otro mun­do.

Ni por re­co­men­da­ción fa­mi­liar, un gru­po de jó­ve­nes (en­tre los que es­ta­ba) pu­do re­fun­dar la an­ti­gua co­fra­día del Pren­di­mien­to, con la bella ima­gen de ese Se­ñor, al que aún acu­den mu­chas per­so­nas a re­zar, y que fue ti­tu­lar de una her­man­dad ex­tin­gui­da. Po­co des­pués se crea­ba el nue­vo Pren­di­mien­to en la ca­pi­lla del Bea­to Die­go.

La su­per­vi­ven­cia de los con­ven­tos de­pen­de del re­le­vo generacional. Las Des­cal­zas for­man par­te de la his­to­ria de Cá­diz. En lo pro­fano, de­bo de­cir que en su torno se ofre­ce el me­jor to­cino de cie­lo, con un sa­bor real­men­te ce­les­tial. Qui­zá por­que se cocina en un fue­go sa­gra­do. En el cen­tro de una ciudad ve­ni­da a me­nos, se man­tie­ne co­mo un oa­sis la fe de las mon­jas, que con sus há­bi­tos con­cep­cio­nis­tas no bus­can a Dios en­tre los pu­che­ros, sino que lo ha­lla­ron en Cá­diz, en­tre las ca­lles de Montañés y Fe­duchy.

En el cen­tro de una ciudad ve­ni­da a me­nos, se man­tie­ne co­mo un oa­sis la fe de unas mon­jas con­cep­cio­nis­tas

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.