Diario de Cadiz

LOS HILOS INVISIBLES

- ANA SOFÍA PÉREZBUSTA­MANTE

UN día aparece en mi correo electrónic­o un educado mensaje de una señora danesa que suele pasar un mes al año en Cádiz. Es pintora. Resulta que tiene unas viejas cartas que compró por un euro en el baratillo de la plaza de abastos. El destinatar­io lleva mi apellido y ella considera que moralmente me pertenecen. Lo comento con mi padre, qué curiosa historia. A la muerte de mi madre hicimos limpieza y de la nutrida correspond­encia de sus padres, daneses, nos quedamos con alguna muestra de recuerdo. El resto fue al contenedor del papel, porque ni yo sé danés ni mi padre es capaz de descifrar la caligrafía de mi abuelo. Dedujimos que algún chamariler­o las recuperarí­a. Este fin de semana quedamos mi padre y yo con Birthe Larsen y su marido para charlar largo y tendido tirando del hilo de estas cartas que ella conservaba como un souvenir histórico: cartas de los años 60 enviadas a Madrid desde Copenhague. Birthe le preguntó al vendedor de dónde procedían. El hombre le contó una novela de unos fondos militares de correspond­encia incautada. La verdad es que mi abuelo se explayaba en minucias domésticas. Gracias a estas insólitas casualidad­es he conocido a una mujer amable e interesant­e que en su país trabajó en atención a gente sin techo. Le pregunto qué cosas hacían. Me cuenta que iban de excursión, a visitar museos… Solían ser drogadicto­s. Ella era consciente de que los sermones morales son inútiles. Solo les pedía que el día de la salida, si querían apuntarse, fuesen y se mantuviese­n limpios. Disfrutaba con ellos, se reían. Si alguno conseguía rehabilita­rse y encontrar trabajo, contaba que lo más duro era la pausa, cuando todo el mundo charla de sus cosas y ellos no tienen cosas que se puedan compartir. Vuelan las horas y nos despedimos contentos de habernos conocido. Ayer perdió Dinamarca en el mundial de fútbol. Hoy Birthe y su marido, enamorados de Cádiz, verán el España-Alemania en un bar de la plaza de San Francisco. Son dulces estas carambolas del destino. Estos hilos invisibles que nos cosen a mi padre y a mí a la cálida y amable memoria de Dinamarca. (Esta es mi columna 314. Con una coma por medio es el número pi, irracional y constante. Parece magia).

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